Culto

La cocina de Larry: el día en que nació U2

Este 25 de septiembre, el cuarteto irlandés cumple exactas cinco décadas desde que sus miembros originales se juntaron a ensayar por primera vez, luego de leer un aviso en el diario. Aquí, la trastienda de ese primer cara a cara en una cocina, imaginando quizás a quienes se convertirían en una de las más grandes agrupaciones de la historia.

La cocina de Larry: el día en que nació U2

La priemra semana de septiembre de 1976, al volver de vacaciones, y después de una gira nacional con la Post-Office-Workers Union Band, Larry Mullen Jr., con solo 14 años, decidió armar su propia banda de música, pero con raíces rockeras y mirando como ejemplo a bandas de punk.

Su padre, Larry Mullen Sr, fue quien le sugirió esta idea, tras ver que practicaba solo en casa, por lo que le comentó textualmente: “Deberías meterte en una banda”. Su consejo fue el siguiente: que pusiera un aviso en el tablón de la escuela.

El aviso decía “Baterista busca músicos para formar una banda. Contacten a Larry Mullen del 3er año”. No hubo respuestas inmediatas a la nota.

Cuando Albert Bradshaw, un profesor de música de la escuela Mount Temple Comprehensive, supo que el joven Mullen estaba organizando una agrupación, pensó de inmediato en Dave Evans.

Dave era el tipo de muchacho que hacía que la labor de un profesor valiera la pena. Era tranquilo, tenía buen oído para la música, y era inteligente sin ser un pedante o un pelmazo. Él no había visto el aviso de Larry, así que cuando Albert le habló de la nota, su rostro se iluminó, y fue inmediatamente en busca de Mullen Jr.

En un recreo se acercó al muchacho rubio y le hizo una educada pregunta acerca de qué trataba todo eso. Larry le contestó que era baterista y que quería armar una banda de rock. Se pusieron de acuerdo para juntarse el último sábado de septiembre en casa de Larry, para ver qué podrían hacer y conocerse mejor.

Al principio no hubo mucho interés por la propuesta, así que Larry decidió empujar un poco las cosas acercándose a otro estudiante llamado Adam Clayton. Adam había llegado en septiembre de 1975 a Mount Temple y había causado un fuerte impacto tanto en estudiantes como en profesores. Lo primero que observaba la gente eran sus ropas. Era un hippie. Llevaba un caftán, una elegante chaqueta de piel de pelo que había conseguido en Afganistán, y gafas de sol.

Pero esta era la época del punk, y el atuendo de Adam era el tipo de cosas que habían estado de moda hacía cinco o seis años. Parecía exótico, como salido de una postal. Trabajaba y estudiaba muy poco en la escuela. Parecía estar en Mount Temple solo por diversión. Durante las clases bebía café de un frasco: simplemente lo sacaba, se servía y lo tomaba abiertamente. Ese día Larry se acercó con decisión a ese muchacho alto y dos años mayor, y le preguntó si le interesaba ser parte en una banda. Adam le contó que tenía un bajo, pero que no sabía con quien tocar en el colegio. Quedaron en juntarse ese último sábado del mes para conversar.

Habían pasado días de que Larry pegara su anuncio y un tal Paul Hewson no había visto la nota, pero su amigo Reggie Manuel le contó que se estaba formando un grupo. “Sí”, le dijo a Larry cuando el agraciado muchacho le planteó el tema. Dijo que sabía tocar la guitarra y también cantar. Larry se mostró encantado con ello.

La banda necesitaba un portavoz, alguien con un poco de cara y carisma para presentar los números y charlar un poco con el público. Este muchacho parecía perfecto para el papel y daba la impresión de ser el tipo de chico que una banda de rock tenía que tener siempre. Norman, el hermano mayor de Paul, le había enseñado a tocar los acordes de Do en una guitarra vieja que tenían en la casa.

Paul solo tocaba ocasionalmente el instrumento, solo para distraerse. Hacía lo mismo durante las lecciones de música en la escuela. Decir que tocaba la guitarra era casi un chiste. Mientras se dirigía a casa de Larry en la avenida Rosemount, Paul llevaba consigo una multitud de talentos, pero la habilidad musical, (al menos en lo que podía aplicarse a la guitarra que llevaba bajo el brazo) no era una de ellas. No sabía tocar ni sabía cantar. Lo que llevó consigo a aquella primera reunión fue presencia y ganas de comerse el mundo.

Bono, vocalista de U2.

En el blando mundo suburbano de su alrededor, Paul se sentía torpe, perdido y, muy a menudo, solo. Aún no había encontrado una identidad lo suficientemente amplia, lo suficientemente profunda, lo suficientemente universal para albergar el espíritu que había dentro suyo. Los punks habían hecho al rock n’ roll algo accesible para chicos como Paul, chicos que no podían encontrar un lugar para sí mismo en el mundo real. “Cualquiera puede hacerlo”, recordó Paul mientras se encaminaba a casa de Larry. Era la mejor noticia que había oído en años.

En esa tarde del sábado 25 de septiembre de 1976, en Rosemount Avenue, Dublín, Irlanda, se produjo el hecho histórico. Fue la primera vez que se juntaban los muchachos colegiales que terminarían conquistando el mundo musical.

