Lionel Messi se perdió entre la férrea marca de Chile y las grandes tapadas del capitán de la Roja

Lionel Messi celebra la apertura del marcador ante Chile. Pero la estrella de Barcelona nunca se sintió cómoda ante la ordenada marca de los chilenos. FOTO: REUTERS.

Pese a que anotó el gol argentino, su cuarto personal contra la Roja, la estrella del Barcelona nunca se sintió cómoda frente al inteligente planteamiento defensivo de Lasarte. La Pulga comenzó a la derecha, pero debió cambiar con Di María en busca de espacios, para terminar otra vez en la diestra. Entre Mena y Maripán no lo dejaron pensar con rapidez. Y cuando remató al arco obligó a tres tapadas notables del capitán del cuadro nacional.


Sería muy ingenuo hablar del partido de Lionel Messi desde el gol. Primero, porque fue mediante tiro penal. Luego, porque la estrella de Barcelona nunca se sintió cómoda frente la atosigante marca del equipo chileno en el empate 1-1 de Santiago del Estero.

Instalado en el sector derecho de la ofensiva transandina, La Pulga lentamente trató de meterse en el juego, con la maniobra de siempre. Tomar la pelota y ensayar la diagonal desde la diestra hasta el medio. No pasaron ni dos minutos para que lo lograra, pero Nicolás Tagliafico no pudo continuar la jugada para generar un verdadero peligro de gol.

Mientras sus compañeros trataban de encontrar los espacios para complicar al equipo de Martín Lasarte, el capitán no dejó de mostrar carácter. Fue uno de los que reclamó más airadamente la amarilla para Pablo Galdames y trató de incentivar a sus compañeros para sacar al equipo del fondo.

Recia marca

Pero el rosarino sintió la refriega del partido. Guillermo Maripán lo fue a buscar constantemente al medio, cuando Messi buscaba las respuestas, mientras recibía el duro castigo del central del Monaco.

Y es que Chile supo anular el juego de la figura de la Albiceleste. Cuando no bajaba Jean Meneses, en su zona de puntero izquierdo, era Eugenio Mena quien lo tomaba en su sector.

El tanto de penal le permitió respirar con un poco más de tranquilidad, pero Messi sabía donde estaba el problema. En plena celebración del gol habló con Ángel di María para hacer un cambio táctico: el Fideo se instaló como puntero derecho y su amigo se fue más al medio para tirarse un poco atrás, si el juego lo requería.

Sin embargo, seguía sin encontrarle la vuelta a la marcación de los chilenos. Una falta al borde del área le permitió intentar uno de los expedientes que más mejoró en la última temporada: el tiro libre. Pero su reate ajustado fue sacado en el ángulo por Claudio Bravo, cuando la banca argentina ya gritaba el gol, a, filo del entretiempo.

Desesperación

En el segundo tiempo, Messi entendió que debía comprometerse más en el juego. Entonces se le vio más activo en la generación de juego. Tanto que a veces asomó en el puesto del lateral derecho para frenar la seguridad de un equipo chileno cada vez más validado en el partido.

Entonces cambió la estrategia. Pidió menos la pelota, aunque sus compañeros no dejaron de buscarlo del todo. Hizo un jugo posicional que permitió más volumen ofensivo para el resto de sus hombres en ataque. Pero la muralla de la Roja no se quebró.

Un nuevo tiro libre, a los 80 minutos, pudo significar el gol de la ventaja para el local. La Pulga volvió a fallar. Su tiro iba bien colocado, pero esta vez pegó afuera en la escuadra de Bravo.

En los minutos finales volvió a los orígenes, se retrasó en la cancha y trató de habilitar a sus jugadores, a encarar y rematar. Lo tuvo a los 87 minutos, pero su remate desde fuera del área fue contenido a medias por el capitán de Chile.

En la siguiente jugada fue por más, se metió al área y sacó un derechazo poderoso que Bravo sacó con los puños. Fue la postal del epílogo del duelo, con dos protagonistas que compartieron camarín durante tres años en Barcelona.

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