La ministra Gloria Ana Chevesich cultiva un bajo perfil, pese a haber investigado uno de los casos de corrupción más importantes de los últimos años. Hoy, en su rol de vocera, ya se perfila como la primera presidenta de la Corte Suprema en su historia.

"Volvió a casa, su señoría", le dijo un mítico oficial de sala de la Corte Suprema a la ministra Gloria Ana Chevesich mientras le daba un fuerte apretón de manos, en señal de felicitaciones. Era 2 de agosto de 2013 y hacía pocos minutos la magistrada había jurado como integrante del máximo tribunal del país. "Así es, ahora volvemos a trabajar juntos..., volví a mi casa", le respondió la nueva suprema al funcionario. Y es que la vida profesional de Chevesich en el Poder Judicial está circunscrita al Palacio de Tribunales, ubicado en pleno centro de Santiago, lugar del que nunca ha salido desde que ingresó, en junio de 1986, hace 33 años.

Su carrera al interior del Poder Judicial ha sido perfecta. Relató causas durante nueve años en la Corte de Apelaciones de Santiago, hasta que en marzo de 1995 fue nombrada como relatora en la Corte Suprema. Lya Cabello, fiscal judicial de la Corte Suprema, era compañera de Chevesich en la corte santiaguina durante esa época y recuerda que su ascenso fue un motivo de especial orgullo, pues ella era la más joven del grupo. "Para los relatores, el que Gloria Ana subiera tan rápido a relatar en la Corte Suprema fue muy importante. La única mujer anterior que había hecho eso era Gabriela Pérez, entonces fue un hito para nosotros", cuenta Cabello.

Cuando Chevesich ascendió a la Suprema como relatora tenía 37 años. Ya a esa altura era considerada la favorita de los supremos de la época, tanto así que, a poco andar, pasó a ser la relatora titular del pleno del máximo tribunal, un cargo codiciado por todos quienes aspiran a ser ministros. La confianza de los jerarcas del Poder Judicial quedó de manifiesto a mediados de 2000, cuando el entonces presidente de la instancia, Hernán Álvarez, le encomendó redactar la sentencia en que la Corte Suprema desaforó a Augusto Pinochet Ugarte para que fuera juzgado por los crímenes de lesa humanidad de la dictadura. En 53 páginas quedaron plasmados los argumentos de los supremos que accedieron a que se iniciara la causa penal en contra del entonces senador vitalicio. Aunque hizo aportes puntuales, la labor consistió esencialmente en ordenar los argumentos. En su dictamen, la joven relatora puso especial énfasis en que era imposible que Pinochet no supiera de las ejecuciones de la comitiva del general Sergio Arellano Stark en la Caravana de la Muerte. "Que si se considera la regla de la verticalidad del mando y que a la comisión del general Arellano se la dotó de todos los elementos logísticos necesarios para llevar a cabo su cometido y que ante los excesos producidos no hubo ninguna reacción ni sanción a los responsables, debe concluirse que la orden de proceder en la forma que se ejecutó debió haber sido decretada por el propio comandante en jefe de la época", dice el histórico fallo escrito por ella.

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Foto: Agencia UNO[/caption]

Dos años más tarde era nominada ministra de la Corte de Apelaciones de Santiago. Una vez investida fue cuando, el 21 de enero de 2003, el máximo tribunal puso en sus manos el caso que marcó su carrera: Chevesich fue designada para investigar el caso MOP-Gate, la mayor indagatoria por corrupción tras el retorno a la democracia.

A diferencia de otros magistrados que hacen carrera investigando en tribunales de primera instancia, Chevesich no tenía experiencia como jueza cuando recibió una arista que había descubierto el ministro Carlos Aránguiz -quien indagaba en Rancagua el "caso coimas"- y que involucraba acusaciones de pagos de sobresueldos a autoridades del gobierno de Ricardo Lagos. Un caso de corrupción complejo que amenazó uno de los sueños de la magistrada: llegar a ser ministra de la Corte Suprema.

La "señora MOP"

Los pocos que han logrado permear la esfera privada de Gloria Ana Chevesich la describen como una mujer que no pierde el control. Nunca la han visto exaltada, no es de levantar la voz y mantiene un trato cordial con abogados y relatores. Cuando algo le molesta, lo hace saber, pero en privado. Son aún menos los que saben detalles de su vida íntima. Su padre murió a los 74 años producto de una insuficiencia renal. El deceso se produjo en 1977, el mismo año en que ella ingresó a estudiar Derecho en la Universidad de Chile. En ese lugar conoció a quien sería su marido, el abogado masón Andrés de la Maza Camus, con quien se casó y tuvo dos hijas: Josefina y Francisca. La primera se dedicó al arte y la segunda siguió los pasos de sus padres y es relatora en la Corte de Valparaíso.

