Enseñar desde Aysén: la escuela donde se aprende a vivir
Una propuesta educativa que pone la experiencia, la convivencia y el vínculo con la naturaleza en el centro del aprendizaje.
El pan se amasa a mano, el fuego se prende con leña húmeda y la clase ocurre bajo un techo de coigües. En el Parque Escuela Kaikén, a pocos kilómetros de Coyhaique, en pleno corazón de la educación en Aysén, un grupo de estudiantes del sistema público aprende a cocinar, refugiarse y organizarse como parte de su jornada escolar. No es un taller extraprogramático: es el núcleo de las Experiencias Nativas, una propuesta de aprendizaje en la naturaleza impulsada por Fundación Nativos que busca incorporar saberes de vida al proceso educativo.
Parque Escuela y Escuela Parque: dos formatos, una metodología
La iniciativa funciona en dos formatos dentro de las escuelas públicas de Aysén. El Parque Escuela Kaikén es una reserva de alto valor ecológico destinada a la educación; la Escuela Parque Valle Simpson, en cambio, es un establecimiento público que ha sido intervenido con la misma metodología, sumando huertos, talleres de oficio e invernaderos a su infraestructura habitual. “Más allá del lugar, lo importante es que estamos implementando un mismo modelo de Experiencias Nativas en ambos espacios”, explica el fundador del proyecto, Cristián Fernández.
Según su planteamiento, estas experiencias no pretenden reemplazar las asignaturas tradicionales, sino trabajar dimensiones que suelen quedar fuera del aula. “Apuntan a enseñar sobre autonomía, ética y ecología, las bases para una convivencia sana y hábitos saludables”, señala. En su mirada, muchos de los problemas de convivencia escolar requieren oportunidades para aprender a organizarse, colaborar y hacerse cargo de tareas reales, más que sumar horas de contenidos formales.
Las jornadas se organizan en estadías periódicas y prolongadas en terreno, como parte de un proceso de aprendizaje en la naturaleza. Allí los estudiantes cortan leña, levantan refugios, preparan alimentos y resuelven desafíos colectivos. La metodología —cuenta Fernández— se inspira en prácticas observadas en la vida rural y en el saber de comunidades del sur austral. “Volvemos a acciones intrínsecamente pedagógicas: cocinar, refugiarse, explorar, registrar, expresar, convivir”, resume. Cerca del 50% de quienes guían estas actividades son personas locales vinculadas al territorio y a los oficios de la zona.
Qué muestran los primeros resultados
En una década de trabajo con educación en Aysén, más de mil estudiantes han participado y hoy cerca de 200 niños y niñas del sector público asisten cada año a alguno de los programas. Una evaluación encargada por la fundación a un equipo de sociólogos señala que el 95,9% de los participantes considera las experiencias “fundamentales” para su desarrollo personal, mientras el 61,7% de los docentes observa impactos inmediatos y duraderos, especialmente en compañerismo, responsabilidad y relación con el entorno.
Fernández sostiene que en estos años se ha consolidado una metodología propia y un sistema de evaluación de las Experiencias Nativas capaz de medir cambios en hábitos, autonomía y convivencia. El siguiente paso, adelanta, es articular el SEPIN, Sistema de Evaluación Pedagógica Integral, que busca ampliar la mirada sobre el aprendizaje incorporando factores como ética, cuidado del medioambiente y desarrollo personal, dimensiones que hoy no siempre aparecen en los indicadores tradicionales.
Aprender a convivir fuera del aula
La propuesta también busca fortalecer el vínculo con el entorno inmediato. Fernández explica que el diseño de las actividades parte de la observación de la vida rural. “Las experiencias nativas se construyen observando cómo viven quienes habitan la ruralidad”, señala. Cerca del 50% de los facilitadores son personas locales, un aspecto que —según el fundador— permite que el aprendizaje tenga referencias cercanas y situadas.
El modelo abre un debate sobre el lugar de la experiencia en la educación contemporánea: cómo dialoga con el currículum oficial, de qué manera se integran las ciencias y la lectura, y qué rol tienen las comunidades en la transmisión de saberes. Por ahora, la iniciativa avanza como un laboratorio educativo desde el sur, con la convicción de que la educación en Aysén, basada en Experiencias Nativas y en el aprendizaje en la naturaleza, también es parte del futuro de la escuela.
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