Ángel Parra: “A los 60 años estoy orgulloso de una discografía, de una carrera y de la gente que aprecia lo que hago”
En conversación con el espacio Viernes de Culto de La Tercera, el eximio guitarrista repasa su carrera, aborda el buen momento que atraviesa con Los Tres y adelanta el show que ofrecerá en el teatro CA660, donde tributará los 30 años del álbum Piscola Standards, de Ángel Parra trío.

Ángel Parra (60) siempre ha debido pensar doble.
Desde días lejanos, a fines de los 80 y principios de los 90, uno de los guitarristas más inquietos de la escena local ha balanceado su faena a bordo de Los Tres y Ángel Parra Trío, como dos territorios que limitan y se respetan, cada uno con principios propios, aunque también hay vértices que se encuentran: sus solos en hits como Amor violento o He barrido el sol desenfundan pura inventiva y traducen en texturas el imaginario de Álvaro Henríquez, mientras que su proyecto vinculado al jazz ha logrado conquistar los espacios de la canción masiva y melódica.
Ahora, ya en 2026, esos universos han vuelto a marchar en paralelo. Mientras protagoniza el retorno de Los Tres con uno de los mejores discos chilenos del año -XCLNT, aparecido en abril y donde sus guitarras brillan-, por otro lado Ángel Parra Trío festeja las tres décadas de Piscola standards (1996), ese título del sello Alerce en que alternó música original y piezas de compositores clásicos, acercándose a los lenguajes del swing y el bop. De alguna forma, es una obra que representa la consolidación del jazz chileno en ese decenio bajo una genética más diversa y transversal, luego de cierto ostracismo en el período de dictadura.
Por lo mismo, Parra dice que es el primer disco de la agrupación que se reedita en vinilo, esta vez en formato doble y ya disponible. El músico, recordando que en esa época el conjunto estaba integrado por Roberto “Titae” Lindl en el bajo y Ramón “Moncho” Pérez en batería, sigue: “Este álbum fue grabado con dos micrófonos en la casa de Titae. Titae hizo una gran producción y tiene la gracia de que una parte de grabó en la casa de él, con suelo de parqué. Eso se nota en la vibra casera de cómo suena. Eso hizo que nos acercáramos mucho más. Yo estaba con mi guitarra desenchufada. Es como el unplugged del trío. Y Moncho Pérez agarró la caja de guitarra, de una guitarra que es del año 58, tomó unas plumillas y tocó sobre ella, no hubo más recursos que eso. Era todo como vintage, orgánico, y esos temas quedaron muy bien, sonando increíble”.
Parra habla sentado en el espacio Viernes de Culto de La Tercera, donde demuestra que sus manos sobre su guitarra siguen siendo un arte tan quirúrgico como virtuoso. También rememora que precisamente ese 1996 fue de alta intensidad: Los Tres disfrutaban como nunca antes del fenómeno de la popularidad gracias a la resonancia de La espada & la pared (1995) y el MTV Unplugged (1996), a las puertas eso sí de la etapa más áspera que abriría Fome (1997). Eran días dulces, pero también desafiantes.

Por tanto, ¿se convirtió en una necesidad seguir refugiado en el jazz que estudió desde sus años adolescentes en Francia, Estados Unidos y Chile? “Yo fui rechazado como guitarrista clásico de la Universidad Católica, porque yo toqué esa vez ‘el gavilán se comieeeera’ y me miraban así los de la comisión: ¿qué está tocando este huevón? Fui rechazado, entonces empecé a estudiar de forma privada con Óscar Olsen, y después con Pierre Cullaz, entonces él tiene una colección de arreglos de los que se desprende gran parte de este repertorio”, dice Parra.
Después sigue: “Siempre estuve cerca de gente que me mostró músicas muy interesantes. Cuando veraneaba en Isla Negra estaba Juan Ricardo Weiler de Aparato Raro, con el que íbamos a pescar pejerreyes y en la tarde nos íbamos a escuchar cosas como los casetes de Magma o Emerson, Lake and Palmer. O Yes. Y bueno, cuando uno es chico se frustra bastante con la guitarra, porque no se logra nada, y siempre me decían ‘a los 35 años más o menos lo vas a poder lograr’, y llegué a los 35 y no pues, no llegaba nunca. Pero ya había grabado con Los Tres, había grabado con el trío y, bueno, uno nunca está conforme con lo que hace y creo que ahora a los 60 años por lo menos estoy orgulloso de una discografía, de una carrera y de la gente que aprecia lo que hago. Hablando de Los Tres, es un minuto muy bueno y luminoso, de cofradía entre los cuatro, como fue el comienzo cuando teníamos 20, pero ahora hemos recuperado una amistad después de la revuelta. Estamos muy conectados sentimentalmente, afectivamente, entonces el jazz siempre ha estado presente, y la calma que me han dado Los Tres me permite desarrollarlo”.
Show estelar
En ese desarrollo continuo, hay una parada medular. El grupo se presentará el viernes 21 de agosto, a las 20.00 horas, en el Teatro CA660 de la Fundación CorpArtes, celebrando precisamente los 30 años de Piscola standards. La formación también incluye a Nahuel Blanco, Ignacio Rocco y Mauricio Ruz (entradas en Ticketplus). “Nahuel es un bajista de 26 años, un talento, es un músico muy maduro para la edad que tiene, con una cultura musical impactante. Ignacio Rocco en batería, también una sorpresa, un músico muy especial y parecido a la manera de tocar de Moncho Pérez. Y Mauricio Ruz es un pianista de Antofagasta, increíble, que me contactó con toda esta gente. El grupo está sonando muy bien”.

Parra tiene claro que para lograr la excelencia -como la que declara de su actual conjunto-, no sólo tuvo que masticar portazos y rechazos; también vivió la miel del reconocimiento, sobre todo con el doble volumen en vivo La hora feliz (2002), con un ejército de invitados en tres noches en el Teatro Oriente, donde destacó la versión para No puedo quitar mis ojos de ti junto a Julián Peña. “Firmamos con Warner, lo que ya era raro para un grupo de jazz. Nos dijeron que esa canción estaba sonando en todas las radios y ahí tuvimos un upgrade, empezamos a tocar mucho con Julián”, dice el músico.
Luego remata: “Pero lo que manda no es el dinero. O sea, el jazz no da de comer. En el jazz tienes que hacer concesiones, Kenny G es el mejor ejemplo, Pat Metheny ha tocado con David Bowie… son diferentes carreras, pero siendo jazzista hay que ser versátil. A mí me gustaba eso siempre y por eso hicimos La hora feliz. Es muy grato ahora volver a hacer música instrumental”.
COMENTARIOS
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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