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De la Segunda Guerra Mundial a las librerías: la historia de Margot Duhalde, pionera de la aviación chilena

Inspirado por las revistas de aviación de su infancia, el autor Hugo Riquelme aborda la vida de la primera mujer piloto de guerra chilena para rescatar su figura del olvido y humanizar a un ícono de la aviación.

Cuando era niño, el hobby de Hugo Riquelme era leer revistas sobre aeronáutica. Como hijo de un exfuncionario de la FACH era un tema que le resultaba familiar. De repente, en esos caminos inescrutables de las lecturas, se topó con la historia de la pionera de la aviación chilena. Margot Duhalde Sotomayor. La primera mujer piloto de guerra chilena.

“Cuando estaba chico, coleccionaba la revista de la Fuerza Aérea y otras publicaciones sobre aeronáutica (civil y militar) y recuerdo haber leído en una de estas publicaciones la historia de Margot -cuenta Riquelme a Culto-. Capturó mi atención de inmediato, debo haber tenido unos 7 u 8 años cuando le pregunté a mi papá (ex funcionario de la FACH) si las mujeres podían volar y me dijo que no. En aquellos años había mujeres en la institución, pero casi todas en la rama de salud, así es que la imagen de esa mujer piloteando aviones de la segunda guerra mundial quedó grabada para siempre en mi cabeza. Es este motivo el mismo por el cuál decidí escribir una novela en vez de una biografía”.

Hoy, a sus 41 años, ya siendo escritor, llevó a la práctica esa idea y le dio forma a El cielo me llama (Suma). Una novela muy ágil sobre la vida de Margot Duhalde. Riquelme ha publicado otras novelas como Terror en cerro moreno (Suma) y ha ganado premios como el International Latino Book Award (ILBA) en 2020 en la categoría “Best Novel Adventure or Drama” por su libro Un hombre sin nombre; o Mención Honrosa International Latino Book Award (ILBA) en 2021 en la categoría “Best Novel Fantasy / Sci-fi - Spanish” por su libro La ventana de Olduvai.

Pero volvamos a Duhalde. Nacida en Río Bueno, en 1920, la novela traslada al lector a los años más convulsos de la Segunda Guerra Mundial, pues Duhalde se sumó como voluntaria -junto con otros latinoamericanos- para combatir por el bando aliado, primero bajo la bandera de las fuerzas de la Francia Libre, y luego por la Royal Air Force británica (RAF). En concreto, sirvió en la Air Transport Auxiliary (ATA), una unidad estratégica que cumplía la función principal de transportar y trasladar todo tipo de aviones desde las fábricas y talleres de reparación hacia las bases operativas de la RAF o entre distintas bases británicas) durante la Segunda Guerra Mundial. Todo esto sin saber inglés.

A la vez, intercala emotivos flashbacks de la infancia y adolescencia de Margot en Río Bueno y Osorno, revelando el origen de su espíritu indomable, su pasión irrenunciable por los aviones y su continua lucha contra las restricciones de género y las barreras físicas de su época.

“Crecí pensando en las dificultades, en las veces que le tienen que haber dicho que no, y en aquella pulsión visceral que pudo haber empujado a esta persona a desafiar los prejuicios. Cuando yo tenía 17 años, mi profesora de Castellano (Hoy Lenguaje y comunicación) me dijo que yo nunca iba a ser un escritor, en cierta forma me vi reflejado a esa negativa y quise explorar en la novela al ser humano detrás de la leyenda”.

Margot Duhalde.

Si bien, para Riquelme la vida de Margot Duhalde no era un misterio, sí sentía que faltaba explorar en la fibra más íntima de la aviadora. “Había leído varios artículos en revistas y en el año 2006 la Fundación Arturo Merino Benítez publicó la autobiografía de Margot que me permitió echar un vistazo a lo que la misma protagonista quiso contarme. Lo valoré un montón, porque le agregó otra capa al personaje que ya admiraba. Para el año 2023, la Casa de La Moneda lanzó un billete conmemorativo con Margot como protagonista y ahí me di cuenta de que mucha gente no conocía de esta chilena notable. En nuestro país tenemos una tendencia a elevar a nuestros próceres a la categoría de mitos, personajes legendarios revestidos de toneladas de virtudes, pero alejados de su dimensión humana y ahí es donde entra la inquietud literaria. Mi sensación fue que nos faltaba explorar la faceta humana, la cotidiana de una persona que hizo cosas notables. Ficcionar la vida de Margot me permitió explorar al ser humanos detrás de la leyenda y empatizar con sus miedos, sus frustraciones y sus motivaciones que, muy a mi entender, pueden propiciar el impulso que alguna persona necesite para perseguir sus sueños”.

