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Daniela Catrileo: “La poesía en Chile sigue siendo profundamente fecunda, se escribe pese a todo”

A diez años de su debut, la autora reúne su obra poética en Soñamos con cetáceos. En esta entrevista, reflexiona sobre el origen de su vocación en un taller escolar, el poema como refugio frente a la prisa y la vitalidad de una tradición que resiste al abandono institucional.

Tenía 9 años cuando Daniela Catrileo descubrió la poesía. Fue gracias a un taller de literatura en su colegio. Como quien tiene una epifanía en el desierto, la futura escritora encontró un lugar del que no saldría más. “El profesor de lenguaje creó ese espacio para estudiantes de educación básica, estuve allí unos tres años. Publicamos nuestros primeros poemas en el diario mural, nos atrevimos a leer en voz alta frente a nuestros compañeros, nos inventamos seudónimos y formamos una pequeña comunidad de niños y niñas poetas que se levantaba temprano cada sábado para ir a escribir sus primeros versos”, cuenta a Culto.

De hecho, no es casualidad que sus primeros libros fueron justamente de poesía. Río herido, de 2016, fue el canto del cisne. Incluso fue Becaria de la Fundación Pablo Neruda en 2011, y recibió el Premio Municipal de Literatura de Santiago 2019 por su poemario Guerra florida. Hoy, esos 10 años de recorrido poético se reúnen en el volumen Soñamos con cetáceos (Seix Barral), que incluye unos poemas inéditos que corresponden a un libro en proceso y que se presentan como un adelanto en esta edición.

“La poesía va contra la celeridad, nos lleva a lugares insospechados, nos colma de preguntas. Todavía es un lugar arriesgado por su inutilidad ante el mundo del espectáculo en el que vivimos, nadie espera que escribas un nuevo poema. Su ímpetu anticapitalista es lo que me parece profundamente valiente. Es indigerible, inconsumible, como decía Pasolini. Para mí, es apenas un encuentro, no se posee. Es un instante, pero reverbera de formas extrañas y hermosas”.

Soñamos con cetáceos reúne una década de tu trabajo poético. ¿Cómo fue volver a leer esos libros desde el presente? ¿Qué descubriste sobre tu propia escritura?

He vuelto varias veces a la lectura de esos libros, en parte porque han sido reunidos en distintas antologías publicadas en Argentina (Todas quisimos ser el sol, Las Guachas, 2023) y en Chile (Un puñado de almendras, Universidad de Chile, 2025). Lo que me interesa de ese regreso es reconocer ciertas insistencias y gestos que se van desplegando en las imágenes, en los ritmos y en las modulaciones de cada libro. También me interesa la posibilidad de que todo texto pueda transformarse a partir de una nueva mirada, de otra luz proyectada sobre los poemas. Volver a ellos no implica fijar un sentido, sino descubrir aquello que la propia escritura todavía no había revelado.

Cuando observas este recorrido entre 2016 y 2026, ¿qué elementos permanecen y cuáles sientes que han cambiado radicalmente en tu voz?

Lo que permanece es una búsqueda, a veces más transparente, otras más opaca, por bordear el lenguaje. Una búsqueda sostenida por las insistencias del deseo y de la curiosidad. Intento acercarme a lo desconocido mediante las palabras, aun sabiendo que siempre serán insuficientes. Cada libro responde a una necesidad distinta. Río herido es un testimonio plural sobre el despojo y la diáspora. Mi costado salvaje reúne esbozos de lo cotidiano, como si los poemas hubieran sido arrancados de un diario de vida. Creo que esa voz va cambiando porque procuro atender a la intuición de cada momento: escucharla, seguir su deriva y dejar que sea la propia escritura la que encuentre su forma.

¿Qué es la poesía para ti?

Fue mi primer lenguaje, también mi primer fracaso con el lenguaje. Es la manera en que aprendí a traducir el mundo, mi asombro ante lo inexplicable, una manera de no agotar las preguntas, ni las formas. Un modo de respirar, de imaginar, de pensar. Es pensar por la tangente, por las orillas, arrojarse al mundo que somos. Es un refugio.

27/09/2023 FOTOGRAFIAS A LA ESCRITORA, DANIELA CATRILEO FOTO: MARIO TELLEZ / LA TERCERA MARIO TELLEZ

Hay temas muy presentes en tu poesía, como el tema de las aguas: el mar, los ríos, y los territorios. ¿Qué es lo que te llama la atención para incluirlos?

Las aguas constituyen mi poética, y la escritura es la forma en que me acerco a mis obsesiones. Las aguas me escriben: son parte de mi linaje mapuche, de la manera en que me oriento espiritual y epistemológicamente. Con los poemas intento capturar una imagen que no sea sólo contemplativa, sino que también condense ritmo, cadencia y sonoridad. Es decir, una forma de escucha, una forma de relación. Allí, los ríos, las olas y las corrientes conforman mi encuentro con la materia, con todo lo existente.

La territorialidad también está muy presente en tu poesía. ¿Ha influido la mirada mapuche en eso?

Por supuesto, para mí ser mapuche se relaciona principalmente con una memoria común, con una forma de entender un territorio, con una manera de relacionarme con mis ancestras, con los elementos que coexisten en el lugar en que nos situamos.

Se te ha leído como una de las voces de la poesía mapuche urbana contemporánea. ¿Cómo habitas la condición de warriache (mapuche de la ciudad) en la escritura?

Depende del libro. No trabajo desde una posición personal que tematice directamente esa experiencia. Quizás donde más aparece la experiencia warriache es en Piñen, mi libro de relatos. En poesía pueden encontrarse algunos esbozos en Río herido o Las aguas dejaron de unirse a otras aguas. Pero en esos tres libros desplazo la figura subjetiva para trabajar desde la ficción. Más que una condición individual, me interesa pensarla como una experiencia colectiva del despojo y de la migración forzada, con todas las contradicciones que implica habitar las fronteras.