Larry se contactó con Dave en el momento preciso. Estaba interesado en el encuentro y traería consigo a su hermano Dik. Tenían una guitarra eléctrica de que habían fabricado en casa, de hermoso aspecto, amarilla y limpiamente diseñada con la forma de un cisne en vuelo. El único problema era el sonido. Había algo ahí dentro que no funcionaba como debería. Dave y Dik se reunieron con Adam Clayton en la parada de autobús de Artane. Adam llevaba sus gafas de sol, su amplificador en un brazo y su bajo envuelto en una bolsa de basura en el otro brazo. A pesar de todo, Adam parecía saber lo que quería. Mientras los tres se dirigían a casa de Larry, Adam hablaba con fundamento de causa sobre la idea del rock n’ roll, dejando caer palabras como “contratos” y “sesiones” para establecer sus conocimientos. Cuando llegaron al número 60 de la avenida Rosemount, Dave y Dik se sentían adecuadamente impresionados.

La escena en el interior de la casa fue un tanto confusa. La nota de Larry pedía un guitarrista, y ahora se encontraba con cinco. Paul Hewson se había presentado con otro alumno de Mount Temple, Ivan McCormick, que, como todos los demás presentes excepto Larry, esperaba ser el guitarrista solista del nuevo grupo. Nadie deseaba ser el vocalista. Aunque todos asistían a la misma escuela y eran vagamente conscientes los unos de los otros, los seis protagonistas no eran amigos. Apenas se conocían entre sí. Hubo mucho tira y afloja mientras se acomodaban en la casa de Larry para discutir su proyecto. Ninguno de ellos estaba metido especialmente en la música rock, nadie poseía una envidiable colección de discos o tenía una predilección especial por algún grupo o estrella en particular. Sus gustos eran eclécticos y diversos. A todos les gustaba Bowie y los Stones, a Larry le encantaba David Essex y los Sweet, Paul estaba en el rock n’ roll de los 60 (acababa de descubrir a Elvis) y por supuesto el movimiento punk.

A Dave le gustaba Rory Gallagher y Taste, los Beatles y Yes. Adam compartía ampliamente estos gustos, pero con una pizca de la música de San Francisco. En consecuencia, la cuestión de lo que iban a tocar en la banda, aún sin nombre, quedó abierta. Primero había que decidir la logística de acomodar una banda de seis miembros en la modesta casa semi independiente de los Mullen.

Fue elegida la cocina como único escenario adecuado. Los seis muchachos, sus guitarras y la batería apenas cabían entre la nevera y la caja del pan. Enlazaron un par de clásicos de los Rolling Stones, Brown Sugar y Satisfaction, que sonaron horriblemente y atrajeron en seguida a un público de quinceañeras curiosas del vecindario. Larry les dijo que se fueran, pero el sonido era demasiado atractivo para ellas, así que se vio obligado a regar a sus admiradoras con la manguera antes de poder terminar el show.

El primer encuentro reveló una serie de importantes verdades. Larry y Dave sabían tocar. Paul y Adam encajaban menos. Dik sabía tocar, pero su hermosa guitarra electrónica no acababa de sonar bien. Ivan decidió dejarlo correr, abandonar la sesión y seguir en otra cosa.

Dave seguía siendo el hombre tranquilo, pero un espectacular solo de dos minutos en Blister on the moon, un clásico de Taste, le valió el respeto y la aclamación incondicional al papel de guitarrista solista. Larry resultó tan eficiente como era de esperar. Aunque no tan musicalmente dotados como sus cómplices, Paul y Adam tenían otras virtudes, no menos importantes, para entrar a formar parte del grupo que se proponían a formar.

Paul tenía convicción. Creía que esto podía resultar, y tenía ideas acerca de cómo debían proceder. Pedirían a la escuela permiso para utilizar una clase para sus ensayos. Había montones de lugares en el Lado Norte de Dublín donde podían conseguir contratos una vez hubieran perfilado una actuación básica. También tenía una visión más amplia acerca de lo que podían conseguir en el rock n’ roll y acerca de cómo podrían proporcionar una voz al mundo, al menos el mundo en torno a su colegio, el Mount Temple. Paul era infinitamente más convincente hablando que tocando la guitarra.

Con sus gruesos dedos de obrero joven (pensó ociosamente Dik mientras le escuchaba), era simplemente un milagro que Paul pudiera tocar la guitarra. Adam asentía mientras Paul perfilaba el plan de acción. Con un cigarrillo colgando de sus labios y con su voz modulada de escuela privada consiguiendo la atención sin esfuerzo, la cual Paul tenía que esforzarse para obtener, Adam proyectaba mundanalidad y confianza. Conseguirían contratos y él se encargaría de ello. Conocía a unas cuantas personas en la ciudad, confió. Así, Paul y Adam pagaban en ambición y confianza el optimismo que habían extraído de la música de Larry y Dave.

Se llegó a un acuerdo razonable. Se llamarían Feedback, una irónica referencia al sonido que surgía del amplificador de Adam. Dik podría unirse al grupo a condición de que consiguiera una guitarra que funcionase. Para Larry, Feedback era una lógica progresión en su carrera musical.

Para Dave, la guitarra era una manera de expresarse y la banda una forma de salir de detrás de su tímida personalidad, de probar que no era del montón. Para Paul y Adam, Feedback era más, mucho más de lo que debiera haber sido. Tras los recursos que sin ninguna duda ambos poseían, había una historia distinta, más triste. Ambos eran refugiados del hogar y de la escuela, de la misma cultura a la que nominalmente pertenecían. Los dos eran inteligentes, imaginativos y solitarios. Paul y Adam no iban a ninguna parte, no tenían nada que perder. Ambos necesitaban una causa en la que poder creer, una institución sobre cuyos valores y ambiciones pudieran ejercer alguna influencia. Feedback era esa causa, esa institución… ese presente y futuro.

Edición y compaginación histórica: Rodrigo “Dafy” Masferrer, integrante del staff de u2chile.net y también, parte del equipo de “Vértigo Radio”, de Radio Manises, de Valencia, España. Uno programa radial que comenta y analiza a la banda irlandesa.

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