Sobre el proceso de documentación de la época, Riquelme señala que fue intenso. “Siento que, de alguna manera, me he estado preparando para un libro así toda mi vida. Desde pequeño que he sido aficionado a los aviones, barcos, tanques y otros vehículos de guerra, muy influenciado por mi entorno, ya que crecí en la población al interior de la Base Aérea de Cerro Moreno. Aparte de coleccionar facsímiles, revistas, artículos, etc. También me dediqué durante la adolescencia a armar modelos a escala de estos vehículos, así es que de forma inconsciente me entrené aprendiendo conceptos, términos, piezas y nombres de máquinas de guerra. Fuera de eso, el proceso de documentación también se vio reforzado con la investigación para mis novelas anteriores, ya que tanto en Terror en Cerro Moreno como en El triángulo de Cerro Moreno hay mucho contenido de este mismo tipo”.

“Luego viene el registro histórico, buscar documentación de la época, diarios, revistas, cualquier cosa que permita entender como era la vida en los años en que transcurre la novela, tanto en Chile como en Europa. Miré muchos documentales, semanas enteras, pero mirando el fondo, a la gente que hacía su vida, que paseaba, que sonreía o se asustaba. Nunca he estado en un escenario de guerra (y espero seguir así) por lo que necesité mucho registro visual para entender cómo sería la ‘normalidad’ de un día a día durante una guerra. Uno tiende a pensar que la acción ocurre constantemente, pero resulta que en las ciudades pueden pasar semanas sin verla, y la gente debe seguir viviendo, trabajando, enamorándose, divirtiéndose. A eso le puse mayor atención”.

¿Qué fue lo más difícil de investigar?

Los detalles cotidianos, qué se comía, de qué material eran los muebles, que canción sonaba en las radios, que se veía en los cines y de qué telas se hacían las ropas, recordando siempre que estaba ocurriendo una guerra (para esto último Melina Rapimán fue fundamental). Otra cosa es que cuando uno arma una historia (para una novela) debe ser cuidadoso de que los hechos históricos cuadren con los tiempos que uno está narrando. Qué día se dijo una cosa, qué día lo recogió el diario, en qué momento un personaje real puede interactuar con uno ficticio, cómo hablan, qué dirían, tanto en contexto formal como en la intimidad, todo eso es muy difícil de investigar y ahí es donde entra el rol del autor, el que imprime ficción a la realidad para construir los arcos dramáticos y las intenciones de sus personajes, porque las personas reales pasan a ser personajes que tienen que ser coherentes con sus personalidades reales.

Margot Duhalde

Margot Duhalde fue voluntaria para combatir en la Segunda Guerra Mundial, ¿cuánto de eso efectivamente se sabe?

La información está, los registros de su reclutamiento, sus papeles, incluso la nota de prensa que le hicieron en Inglaterra cuando se enteraron de lo joven que era al integrarse al ATA, pero una cosa es que la información exista y otra que la gente la conozca. Lo mismo pasa con la autobiografía de Margot, que cuenta con mucho detalle y de primera fuente este enrolamiento, incluyendo lo que tuvo que decir a su familia para poder irse a Europa, pero de nuevo, una cosa es que la información esté y otra es que la gente acceda a ella. Este es otro motivo por el que decidí hacer una novela, es un género masivo que permite acceder a los no aficionados a la aviación a esta información. Desconozco si en el colegio, en el currículum del ramo de Historia (las pocas horas que se dedican a ello) se mencionará a esta persona, pero sería lindo que, al menos, la novela pueda estar disponible para los estudiantes.

Aunque transcurre en plena Segunda Guerra Mundial, la novela también habla del miedo, la vocación y el sacrificio. ¿Qué reflexión esperaba despertar en el lector contemporáneo?

