Audrey Tang, exministra digital de Taiwán: “La democracia es una tecnología social que mejora cuando más personas se esfuerzan por mejorarla juntas”

Audrey Tang, quien fue la primera ministra Digital de Taiwán.

Reconocida como una de las líderes de la IA en el mundo por revista Time, la exministra fue la arquitecta del exitoso modelo de democracia digital de su país, basado en la transparencia, la participación y la inclusión. Su experiencia la recoge en el libro colaborativo Plurality, del que hablará la próxima semana en Chile, invitada por fundación Pivotes.


Cuando tenía 15 años, Audrey Tang decidió retirarse de la escuela. Convenció a sus profesores de que internet era una mejor vía para educarse. Un año después creó su primera aplicación, un buscador de canciones en chino mandarín. Fue la primera de sus innovaciones digitales. En 2014, cuando comenzó la Revolución de los Girasoles en Taiwán y miles de estudiantes se tomaron el Congreso, Audrey Tang les envió un mail a sus socios de Socialtext, con sede en California: “La democracia me necesita”.

Durante 22 días, Audrey Tang conectó lo que ocurría en el Congreso con el mundo, a través de transmisiones abiertas. El movimiento estudiantil, que se oponía a un acuerdo comercial con China, fue un hito en la historia de Taiwán, así como en la vida de Audrey Tang.

-Fue una experiencia culminante en mi vida, ya que marcó la primera vez que vi el potencial de las herramientas digitales para mejorar los procesos democráticos; en lugar de una “transmisión amplia”, permitió una “escucha amplia” entre medio millón de manifestantes en las calles y muchos más en línea -dice hoy.

Audrey Tang fue invitada a colaborar con el gobierno. Dos años después asumió como la primera ministra de Asuntos Digitales de Taiwán. Y desde su cargo, impulsó la democracia digital basada en la participación, la transparencia y la inclusión. Todas las informaciones y actividades de gobierno, las reuniones ministeriales, se publicaban en la web. Audrey Tang mantenía las puertas abiertas de su oficina y solía recorrer Taiwán escuchando a los grupos civiles.

Gracias a la participación y a las aplicaciones colaborativas, Taiwán logró una de las respuestas más eficientes al desafío planteado por el Covid-19. A diferencia de las sociedades occidentales, donde internet y las redes sociales parecen en tensión con la democracia, el gobierno de Taipei demostraba que la colaboración es posible.

“Tang, la primera ministra abiertamente transgénero del mundo, jugó un papel fundamental en todo esto, primero como activista hacker y luego desde dentro del gobierno. Ahora, ella se aleja de sus deberes ministeriales para embarcarse en una gira mundial para promover las ideas que han florecido en Taiwán. Estas son ideas capturadas en Plurality, un libro del que Tang es coautor con E. Glen Weyl, un economista estadounidense de 39 años de Microsoft, y más de 100 colaboradores en línea”, escribió revista Time, en un perfil que la destacó como una líder global de la inteligencia artificial. Actualmente, Cynthia Wade, directora ganadora del Oscar, prepara un documental sobre su vida, Good Enough Ancestor.

En este contexto, Audrey Tang y Glen Weyl visitarán Santiago la próxima semana. Invitados por Pivotes, el centro de discusión presidido por Bernardo Larraín, dictarán la conferencia Tecnología y democracia, ¿aliados o enemigos?, el jueves 17, en el Hotel Hyatt Centric.

¿Cuál fue la lección que recibió de la Revolución de los Girasoles?

Como tecnólogos cívicos, aprendimos de la comunidad de facilitadores el ethos de la comunicación no violenta y los procesos deliberativos. Durante ese tiempo, innumerables jóvenes ayudaron a avanzar en este proceso, convirtiendo a una generación de personas políticamente apáticas en participantes activos de la sociedad civil. Esta experiencia reforzó mi creencia de que la democracia en sí misma es una tecnología social que mejora cuando más personas se esfuerzan por mejorarla juntas.

