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Lo guachaca: cómo un insulto se volvió estandarte de la cultura popular

En sus inicios fue considerada una palabra despectiva, pero lo "guachaca" encontró su primer giro cuando Nicanor Parra bautizó de aquella forma el género musical de un disco de su hermano Roberto. Años después, a fines de los 90, un grupo de chilenos tomó esa herencia y decidió llevarla más allá. Hoy, representa la cultura popular urbana: cueca, cumbia, boleros y sándwiches de potito.

25 Agosto 2026. Candidatos Cumbre Guachaca en la Vega Central en competencia de pebre. Foto: Andres Perez Andres Perez

“En la ciudad ya existe un tipo de chileno que es guachaca: habla distinto, baila distinto”, dice el músico Dióscoro Rojas (76), cofundador de una de las más emblemáticas celebraciones de la cultura popular chilena: la Cumbre Guachaca, que el 5 y 6 de septiembre vuelve a la capital -en Los Buenos Muchachos (Ricardo Cumming 1031) tras seis años sin cuecas.

A sus ojos, este tipo de ciudadano sería algo así como la encarnación de las costumbres típicas del país. “En Santiago no se ven huasos caminando, pero cuando los guachacas van a fiestas, a cuecas, se ponen su ternito, se lustran los zapatos, se ponen su banderita, su pañuelo y se florean”, describe.

Asiduos a la buena mesa, donde no puede faltar un buen sándwich de pernil, arrollado o potito, los guachacas son un grupo que Rojas caracteriza como “humildes, cariñosos y republicanos”. Son los fieles asistentes a las fondas animadas por la cueca, los boleros y la cumbia.

Dióscoro Rojas, músico chileno. Foto: Pablo Vásquez R | Culto LT Pablo Vásquez R.

El origen de este grupo se remonta a los 90, cuando ser guachaca todavía era, en palabras de Rojas, “un término vulgar pal’ que anda por la calle todo borracho y toda la cuestión”. Pero eso no duraría para siempre. “Entonces, nosotros dijimos ‘lo podemos transformar en otra cosa, en algo más gentil’”, agrega.

¿Origen quechua?

Para llegar a la cuna del concepto “guachaca”, Darío Rojas, académico del Departamento de Lingüística de la Universidad de Chile, traza un recorrido desde las tres acepciones que registró el Diccionario de uso del español de Chile de 2010: “ordinario”, “persona acostumbrada a beber en exceso” y “apegado a las tradiciones más ligadas al pueblo”.

Antes de su reivindicación, por largos años solo fue una palabra despectiva. Según explica el doctor en Filología Hispánica, este significado se puede rastrear hasta el Diccionario etimológico del lingüista Rodolfo Lenz, publicado entre 1905 y 1910, donde se plantea que proviene del quechua.

En este diccionario, continúa, se “registra el término huachacai (también escrito guachacai), con el significado de ‘aguardiente ordinario’. Lenz dice que esta palabra probablemente viene del quechua, de la raíz ‘huajcha’, que significa ‘pobre, miserable’”.

“Yo creo que es razonable pensar que guachaca viene de ese huachacai, ya que hay una afinidad de significado”, agrega. “De la idea de ‘aguardiente ordinario’ se puede llegar fácilmente a la idea de ‘ordinario, de mala clase’ así como a la idea de ‘persona que bebe en exceso’”, complementa.

La entrada de "huachacai" en el Diccionario etimológico de las voces chilenas derivadas de lenguas indígenas americanas, de Rodolfo Lenz, en su edición de 1904.

Entonces, ¿cómo se llegó a asociar lo guachaca con la cultura popular? Según relata el músico Dióscoro Rojas, fue por ingenio de Nicanor Parra. Entre los 80 y los 90, el antipoeta tildaba de “guachaca” a diversos personajes y elementos de la cultura chilena. Incluso a Diego Portales.

La influencia de los Parra

En el marco de un homenaje que realizó la Universidad Diego Portales al exministro, Rojas recuerda que Nicanor Parra “trataba de guachaca” a Portales. Decía que “era bueno para ir a la Alameda a bailar, a chupar y todo”, afirma. Sin embargo, el concepto trascendió cuando el antipoeta lo usó para describir el género musical de un disco de su hermano, Roberto Parra.

En 1989, el “Tío Roberto” publicó su álbum Los Tiempos de la Negra Ester, una historia de amor y bohemia ambientada en el puerto de San Antonio. Debido a las temáticas de sus décimas, sumado a su contagioso e innovador ritmo, “Nicanor le puso jazz huachaca”, explica Rojas, quien es cuñado del folclorista. En sintonía con la época, el modismo aún se escribía con “H”.

De acuerdo con Roberto Tapia, guitarrista y director del conjunto De Perilla –que toca jazz huachaca inspirado en el legado de Roberto Parra–, el razonamiento del antipoeta para bautizar el género de aquella forma es que “es un jazz hecho a la chilena, al estilo de don Roberto, que no era jazzista, sino que era más bien un músico popular y folclorista”.

roberto parra

El jazz huachaca es un género “legítimamente chileno”, agrega Tapia, inspirado en el gypsy jazz, con “aires a foxtrot y música swing”, que se traduce en una música muy rítmica y bailable. No obstante, el apellido de guachaca también representa los entornos urbanos y marginales donde se presentaba Roberto Parra. “El tercer mundo, como decía él”, afirma el guitarrista.

