Angela Merkel, la última batalla de la canciller alemana

La canciller alemana, Angela Merkel, saliendo del Bundestag. Foto: Europapress

Su imagen estaba desmejorada hasta que llegó el coronavirus y tuvo que sacar a relucir nuevamente su fortaleza y hacer gala de su doctorado en química cuántica.




Como una suerte de déjà vu, la canciller alemana Angela Merkel tomará el timón de la Unión Europea al asumir su país el miércoles la presidencia rotativa del Consejo bloque, tal como ocurrió en el primer semestre de 2007, cuando apenas llevaba dos años en el puesto. Esta vez, eso sí, lo hará cuando está de salida, luego de que anunciara que no se presentará a una reelección en 2021. Así, el mando de la UE será su última batalla.

Pero Merkel no tiene una tarea simple por delante, ya que la Unión Europea se encuentra en un estado más débil. No solo está golpeada por el Brexit, que ahora entra en una dura fase de negociaciones sobre el divorcio, sino que también se encuentra aturdida por el coronavirus, que expuso las debilidades de los países y también sus divisiones, que siempre salen a la luz en momentos de crisis. No menos importante son las estimaciones de crecimiento, ya que se espera que los países de la UE sufran una dolorosa contracción. Incluso en la misma Alemania, considerado el motor de Europa, el PIB se contrajo un 2,2% en el primer trimestre de este año y se espera que el país sufra una recesión histórica en 2020.

“La crisis del coronavirus ha expuesto muchas debilidades de la Unión Europea de una sola vez. Si miras la crisis financiera de 2008 y la crisis del euro, que mostró las debilidades de la divisa, la crisis de refugiados mostró la debilidad del sistema de fronteras interno, el sistema Schengen. Ahora, la Unión Europea está siendo amenazada desde su centro, que es su fortaleza económica. El desafío de Merkel es mantener la Unión Europea intacta, mantenerla viva”, señala a La Tercera Stefan Cornelius, periodista alemán del Süddeutsche Zeitung y autor de Angela Merkel, the Authorized Biography, un escritor que conoce bien a la mandataria y que es un observador de la política interna de su país y también de la de Europa.

La canciller alemana, Angela Merkel, en una conferencia conjunta con su par francés, Emmanuel Macron, anuncian un fondo de recuperación para la Unión Europea por el coronavirus en mayo. Foto: AP

“La decisión de establecer junto con Francia este inmenso fondo de recuperación (de US$ 750 mil millones), que es el primero en el mundo en comparación a otras regiones, fue un cambio significativo en el enfoque de Merkel hacia Europa. Por primera vez ella decidió elevar los niveles de deuda de Alemania, que se traduce en pagar más a la Unión Europea. Esto no significa que no haya un peligro, ya que se corre el riesgo de que la Unión Europea se puede romper por la crisis económica o, al menos, pone más presión políticamente y más países se pueden derrumbar. El fondo de recuperación es una operación de rescate inmensa. Creo que es la primera vez que de manera auténtica está tratando de mover a Europa más al centro, es un gran cambio de curso de dirección para ella”, añadió.

Para el renombrado cientista político alemán Gero Neugebauer, en esta oportunidad Merkel “no llega al trono como una líder que tiene una visión de Europa, como una unión política y económica que va más allá que la situación actual”. “Ella tiene que trabajar como mediadora para ser exitosa. Tendrá que remover obstáculos, como la poca disposición de algunos países a aceptar el fondo de recuperación para evitar las divisiones entre los países del bloque. También tendrá que reducir las tensiones entre algunos miembros, como Polonia y Hungría. Ella puede ser forzada a recular respecto de posturas que tenía Alemania, para mostrar que ya no será la reina de la UE a la fuerza. Su lema ‘Alemania primero’ ya no está en el pensamiento de Merkel”, explicó a La Tercera.

Antes de que llegara la pandemia del coronavirus a Alemania, Merkel era considerada una suerte de “pato cojo”. Se había visto muy dañada luego del revés sufrido por su política de fronteras abiertas en medio de la crisis de refugiados en 2015. Su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU), fue perdiendo terreno a medida que aumentaban las voces populistas. A eso se sumó que anunció que no buscaría una reelección en las elecciones del próximo año, luego renunció al liderazgo de su colectividad en 2018 -fue sucedida por Annegret Kramp-Karrenbauer, quien no ha logrado encantar a sus correligionarios- y para rematar se especuló sobre su estado de salud, debido a los temblores en sus manos y que en ciertos actos públicos debía permanecer sentada.