Al hablar de su rol como ministra digital, Audrey Tang cita un poema que escribió: “Cuando veamos un internet de cosas/ hagamos de él un internet de personas./ Cuando veamos una realidad virtual/ hagamos de ella una realidad personal/ Cuando veamos una máquina que aprende/ hagamos que a todos nos enseñe/ Cuando veamos experiencia de usuario/ hagamos de ella una experiencia de humanos./ Y cada vez que veamos que una particularidad anda cerca/ recordemos siempre que la pluralidad nos rodea”

¿En qué consiste la democracia digital?

En mandarín taiwanés, 數位 significa tanto “digital” como “plural”. La democracia digital permite que un conjunto diverso de personas participe en la toma de decisiones en tiempo real, más allá de simplemente votar cada pocos años. Ya sea compartiendo sentimientos, asignando presupuestos, proponiendo iniciativas o cocreando regulaciones, la democracia digital aumenta el ancho de banda de la democracia y reduce su latencia, aprovechando efectivamente los posibles conflictos para la cocreación, respondiendo a las necesidades de la población aquí y ahora.

Además del portal de participación join.gov.tw “que combina peticiones electrónicas, consultas sobre regulaciones y participación en presupuestos”, Tang destaca que “la comunidad g0v (gov-zero) ha desarrollado Cofacts, un sistema participativo de verificación de hechos que responde rápidamente tanto al contenido de tendencias de las redes sociales como a los mensajes de canales privados”.

A ello se suman innovadores sociales como Gogolook, MyGoPen y Trend Micro que han prosperado con apoyo público y han colaborado con sistemas de mensajería “que facilitan a los ciudadanos recibir respuestas rápidas y anónimas a información potencialmente engañosa”.

Todas esas práctias “han ayudado a Taiwán a combatir la ‘infodemia’ sin eliminar contenido, al igual que enfrentó la pandemia sin confinamientos. Esto culminó en las elecciones del 13 de enero de 2024, en las que la manipulación de información extranjera y la interferencia impulsada por IA no lograron polarizar ni influir en las elecciones”.

¿Cuál fue la clave de su éxito en pandemia?

Nuestras experiencias anteriores con el SARS también nos prepararon para actuar de manera rápida y efectiva. La clave de nuestro éxito durante la pandemia de Covid-19 fue confiar plenamente en las personas, con una comunicación transparente a través de informes diarios y una línea directa gratuita 1922.

El ejemplo mejor documentado fue la “Mask App”. Las mascarillas en Taiwán ya comenzaban a escasear a finales de enero, cuando gran parte del mundo apenas había oído hablar del Covid-19. Frustrados, los hackers cívicos liderados por Howard Wu desarrollaron una aplicación que aprovechaba los datos del gobierno, siguiendo prácticas de datos abiertos y transparentes reforzados por el movimiento g0v, para mapear la disponibilidad de mascarillas. Esto permitió a Taiwán lograr una adopción generalizada de mascarillas a mediados de febrero, incluso cuando los suministros de estas seguían siendo extremadamente limitados, debido a la falta de una respuesta de producción global a principios de 2020.

La transparencia resulta esencial para generar confianza, pero eventualmente puede estar en tensión con la protección de datos. ¿Cómo resolvieron esta controversia?

En Taiwán equilibramos la transparencia y la protección de datos haciendo que los datos y los procesos de toma de decisiones sean accesibles al público, mientras implementamos medidas estrictas de ciberseguridad. Los datos personales son anónimos y se usan de manera responsable para proteger la privacidad individual. Nos comprometemos continuamente con el público para mantener este equilibrio, construyendo sistemas que protejan la privacidad mientras promueven la transparencia.

La tecnología digital en Taiwán es un valioso socio para la democracia. El uso generalizado de internet ha aumentado las oportunidades para que las personas participen en procesos democráticos. La transparencia de los datos genera confianza, y la implementación de derechos humanos digitales ha mejorado la usabilidad de la infraestructura.

Cada vez más se considera que las redes sociales polarizan y erosionan la democracia. ¿Qué papel juegan en el modelo de democracia digital de Taiwán?