El aporte del folclorista a la transmisión de la cultura popular tiene precedentes familiares. Según explica Karen Donoso, historiadora y académica de la Universidad de Santiago, unas décadas antes, en los 50, su hermana Violeta ya había hecho algo similar con la cultura campesina, al integrarla al circuito musical santiaguino. “Roberto Parra hizo lo mismo, pero con la música popular urbana”, explica.

En el caso del compositor de la negra Ester, plantea Donoso, su aporte tiene que ver con recuperar una cultura popular “menos pulcra y más real”. Esa reivindicación, agrega la historiadora, está en tensión con la imagen que “siempre proyectan los Estados, que tiene que ver más con el orden y con lo bonito, no con lo caótico, y menos con la celebración, o con el alcohol”.

Con esos antecedentes, el momento definitivo de la reapropiación de lo guachaca se gestó en 1997. Al tiempo que se anunciaba que Chile alojaría la Cumbre de las Américas al año siguiente, Dióscoro Rojas, Andrés Meneses y Raúl Porto decidieron realizar un evento paralelo para festejar la chilenidad y, al mismo tiempo, homenajear a Roberto Parra: la primera Cumbre Guachaca.

Foto: Andres Perez Andres Perez

“Cómo hablábamos tanto del Tío Roberto, en nuestras conversaciones en un restaurante, donde andábamos puro contando historias, hablando cualquier tontería, como espolvoreando berlines, llega esta cosa de la Cumbre de las Américas y ahí salimos con los guachacas”, recuerda Rojas.

A través del colectivo “Los Guachacas”, el grupo de amigos decidió dar a la instancia un significado más profundo de colectividad nacional. “Ahí empezamos a elaborar un tipo de discurso. Hablamos de la gente guachaca como los humildes, los cariñosos, los republicanos”, agrega.

Para marcar una diferencia, el músico propuso cambiar ligeramente la palabra: “Dije que cambiáramos la ‘H’ por la ‘G’, porque huachaca con ‘H’ era como de ‘hueón’”, dice.

Otorgar un sentido nuevo a una palabra despectiva también tiene un precedente en la historia del país. Según Donoso, se puede relacionar con el concepto del “roto chileno”, que en un principio se usó para designar de forma despectiva a los sectores populares, pero luego adquirió un valor patriótico.

“Eso pasa mucho en los ámbitos de la cultura. Tomar las palabras ofensivas para darles una vuelta y plantearlas desde un punto de vista reivindicativo. Con los guachacas es exactamente lo que sucede”, resume la historiadora.

Cultura guachaca

Cristián Cáceres, folclorista de la agrupación cuequera Los Santiaguinos, recuerda la primera Cumbre Guachaca como “un gran éxito”. El evento se realizó en La Perrera del Parque de los Reyes. Aunque solo esperaban 200 personas, el músico afirma que llegó “el doble o el triple”.

Desde ese entonces, Los Santiaguinos han participado en todas las cumbres. Respecto a la comunidad que se formó en torno a estos eventos, Cáceres afirma que la “parrilla artística es fundamental”, ya que “a los guachacas les gusta la fiesta tradicional”. Eso, agrega, incluye la cumbia de la Sonora Palacios y Los Viking’s 5, los boleros del Trío Inspiración y las cuecas.

“Al chileno le gusta la tradición”, añade. “Le gusta el campeonato de volantín, le gusta hacer el asado con la familia, le gusta comerse su empanada y quedarse conversando. Y si sale una guitarra, guitarrear y cantar cueca. Luego bailarse unas cumbias”.

Al igual que Los Santiaguinos, el Trío Inspiración tampoco se ha perdido ninguna cumbre. De esta agrupación, el músico José Luis Ruiz afirma que ser guachaca es “disfrutar con los amigos de la buena mesa, de un buen vinito o una cervecita, en un ambiente relajado, bien cercano, con harta talla y mucha amistad. Cosas sencillas, en realidad. Y sentirse orgulloso de las raíces de nuestro país”.

En cuanto a las comidas de los guachacas, Javiera Vivanco, del restaurante Los Buenos Muchachos –donde se realizará la Cumbre Guachaca este año–, dice que no puede faltar “la empanada de pino y la de queso” de aperitivo, acompañado de un fondo que incluya “los anticuchos, el choripán, el pastel de choclo, la cazuela” y, para tomar, “el terremoto, la chicha y el mote con huesillo”.

Según Rojas, uno de los desafíos de los guachacas es que “para septiembre nunca había habido tanto frío”. Sin embargo, esto no interrumpirá la reunión de los “compipas”. En cuanto a su futuro, afirma: “Yo creo que vamos a estar bien. Ni vamos a cambiar el país, pero tampoco nos van a cambiar a nosotros. Es uno de los dichos que tenemos”.

LAS ENTRADAS PARA LA CUMBRE GUACHACA ESTÁN DISPONIBLES EN PUNTO TICKET, A TRAVÉS DE ESTE LINK.

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