Mi intención va en dar a entender lo que es el miedo. Siento que es común pensar que ser valiente significa no tener miedo, cuando en realidad, es actuar a pesar del miedo. La cultura pop nos ha vendido un centenar de personajes valientes, pero rara vez se explora la humanidad detrás de esos personajes. Tener miedo, tener dudas, equivocarse (sobre todo equivocarse) es una constante común en las personas que han hecho grandes proezas humanas y, precisamente, mi intención es mostrarle a cualquier persona que esté buscando dar un paso, ya sea hacia una mejor relación de pareja, a un trabajo nuevo, a un emprendimiento, cualquier hito de la vida, que a pesar de que el miedo paraliza, las cosas se pueden hacer. La vida de Margot fue lo suficientemente inspiradora como para ayudar con ese paso.

En las primeras páginas conocemos a una Margot valiente, pero también insegura, divertida y profundamente humana. ¿Cómo encontró el equilibrio entre la figura histórica y el personaje literario?

Escuché y leí muchas entrevistas de Margot, incluido un documental europeo sobre las piloto del ATA, y no tardé en entender que era una persona con un sentido del humor sobresaliente. Ella nunca tuvo miedo de relatar sus “derrotas” por lo que me hizo muy fácil el entendimiento. Luego vino la etapa de proyección, que es clave en la escritura, donde un autor intenta ponerse en las situaciones que vivirán (en este caso literalmente vivió) para entender qué haríamos distinto, cuáles límites no cruzaríamos y ahí empieza el equilibrio. Margot fue profundamente humana, dotarla de humanidad fue sencillo, y mi hija pasó por la adolescencia (yo también lo fui), por lo que reflejar aquellos detalles de la personalidad, de la forma de tomar decisiones, de mirar el mundo, sobre todo en las etapas tempranas de su vida, resultó un ejercicio entretenido. Para un escritor hombre siempre va a ser difícil escribir un personaje femenino, sobre todo si es una mujer fuerte, porque tendemos a dotarla de características que los hombres consideramos fuertes, ahí la decisión pasa por explorar el entorno, observar mucho a las personas y sus procesos y, sobre todo, respetar la personalidad que conocí a través de los documentos que ella misma dejó.

¿Qué aspecto de su personalidad fue el que más le sorprendió durante la investigación?

Hay varios, pero por rescatar alguno puedo mencionar su tozudez, lo que aprendí de Margot durante la investigación, fue que era una mujer que se supo mantener firme en su idea de volar, a pesar de muchos errores que cometió en el camino. Ella se equivocaba mucho, sobre todo en sus primeros años en la Segunda Guerra Mundial, y le costaba reconocer errores, pero no por ello era una persona soberbia. Debo decir que me reí mucho escribiéndola, porque por Dios que era porfiada, y eso la volvía un personaje muy entrañable cuando me tocaba escribirla. Tanto que la terminé queriendo mucho y al momento de terminar de escribir el libro la eché de menos.

La novela muestra los prejuicios que enfrentó Margot por ser mujer en un mundo dominado por hombres. ¿Cuánto de esa discriminación proviene de documentos históricos y cuánto fue reconstrucción literaria?

Este punto cuesta mucho equilibrarlo, porque uno tiende a juzgar el pasado con los ojos del presente y, a pesar de que hoy podemos ver la opresión del machismo y del patriarcado en la sociedad chilena, en los años en que ocurre la novela estaba normalizado. No digo que fuese invisible, había movimientos en la época que ya estaban denunciando estos temas, pero era mucho más invisible que hoy y los cuestionamientos eran mucho menos frecuentes. En la novela intenté transmitir las sensaciones y cuestionamientos que la misma Margot manifestó tanto en su autobiografía como en sus entrevistas. Siento que hay más reconstrucción literaria en las trabas que ella misma se pone durante la novela que en las que le imponía la sociedad. Podría apostar a que me quedé corto con las instancias de discriminación que Margot vivió, porque muchas de ellas ni siquiera se veían como discriminación en aquellos años.

Margot Duhalde

Margot Duhalde es una figura histórica conocida por sus hazañas, pero usted decide dedicar mucho espacio a sus dudas, sus afectos y sus inseguridades. ¿Le interesaba mostrar que el heroísmo también está hecho de fragilidad?