En Taiwán reconocemos los posibles aspectos antisociales de las redes sociales en la democracia. Aunque son plataformas para el intercambio de información y entretenimiento, también pueden fomentar la polarización. Para mitigar estos riesgos, preferimos el uso de plataformas transparentes y de código abierto, como PTT y Polis, para el discurso público y la colaboración, operadas por el ámbito académico y la sociedad civil en lugar de empresas con fines de lucro.

Nuestro enfoque está en crear espacios donde pueda ocurrir un diálogo significativo y respetuoso. Además, implementamos regulaciones para asegurar la rendición de cuentas y fomentar el uso responsable de las redes sociales. Como producto perjudicial para la ciberseguridad nacional, TikTok no está permitido en el sector público ni en las redes escolares.

¿Hasta qué punto es exportable el modelo de democracia digital de Taiwán?

El modelo de democracia digital de Taiwán utiliza un enfoque de “kit de herramientas” en lugar de un “manojo de llaves”, y, por lo tanto, es fácilmente adaptable a las necesidades y culturas locales. Por ejemplo, Cofacts.tw ha sido adoptado por Tailandia como el proyecto Cofact.org. De manera similar, SITRA en Finlandia ha realizado consultas nacionales con Polis, inspiradas en Taiwán, pero incluso más exitosas en términos de alcance.

“No dar confianza no logra confianza”: la implementación exitosa requiere voluntad política y que los servidores públicos confíen en los ciudadanos.

En las visiones más sombrías, la era digital oscila entre el capitalismo de vigilancia y el autoritarismo digital. ¿En qué se diferencia la democracia digital?

A diferencia del capitalismo de vigilancia, que explota los datos personales para obtener ganancias, o el autoritarismo digital, que utiliza la tecnología para el control, la democracia digital empodera a las personas comunes a través de tecnologías de código abierto que afirman los derechos.

La democracia digital se diferencia fundamentalmente al trabajar “con” las personas, no solo “para” las personas. Al centrarse en el uso ético y responsable de la tecnología, la democracia digital tiene como objetivo mejorar las libertades y los derechos en lugar de restringirlos.

¿Qué beneficios y riesgos advierte en el uso de la IA para la democracia?

Según la profesora Hélène Landemore (U. de Yale), la inteligencia artificial tiene el potencial de mejorar la democracia al proporcionar herramientas para escuchar a más personas de manera más fácil; traducción entre lenguajes no verbales, hablados y escritos; verificación de hechos (como demostró Cofacts con su integración de IA); agrupación y organización de argumentos, y resumen sin perder matices. Además, los modelos avanzados de IA pueden realizar un seguimiento de los intercambios y medir el grado de superposición en el contenido; evaluar la calidad de la deliberación; tomar “selfies cognitivos” de grupos deliberativos; compartir consensos entre grupos, y fomentar asambleas con ideas de alto potencial.

Por supuesto, para aprovechar los beneficios de la IA y mitigar los riesgos, debemos establecer pautas éticas, garantizar la transparencia en los algoritmos de IA y promover la comprensión pública de las tecnologías de IA. Deben existir regulaciones para evitar el mal uso y proteger los derechos individuales, asegurando que la IA sirva al interés público.

Plurality promueve la idea de un futuro de tecnología colaborativa y democracia. ¿Qué les diría a los escépticos que ven esta idea como una utopía?

A los escépticos les diría que si bien la visión de una democracia colaborativa impulsada por la tecnología podría parecer utópica, está fundamentada en ejemplos prácticos y reales. Según la profesora Aya de León (.U. California), podemos llamar a esta visión “Thrutopeana”. “No es distópica; no es utópica. Es una thrutopía donde las personas luchan contra los obstáculos para llegar al futuro que queremos”.

La experiencia de Taiwán muestra que con las herramientas adecuadas y el compromiso necesario, la democracia digital puede prosperar. Requiere un cambio cultural hacia la apertura, la confianza y la participación. Al comenzar con pequeños pasos tangibles y demostrar el éxito, podemos liberar el futuro juntos.

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