Fue uno de los primeros chilenos en llegar a la cumbre del Everest y ahora es decano de una prestigiosa escuela de negocios
La inteligencia artificial y los cambios del mercado laboral están obligando a repensar la formación profesional. Juan Sebastián Montes, decano de la Escuela de Negocios de la UAI, explica cómo la “flexhabilidad”, las Artes Liberales y una oferta con más de 20 trayectorias están transformando Ingeniería Comercial.

Juan Sebastián Montes fue uno de los primeros latinoamericanos en alcanzar la cumbre del Everest, en 1992. Pero la montaña es solo una arista de una trayectoria poco convencional: es abogado de la Universidad de Chile, estudió Filosofía y realizó un doctorado en Administración y Dirección de Empresas en IESE Business School. Ha sido académico, ejecutivo, consultor y emprendedor; integró el primer gobierno de Sebastián Piñera y fue intendente de la Región de Los Lagos entre 2010 y 2012. Durante los últimos trece años vivió en Estados Unidos, donde fue profesor asociado de la Carroll School of Management de Boston College. En julio regresó a Chile para asumir como decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez.
Esa combinación de humanidades, negocios y experiencia práctica marca su mirada sobre la educación. Montes sostiene que las carreras chilenas siguen respondiendo a un modelo rígido y excesivamente especializado, pese a que la tecnología y el mercado laboral exigen trayectorias cada vez más flexibles. Frente a ese escenario, la UAI desarrolla el concepto de “flexhabilidad”: una formación que combina distintos recorridos académicos con habilidades transferibles para aprender, adaptarse y reinventarse durante la vida profesional.
Usted regresa a Chile después de trece años en Estados Unidos. Desde esa experiencia, ¿qué cambios observa en la educación superior?
Estuve en una universidad con una formación muy potente en Artes Liberales y me convencí de que es la adecuada para el siglo XXI. La idea de que una persona estudia una profesión y queda limitada solo a esa área ya no corresponde al mundo actual. Muchos van a terminar trabajando en actividades que hoy ni siquiera existen o que están muy alejadas de aquello que estudiaron originalmente. Por eso necesitamos una formación que entregue una base sólida, pero también la flexibilidad necesaria para incorporar y reemplazar conocimientos a lo largo de la vida.
Ingeniería Comercial continúa siendo una de las carreras con mayor matrícula en Chile. ¿Por qué necesita reinventarse?
No solo Ingeniería Comercial: todas las carreras en Chile necesitan reinventarse. Estamos desafiados por la inteligencia artificial, las transformaciones tecnológicas y un mercado laboral en el que muchas personas terminarán haciendo cosas distintas de aquellas para las que estudiaron. En Chile todavía predomina un modelo profesional muy estructurado, en el que mientras más larga sea una carrera y más asignaturas específicas incluya, supuestamente mejor es la formación. Pero seguir agregando cursos de una misma especialidad no necesariamente prepara mejor a una persona para un escenario cambiante. La universidad debe identificar los conocimientos fundamentales y dejar espacio para explorar y conectar disciplinas.
¿Qué papel cumplen las Artes Liberales en esa transformación?
Permiten establecer una base común para cualquier carrera. Una persona puede estudiar ingeniería, pero debe ser capaz de leer un libro, comprender sus argumentos, resumirlos de manera lógica, interpretar un gráfico y manejar un razonamiento cuantitativo básico. También necesita saber escribir, expresarse oralmente y escuchar una posición distinta. Las Artes Liberales desarrollan pensamiento crítico y capacidad de abstracción a través de la filosofía, la historia, la literatura y las ciencias. Sobre esa base se construye la formación profesional.
La UAI está desarrollando el concepto de “flexhabilidad”. ¿Cómo se expresa en la propuesta de Ingeniería Comercial?
La flexhabilidad combina dos dimensiones: habilidades fundamentales —como pensamiento crítico, comunicación, capacidad analítica y aprendizaje permanente— y una estructura flexible que permite construir distintas trayectorias desde una misma base. El modelo de Artes Liberales nos llevó a repensar la densidad de las carreras. Al reducir la sobrecarga de asignaturas específicas, abrimos espacio para especializaciones, electivos y conexiones con otras disciplinas. Ingeniería Comercial ofrece más de 20 salidas que permiten acercarse a áreas como diseño, derecho, ingeniería, analítica de datos o inteligencia artificial. Esa estructura también hace posibles las dobles titulaciones. Buscamos que el estudiante pueda moverse entre disciplinas y construir una trayectoria acorde con sus intereses y con un mercado laboral que será mucho menos lineal.
¿Reducir los cursos específicos no puede significar una formación profesional menos profunda?
No se trata de debilitar la carrera, sino de identificar qué conocimientos son esenciales. Ingeniería Comercial necesita una base de marketing, finanzas, operaciones y economía, pero no necesariamente una extensa secuencia de cursos en cada área. La universidad no debe intentar comprimir la historia completa del universo en una carrera: debe entregar los fundamentos y permitir que el estudiante siga construyendo sobre ellos.
La inteligencia artificial puede ahorrar mucho tiempo, pero hay que saber qué pedirle y cómo evaluar sus respuestas. ¿Qué papel cumple ahí el pensamiento crítico?
Cuando tienes pensamiento crítico, operas de igual a igual con la inteligencia artificial: vas iterando y afinando tu pensamiento mediante nuevas preguntas. Cuando no tienes pensamiento crítico, consultas algo, recibes una respuesta y la asumes como válida. Ahí se produce una “exportación cognitiva”: le traspasas a la máquina la función de pensar. Yo hago que mis alumnos utilicen inteligencia artificial. Puede reunir información y generar análisis, pero el pensamiento crítico lo aporta el ser humano: es quien debe preguntar de dónde provienen los datos, cuáles son las fuentes y si las conclusiones son correctas.
¿Cómo define al profesional que exigirá el mercado laboral?
Necesitamos profesionales con mayor “ancho de banda”, porque vamos a hacer muchas más cosas que aquellas que nos enseñaron originalmente. Además de entregar conocimientos, debemos enseñar a aprender. El profesional del futuro necesitará flexibilidad, capacidades analíticas, habilidades de comunicación, manejo de idiomas y capacidad para relacionarse con personas de distintas disciplinas y culturas. Deberá poder moverse entre industrias, incorporar nuevas herramientas y enfrentar problemas que no estaban definidos cuando comenzó sus estudios. La sociedad chilena sigue buscando la universidad tradicional y la carrera tradicional para un mercado laboral que hace bastante tiempo dejó de ser tradicional.
Usted ha planteado la necesidad de formar profesionales capaces de desenvolverse internacionalmente. ¿Qué implica eso?
Cuando pregunto a los estudiantes cuántos quisieran vivir o trabajar durante un periodo largo en el extranjero, prácticamente todos levantan la mano. Sus posibilidades laborales ya no están circunscritas a Chile y, por eso, necesitan una formación flexible. Tenemos que entregarles una suerte de pasaporte para convertirse en profesionales del mundo: manejar inglés, comunicarse adecuadamente, contar con capacidades analíticas y comprender otros contextos culturales. En la UAI tenemos, por ejemplo, International Management, un programa impartido completamente en inglés y con una demanda importante entre los estudiantes.
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