Por supuesto, en mi trayectoria como novelista siempre he tenido interés en mostrar como el factor humano influye en grandes historias y, como comenté en respuestas anteriores, siempre he visto como tendemos a elevar a personas notables a figuras casi mitológicas. La historia de Margot no es la de una persona que una mañana se levantó y dijo iré a ser una heroína, sino, es la de un ser humano que hizo cosas notables, a pesar de sus limitaciones, a pesar de las limitaciones que le imponía el entorno social y a pesar de sus miedos. Para mí siempre fue importante en la novela mostrar a la persona detrás de la leyenda.

¿Cree que la literatura puede aportar algo que los libros de historia no consiguen transmitir sobre la Segunda Guerra Mundial?

Soy un convencido de ello. La novela histórica ofrece puntos de vista que los libros de historiografía, al ser más formales, no logran transmitir. Tampoco es su rol hacerlo, para ello estamos los autores de ficción, pero aterrizar algo que parece tan lejano como la Segunda Guerra Mundial, que es un evento que cambió al mundo, y que sus consecuencias hasta el día de hoy nos respiran en la nuca (con la amenaza de una tercera guerra a diario) es una tarea que siento es importante. Es fácil pensar que un escenario como el vivido a mitad del siglo XX es lejano y ajeno, pero sin embargo los hechos nos muestran que hoy, en un mundo hiperconectado, los eventos nos golpean de todas las formas posibles. La ficción histórica es fundamental para acercar esos escenarios.

¿Por qué cree que una figura como Margot Duhalde sigue siendo relativamente desconocida en Chile?

Tiendo a pensar que es porque aún es una figura muy reciente. También entiendo que desde que se recuperó la democracia, hemos tenido como sociedad un natural desapego con los personajes relacionados a las fuerzas armadas. Margot nos dejó en 2018, hace apenas 8 años y la perspectiva del tiempo todavía no ha terminado de configurar su importancia histórica. Ella no fue solo una piloto en la Segunda Guerra Mundial, también fue pionera en otros aspectos y esos aún no han terminado de cuajar. Los mitos y leyendas necesitan de la oralidad, y mi intención es contribuir con un granito de arena en la construcción de esa oralidad que le de el sitio en la historia que merece. Acercar a Margot al lector casual para sacarla del nicho bélico es un paso en la construcción de su historia y espero que, con la aparición de esta novela, crezca el número de personas que se interese en conocerla, en entender su rol histórico, en explorar su figura, su vida, sus hitos y podamos hablar más de ella.

Si pudiera conversar una hora con Margot Duhalde, ¿qué sería lo primero que le preguntaría?

Esta pregunta me cuesta contestarla, porque la respuesta dependería de con la Margot de qué edad estaría conversando, ¿con la niña que se maravilla con los aviones? ¿La adolescente a la que no la dejan volar? ¿La joven que va a la guerra a volar y la envían a cuidar enfermos? ¿La primera oficial de ATA? ¿La que regresa de la guerra? ¿La que se convierte en la primera controladora aérea de Latinoamérica? ¿La que envejece y mira su vida para atrás con la sabiduría del camino recorrido? Para ser totalmente honesto, la primera pregunta que le haría es si está conforme con mi visión sobre su vida, con mi interpretación. Sospecho que me retaría, pero me hubiese encantado saberlo de su boca.

También me gustaría saber de su boca ¿Cómo se sigue viviendo después de haber participado en un hito tan enorme como la Segunda Guerra Mundial? ¿Cómo se reconfigura el sentido de propósito en la vida?

¿Escribir esta novela fue, en cierto modo, una forma de reparar un olvido de la historia chilena?

No se si reparar sea la palabra que escogería, me gusta más pensar en contribuir. Siento que con esta novela estoy contribuyendo a la historia chilena. Chile tiene muy buenos historiadores, gente profesional y dedicada al estudio de eventos históricos enormes, como otros que le dedican su tiempo a rescatar historias locales, igual de importantes, pero menos masivas. Siento que la percepción de una falta de estudio de Margot tiene más que ver con la difusión del trabajo de aquellos investigadores que le han dedicado su tiempo que a la ausencia de ello. Por lo mismo, como novelista, busco contribuir en despertar la curiosidad del público por la vida de Margot, que la gente se haga preguntas, que se anime a buscar las respuestas y que, ojalá, muchas personas encuentren en ella la inspiración que necesitan para perseguir sus sueño. Incluso si estos están en el cielo.

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