Este volumen incluye un grupo de poemas inéditos, Soñamos con cetáceos, al leerlos hay mucha reflexión sobre la relación entre la polución ambiental y las consecuencias en la salud de las personas. ¿Concibes la poesía como un lugar de reflexión sobre la contingencia?

La poesía, como forma de pensamiento y de afectación, también dialoga con su presente. No lo hace desde la vorágine del espectáculo ni desde la urgencia de la noticia, pero tampoco permanece aislada del mundo. A través del poema construimos una relación con lo que somos y con aquello que nos rodea, es una manera de interrogar la realidad y de interrogarnos a nosotros mismos. Pienso en una hermosa frase del poeta Juan L. Ortiz cuando habla de una conciencia sensible ante el horror y el sufrimiento. Dice que la poesía es un sufrimiento, pero un sufrimiento de amor. Entiendo esa afirmación como una forma de permanecer atentos, desvelados frente a la herida, sin renunciar a la posibilidad de escuchar, de cuidar y de imaginar otras formas de relación con el mundo.

27/09/2023 FOTOGRAFIAS A LA ESCRITORA, DANIELA CATRILEO FOTO: MARIO TELLEZ / LA TERCERA MARIO TELLEZ

Otro elemento notorio es que en tu poesía casi nunca ocupas un “yo”, más bien el “nosotros”. Un hablante lírico plural. ¿Por qué te interesa hacerlo así?

Es una decisión de forma, hay múltiples voces con las que me interesa trabajar, no sólo mi intimidad o la voz confesional. También trabajo la ficción en el poema, como si hubiese un relato en fragmentos donde lo que importa es la ausencia, lo no dicho. El nosotros me parece una potencia colectiva cuando aparece.

Estudiaste filosofía, en tu poesía también es posible ver justamente una veta reflexiva, ¿cómo llevas tú el cruce entre ambas disciplinas?

Para mí, ambos oficios nos acercan a una misma orilla: la de las preguntas. Como si el poema y la filosofía nos permitieran aceptar que no existen certezas definitivas y que, frente a ello, sólo nos queda entregarnos al asombro, a la deriva, a la apuesta y al arrojo. Tanto la poesía como la filosofía resultan incómodas para el mundo contemporáneo porque resisten la lógica de la inmediatez y de las respuestas cerradas. Nos recuerdan que somos seres sensibles y que, ante lo desconocido, podemos habitar la falta como una forma de apertura. La ignorancia, en ese sentido, mantiene vivas las preguntas y tanto la poesía como la filosofía hacen posible el encuentro con aquello que todavía no comprendemos.

Tu trabajo transita entre poesía y narrativa. ¿Qué libertades te ofrece la poesía que no encuentras en otros géneros?, ¿qué diferencias ves entre escribir uno y otro género?

Para mí, los géneros responden, sobre todo, a una lógica de mercado. Escribo narrativa y ensayo como si fueran poemas. De hecho, todo lo que escribo comienza en el poema: allí encuentro una forma de pensar y el ritmo que sostendrá la escritura, incluso cuando esta termina convirtiéndose en un relato o en un ensayo. Si la diferencia entre los géneros es, en gran medida, una clasificación editorial, la poesía me ofrece la libertad de ir a contrapelo del tiempo. Me permite habitar la lentitud, escuchar con paciencia, demorarse en una imagen, seguir una deriva sin la obligación de llegar de inmediato a un destino. En ese espacio encuentro una intensidad que difícilmente aparece en otros registros de escritura.

27/09/2023 FOTOGRAFIAS A LA ESCRITORA, DANIELA CATRILEO FOTO: MARIO TELLEZ / LA TERCERA MARIO TELLEZ

En una época marcada por la velocidad y la sobreexposición digital, ¿qué lugar ocupa hoy la poesía para ti como espacio de reflexión y escucha?

La poesía es parte de mi vida. Como lectora, como profesora, como poeta. Desde allí pienso, imagino, enseño. Me levanto leyendo poesía, le leo poemas a mis amigas, intento contagiar a otros de ese deseo.

¿Cómo ves hoy a la poesía chilena?

La poesía en Chile sigue siendo profundamente fecunda. Se escribe poesía pese a todo. Las y los jóvenes continúan asistiendo a talleres, organizan lecturas, crean fanzines colectivos y sostienen espacios donde el poema sigue siendo una forma de encuentro. Pienso que la poesía chilena goza de una vitalidad persistente. Hay una tradición y unas genealogías muy potentes, pero también una permanente voluntad de experimentación. Esa convivencia entre herencia e invención ha forjado una relación muy particular con el lenguaje. No deja de asombrarme la pulsión por el poema que existe en este país, esa necesidad persistente de escribir, leer y compartir poesía, incluso en los momentos más adversos.

Los dos Premios Nobel de Chile son justamente poetas, ¿crees que en Chile a la poesía se le da la importancia que merece?

Se la otorgamos quienes encontramos en ella una forma de vida, quienes gozamos de su lectura y escritura, pero no ocurre lo mismo desde las instituciones. La poesía continúa ocupando los espacios más pequeños de las bibliotecas y las librerías. Los reconocimientos y premios son importantes, pero resultan insuficientes frente a la necesidad de sostener comunidades de lectura y creación. Hacen falta más espacios para talleres, clubes de lectura, programas de formación y becas de creación que permitan que la poesía siga circulando. Y qué decir del presente, marcado por las preocupantes noticias sobre los recortes en cultura.

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