Amgela Merkel

Como si esto no fuera suficiente, en diciembre del año pasado fue duramente criticada, luego que un video viral mostrara a la canciller durante una celebración de su partido quitándole de las manos la bandera tricolor de Alemania a uno de sus correligionarios. Las imágenes correspondían a 2013, cuando la CDU había obtenido una victoria aplastante en los comicios (41,6%). Los analistas explicaron que Merkel había reaccionado así siendo fiel a su estilo, debido a que los alemanes solo usan la bandera en eventos deportivos. El uso de banderas y otros símbolos nacionales no se utilizan, en una reacción contundente contra la expansión del uso de banderas por parte de los nazis.

Su imagen estaba desmejorada hasta que llegó el coronavirus y tuvo que sacar a relucir nuevamente su fortaleza y hacer gala de su doctorado en química cuántica. Primero, tuvo que postergar su salida del gobierno programada para abril de este año a diciembre. De su habilidad de liderazgo hizo muestra el 18 de marzo pasado, cuando realizó un discurso televisado, algo muy inusual durante sus 15 años en el poder, debido a que solo emite discursos grabados una vez para el Año Nuevo. Sentada en su escritorio con la bandera de Alemania y de la Unión Europea de fondo y mirando a la cámara explicó los alcances del coronavirus. “Nuestra idea de normalidad, de vida pública, reuniones sociales, todo esto está siendo puesto a prueba como nunca antes”, dijo de forma muy calmada, aunque a ratos con cierta emoción. “Desde la Segunda Guerra Mundial que no ha habido un desafío para nuestro país en el que el espíritu de solidaridad es tan importante”, agregó en su alocución, que despertó los elogios a nivel mundial y que -según Cornelius- tiene que haber sido cuidadosamente elaborada. Alemania ha registrado 194.298 contagios y 9.026 muertos.

“Como exdoctora, Merkel está acostumbrada a actuar de manera sistemática, recolectó información, miró de cerca lo que ocurría en Italia y Francia, hasta que decidió actuar. En su discurso ella les habló a los alemanes de la severa situación que se avecinaba, la que crearía problemas y que solo sería resuelta si las personas y el gobierno actuaban juntos, confiaban mutuamente. Si bien ella fracasó en 2015 al comienzo de la crisis de refugiados para convencer a las personas de que los problemas se resuelven unidos, esta vez tuvo éxito. Una mayoría concuerda con eso y respalda al gobierno. Ella mejoró su imagen inmediatamente. Y como repentinamente acordó una mejorada cooperación con Francia, despejó las dudas sobre su disposición para fortalecer la Unión Europea también”, añadió Neugebauer.

La canciller alemana Angela Merkel en un televisor en una tienda en Berlín.

Su buen desempeño se está viendo traducido en las encuestas. Su colectividad, la CDU, y la filial bávara, CSU, aumentaron su respaldo a un 40% en un estudio realizado por ZDF Politbarometer divulgado el viernes. Se trata del mayor respaldo en casi tres años.

“Hacia finales del año pasado, Merkel estaba terminada, su tiempo como canciller se había acabado. Pero ella es una política hecha para las crisis. Ella no es una visionaria, alguien que vende nuevas ideas. Ella resuelve problemas. Es por eso que la crisis del coronavirus le dio su única oportunidad de desplegar sus talentos. Ella aprovechó el momento, deliberadamente y sin fanfarrea condujo a Alemania en sus momentos más complejos de la crisis y surgió como una líder en la que se puede confiar nuevamente. Esto explica su inmenso respaldo en las encuestas. Su discurso de marzo fue el momento clave de su regreso. Ahí reunió toda la confianza y la credibilidad. Sabía lo que tenía que decir durante el discurso. Fue una declaración de su vida política: si las cosas se vuelven complicadas, puedes confiar en mí”, concluyó Cornelius.

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