Educación

¿Duran mucho las carreras en Chile? Esto ocurre en EEUU, Europa y Asia

Investigación de LT Educa muestra el mapa global de los años de duración de las carreras universitarias, en el que se observan diferencias claras entre países, pero con modelos educativos distintos. En Chile, la formación de pregrado es equivalente a cursar una carrera universitaria con magíster en Europa o Estados Unidos.

Cuánto duran las carreras universitarias.

A primera vista, el mapa parece evidente: mientras en gran parte de Europa las carreras universitarias duran tres años, en países como Chile se extienden por cinco. En Estados Unidos y buena parte de Asia, en tanto, predominan programas de cuatro años. La diferencia parece clara. Pero puede ser engañosa.

Comparar la duración de las carreras entre países no es tan simple como contar años. Lo que en un sistema corresponde a un bachelor o grado académico inicial, en otro equivale a una formación profesional completa. Y detrás de esas diferencias existen trayectorias educativas, modelos universitarios y formas de entender la especialización profundamente distintas.

“No es válido comparar un grado académico europeo de 3 ó 4 años con un título profesional chileno”, plantea José Joaquín Brunner, director del Doctorado en Educación Superior de la Universidad Diego Portales (UDP). “En Europa, las profesiones reguladas, como abogado, médico, ingeniero, arquitecto o psicólogo, se cursan en programas equivalentes a un máster o formación posterior al grado. Además, deben rendir un examen de habilitación ante una instancia distinta de la universidad de la cual egresó”, explica el experto.

Es decir, el pregrado europeo de tres años no necesariamente marca el final de la formación profesional. En muchas disciplinas, la especialización continúa en programas posteriores y la habilitación para ejercer depende incluso de exámenes o instancias externas a la universidad.

Algo similar ocurre en Estados Unidos. Aunque el bachelor suele durar cuatro años, muchas profesiones requieren estudios posteriores —como law school o medical school— antes de acceder al ejercicio profesional. Más que carreras cortas, se trata de trayectorias formativas distribuidas en distintas etapas.

Mapara de la duración de las carreras universitarias en el mundo.

En Asia, en tanto, predominan modelos de cuatro años, aunque con estructuras y objetivos distintos según el país. En China, Japón y Corea del Sur, la universidad forma parte de trayectorias altamente competitivas y selectivas, donde el pregrado combina formación disciplinaria, exigencia académica y especialización progresiva.

El rediseño europeo

El debate sobre la duración de las carreras universitarias no es nuevo. Europa lo enfrentó hace más de tres décadas, cuando distintos países impulsaron una profunda reorganización de sus sistemas de educación superior para hacerlos más comparables, compatibles y flexibles entre sí.

La transformación tomó forma en 1999 con la Declaración de Bolonia, acuerdo firmado inicialmente por 29 países europeos para crear un espacio común de educación superior. El objetivo era facilitar la movilidad académica y profesional mediante carreras organizadas en ciclos —grado, máster y doctorado— y sistemas de créditos transferibles y compatibles entre universidades.

Más que reducir simplemente los años de estudio, el modelo buscó redistribuir la formación a lo largo de distintas etapas académicas y facilitar trayectorias más flexibles. Bajo esta lógica, un estudiante puede cursar parte de una carrera en distintas instituciones o países y mantener equivalencias formativas gracias a sistemas comunes de créditos académicos.

Parte importante de la expansión de carreras de tres años en Europa responde precisamente a esta reorganización por ciclos, donde el pregrado dejó de concentrar toda la formación profesional.

Cuando el pregrado cumple distintas funciones

Para Ernesto Treviño, director ejecutivo del Centro Interuniversitario de Liderazgo para la Transformación de los Territorios Educativos, CELITED, el principal error es asumir que programas de duración distinta cumplen la misma función. “Los programas deben contrastarse según la trayectoria educativa y el tipo de formación que entregan”, sostiene.

El académico ejemplifica que mientras en Chile un estudiante acumula cerca de 17 años de educación para obtener un título universitario especializado —12 de escolaridad y cinco de educación superior—, en Estados Unidos puede completar una carrera en 16 años, aunque sin una especialización profesional equivalente.

En Chile ocurre casi lo contrario al modelo europeo. El pregrado concentra múltiples funciones simultáneamente: entrega formación disciplinaria, habilita profesionalmente y, en muchos casos, incorpora procesos de nivelación para estudiantes que ingresan con brechas desde la educación escolar.

El resultado son programas más largos e integrados, donde la licenciatura y el título profesional suelen obtenerse dentro de un mismo trayecto formativo.

“En Chile, la formación inicial es sólida, enfocada en la disciplina y equivalente a cursar una carrera universitaria con magíster en Europa y Estados Unidos”, afirma Treviño.

Para Brunner, además, estas diferencias no responden únicamente a decisiones administrativas o curriculares. “Son tradiciones y filosofías formativas distintas, que allá y acá vienen del siglo XVIII”, señala. A eso se suma otro factor clave: la calidad y profundidad de los aprendizajes adquiridos durante la educación secundaria.

El académico agrega que las comparaciones internacionales requieren observar múltiples dimensiones simultáneamente: el nivel de formación escolar, la estructura de los sistemas terciarios, el papel de los grados académicos, la regulación de las profesiones y los mecanismos de habilitación laboral.

Las comparaciones internacionales, por eso, requieren más que observar la duración formal de las carreras. Organismos como la OECD y la UNESCO utilizan clasificaciones estandarizadas —como la Clasificación Internacional Normalizada de la Educación (CINE/ISCED)— precisamente para hacer comparables sistemas construidos sobre estructuras distintas.

Mirado así, el mapa no solo muestra cuánto duran las carreras universitarias en distintos países; también revela distintas maneras de concebir la formación profesional, la especialización y el tránsito hacia el mundo laboral.

Y en ese contraste, Chile aparece menos como una anomalía y más como parte de un modelo que concentra en el pregrado gran parte de la formación que otros sistemas distribuyen a lo largo de distintos ciclos académicos.

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