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¿Es la menopausia? Lo que realmente hay detrás de la pérdida del deseo sexual de las mujeres

La disminución del deseo sexual en mujeres en esta etapa de la vida no siempre se debe a la menopausia o al envejecimiento. Una ginecóloga explica las causas, cuándo preocuparse y qué tratamientos existen.

Para muchas mujeres, la frase “no tengo ganas” aparece de forma silenciosa y desprevenida con el paso de los años. A veces coincide con la menopausia. También con períodos de estrés, agotamiento o cambios importantes en la vida. Y aunque suele asumirse como una consecuencia inevitable del envejecimiento, la realidad es mucho más compleja.

La Dra. Claudia Carson Osses, ginecóloga y coordinadora de Ginecología de Clínica RedSalud Vitacura, explica que en las mujeres, una disminución del deseo sexual no siempre representa un problema de salud. De hecho, las fluctuaciones en el interés sexual forman parte de la vida y pueden ocurrir en distintas etapas. La diferencia está en cómo ese cambio impacta a cada mujer.

“Hablamos de un problema cuando esta disminución genera un malestar personal significativo, se mantiene durante al menos seis meses y no puede explicarse por otras causas, como una enfermedad, el uso de ciertos medicamentos, un trastorno de salud mental o dificultades en la relación de pareja”, dice la especialista.

Es decir, no existe una frecuencia “normal” del deseo sexual.

Las señales de alerta son si esa disminución provoca preocupación, frustración, tristeza o sensación de pérdida, y termina afectando el bienestar o la relación de pareja.

La menopausia influye, pero no explica todo

Durante años, la pérdida del deseo sexual se ha asociado casi automáticamente a la menopausia. Y si bien los cambios hormonales cumplen un rol importante, reducir el problema únicamente a los estrógenos es simplificarlo.

Es un hecho que la disminución hormonal propia de esta etapa puede provocar cambios en la vulva, vagina y piso pélvico. También aparecen síntomas como sofocos, alteraciones del sueño y cansancio persistente, que terminan repercutiendo en la vida sexual.

Sin embargo, la doctora asegura que la pérdida de deseo sexual en mujeres es multifactorial. Pueden afectar:

  • Baja en los estrógenos o hipoestrogenismo.
  • Síntomas vasomotores.
  • Alteraciones del sueño y cansancio.
  • Enfermedades crónicas (especialmente las que provocan dolor o limitación de la movilidad).
  • Trastornos de salud mental (como la depresión).
  • Uso de ciertos medicamentos, como antidepresivos, anticonceptivos orales y antihipertensivos.
  • Prolapso de órganos pélvicos.
  • Tratamientos oncológicos.
  • Dificultades en la relación de pareja.
  • Pobre percepción de la autoimagen.
  • Abuso sexual previo o concomitante.
  • Estresores de la vida diaria.

“La evidencia actual muestra que, aunque el hipoestrogenismo es clave, son los síntomas psicosociales y de salud mental los que parecieran tener un mayor peso específico sobre el deseo sexual”, señala la especialista.

El mito de que “es parte de envejecer”

Muchas mujeres dejan de consultar a los médicos porque creen que ya no hay nada que hacer. Que simplemente envejecieron, y es parte de esa etapa en sus vidas.

“Es frecuente que el deseo sexual disminuya gradualmente con el paso de los años, pero eso no significa que el interés por la sexualidad desaparezca, ni que esa disminución sea necesariamente un problema o algo inevitable para todas las mujeres”, afirma la Dra. Carson.

La especialista enfatiza que no hay que normalizar estos cambios. “Es importante transmitir a las mujeres que es habitual que el deseo sexual cambie con el paso de los años y que una cierta disminución puede formar parte del envejecimiento. Sin embargo, eso no significa que deba asumirse como algo inevitable o que no merezca una evaluación cuando genera malestar”.

En muchos casos, detrás del problema existen causas que pueden identificarse y tratarse: desde dificultades emocionales o de pareja hasta efectos secundarios de medicamentos o cambios propios del aparato urogenital.

Y es que no existe una solución única. El abordaje, explica la ginecóloga, debe ser integral y personalizado, y debe considerar la salud física, emocional y el contexto de vida de cada mujer.

Las primeras medidas que toman los especialistas suelen enfocarse en cambios de estilo de vida, manejo del estrés, educación sexual y, cuando corresponde, terapia sexual o terapia de pareja.

En algunos casos también pueden indicarse tratamientos farmacológicos bajo supervisión médica. Uno de ellos es la testosterona transdérmica, que, según la especialista, ha demostrado ser segura y eficaz cuando se utiliza con indicación médica.

Distinto es el caso de los llamados “chips” o “pellets” de testosterona. “Su uso no es seguro porque brindan dosis erráticas del fármaco, su absorción es impredecible y pueden provocar serios riesgos para la salud. Están completamente desaconsejados por las sociedades médicas”, advierte.

También existe la DHEA de uso vaginal, que puede beneficiar la función sexual en algunas pacientes, siempre bajo evaluación médica.

¿Cuándo consultar?

La recomendación de la doctora es no esperar a que el problema se prolongue durante años. Si la disminución del deseo sexual persiste, genera angustia, afecta la autoestima o comienza a deteriorar la relación de pareja, es momento de pedir ayuda.

La Dra. Carson explica que el profesional de salud dependerá de la causa predominante.

Un ginecólogo con experiencia en salud sexual o menopausia suele ser el primer paso cuando existen síntomas hormonales, mientras que un psicólogo, terapeuta sexual o terapeuta de pareja puede ser clave cuando predominan los factores emocionales o de relaciones.

Si existen trastornos como depresión o ansiedad, el apoyo de un psiquiatra también puede formar parte del tratamiento.

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