Por Rodrigo FuentealbaEl acuerdo con Jorge Messi para llevar a la Pulga al Barcelona: la servilleta que cambió la historia del fútbol
Jorge Messi viajó hasta la Ciudad Condal para que su hijo hiciera una prueba con el equipo catalán. El informal documento fue el único respaldo del posterior compromiso con los catalanes. Un relato que cambió el devenir del deporte.

Existen momentos en la vida que tuercen el curso de la historia. Instantes y decisiones que marcan el destino de los acontecimientos, incluso, en situaciones tan pedestres como el fútbol. De esa manera, por ejemplo, se fraguó la llegada de Lionel Messi a Barcelona, el jugador más trascendente en la historia del club catalán.
A finales de 2000, la familia de La Pulga atravesaba uno de los momentos más importantes de su vida. Lionel tenía apenas 13 años, había viajado a España para realizar una prueba en el equipo más importante de la Ciudad Condal y había sorprendido a los veedores con su enorme talento.
A pesar de las buenas sensaciones que había dejado en esos incipientes entrenamientos, la dirigencia de la escuadra culé estaba todavía lejos de tomar una decisión definitiva sobre la incorporación del prodigio rosarino.
Creciente incertidumbre que comenzó a preocupar a Jorge Messi, el recientemente desaparecido padre de Leo, quien condujo desde el principio los destinos de la Pulga. El rosarino, un obrero metalúrgico de la provincia de Santa Fe, había realizado un enorme esfuerzo para acompañar a su hijo a Europa y necesitaba respuestas concretas.
Pasaban los días, pero tampoco había mayores avances en las negociaciones para una familia que estaba comprometida con este ambicioso proyecto que tenía a su prodigio como principal protagonista. Entonces, la posibilidad de retornar a Argentina comenzó a ganar fuerza frente a la incertidumbre.
Punto de inflexión
Frente a las dudas, surgió una luz de certeza para la novel figura. La aparición de una figura determinante como Carles Rexach, en ese entonces secretario técnico del Barcelona, quien fuera uno de los hombres de confianza de Johan Cruyff.
El directivo que estuvo muy cerca de llevarse a Marcelo Salas, en 2002, era consciente de que el club blaugrana no podía dejar escapar semejante talento. Así, decidió intervenir personalmente para concretar la llegada del futbolista que cambiaría el rumbo del club.
De esa manera, durante una reunión realizada el 14 de diciembre de 2000, el exjugador catalán tomó una servilleta de papel y escribió un compromiso informal en el que garantizaba la contratación de Lionel Messi en el club catalán.
“En Barcelona, a 14 de diciembre de 2000, y en presencia de los señores Minguella y Horacio, Carles Rexach, secretario técnico del F.C. Barcelona, se compromete bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra a fichar al jugador Lionel Messi”, se leía en el histórico “documento” que pasó a la posteridad.
Una servilleta que fue firmada por el propio Rexach, el representante Josep Maria Minguella y el empresario Horacio Gaggioli. Un documento que, aunque no tenía validez contractual ni notarial, fue suficiente para transmitir tranquilidad a Jorge Messi, así como también convencerlo de continuar las negociaciones con el cuadro culé.
Días más tarde, arribaron los documentos oficiales al entorno de los Messi y Barcelona terminó incorporando al joven futbolista. Asimismo, el club se hizo cargo del tratamiento hormonal que necesitaba Leo para determinar su crecimiento. Un simple papel improvisado que terminó convirtiéndose en uno de los objetos más valiosos en la historia del deporte.
Valioso papel
Una servilleta de incalculable valor simbólico que sigue viva en términos prácticos, escrito en tinta azul es uno de los grandes compromisos de la historia escritos en un papel tan informal, pese a su importancia.
Fue enmarcada por Horacio Gagglioli, uno de los testigos de la definitiva llegada de Messi al Barcelona, el trozo de papel fue subastado para que permaneciera de manera imperecedera en los anales del fútbol.
La empresa londinense Bonhams, en nombre del empresario Gagglioli, la vendió por 762.400 libras esterlinas, una cifra muy cercana al millón de dólares, cifra que se percibe hasta ínfima para la importancia que tuvo en el fútbol.
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