Con el mismo celo con que guarda su vida privada trató las diligencias del caso MOP-Gate. Su oficina tenía solo dos llaves, una para ella y otra para su actuaria. La información era compartimentada para evitar filtraciones; ella trabajaba solo en dos computadores y solo un policía tenía acceso a uno de esos equipos. Por esa permanente discreción fue que le dolió tanto que se difundiera la cita que sostuvo con el presidente de la Corte Suprema Marcos Libedinsky, que hasta ese minuto se había mantenido en secreto.

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8 de Agosto del 2019/SANTIAGO

La Ministra de la corte Suprema, Gloria Ana Chevesich, camina por el palacio de Tribunales.

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO[/caption]

En mayo de 2004, La Tercera develó que la máxima autoridad del Poder Judicial había llamado a Chevesich a una reunión en su domicilio cinco meses antes, en febrero. En el sumario que se abrió tras conocerse ese encuentro, ella declaró que Libedinsky no le adelantó de qué se trataba la cita y que pensó que podía ser un ofrecimiento académico o de interés laboral, pues pese a conocerse desde hace décadas, no mantenían una relación de amistad. Ella llegó al lugar junto a su esposo -quien habitualmente la trasladaba a sus diferentes actividades- y la esperó en el hall del departamento. En esa oportunidad, según relató la propia jueza, "el señor Libedinsky me expresó que altos personeros de gobierno le habían manifestado que estaban preocupados por las últimas publicaciones periodísticas y que ello podía deberse a filtraciones a los medios de prensa de los antecedentes que el tribunal custodia".

En el proceso disciplinario, la magistrada le confesó al ministro instructor Milton Juica sentirse "amargada". El sumario no solo abordó la cita en casa de Libedinsky, sino, además, las acusaciones y trascendidos de prensa respecto de que su marido, De la Maza, era quien presuntamente habría filtrado la existencia de ese encuentro. Chevesich negó dicha situación y lo hizo con aún más dureza cuando el presidente de la Suprema insinuó que la filtración pudo responder a que su matrimonio pasaba por un mal momento. Junto con descartarlo tajantemente, Chevesich aseguró que no lograba explicarse "qué se persigue con dichas publicaciones" que afectaban su honorabilidad y la de su cónyuge. De la Maza también declaró en el sumario y negó la acusación, revelando que su esposa estaba herida por la actitud de Libedinsky. "La verdad es que su molestia se ha producido con la actitud del señor presidente, que no ha asumido directamente la responsabilidad que le corresponde por los actos que ha realizado con respecto a las reuniones y el sentido de ellas. Ella se ve enfrentada actualmente a una situación que la hace ver como desleal, lo que la hiere profundamente", declaró el abogado.

La situación llevó a Chevesich a escribir una carta al pleno para explicar su versión de los hechos y en ella develó una reunión anterior con Libedinsky. Sin mencionarlo, aseguró que "en el segundo trimestre del año 2003, en una fecha que no recuerdo, me visitó en mi residencia un ministro de la excelentísima Corte Suprema, pidiéndome a nombre del gobierno que no citara a declarar al Presidente de la República (Ricardo Lagos), por las connotaciones políticas que ello podría acarrear".

Chevesich dijo nunca haberse sentido presionada, por lo que siempre aclaró a sus superiores que lo suyo no era una denuncia, sino solo dejar de manifiesto situaciones irregulares que había callado. Quienes conocieron el episodio dicen que la retrata por completo. Pese al aprecio y admiración que sentía por Libedinsky -de quien fue ayudante en la universidad- decidió transparentar todo. "La probidad y la transparencia de sus actos Chevesich las lleva al extremo. Otro juez habría callado; ella no, arriesgándose a -quizás- dejar de ser la favorita de la Suprema", comenta uno de sus compañeros en la corte santiaguina por esos años.

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8 de Agosto del 2019/SANTIAGO

La Ministra de la corte Suprema, Gloria Ana Chevesich, camina por el palacio de Tribunales.

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO[/caption]

A ese episodio se sumó -declara ella en el sumario- una entrevista al entonces ministro de Justicia, Luis Bates, quien tras opinar que en Chile había jueces "buenos, regulares y malos" se refirió a ella como "la señora MOP". Sobre el punto, Chevesich declaró que "en cuanto el efecto que pudo haber provocado en mi trabajo las opiniones expresada por Bates (...), sin perjuicio de considerar que esas expresiones son inadecuadas y no corresponden a una autoridad como la que representa el señor Bates, manifiesto que no han influido en mi trabajo y, por lo tanto, no me siento presionada".

El 6 de julio de ese año, la Corte Suprema sobreseyó la investigación administrativa, determinando que hubo imprudencia por parte de Libedinsky, pero dejándolo sin sanción, pues no se habría configurado una presión indebida. El pleno daba vuelta la página.

Apenas dos semanas después se produciría la repentina muerte de De la Maza. Un fulminante cáncer cerebral provocó su deceso el 22 de julio de 2004, a los 50 años. Una publicación de El Mercurio de esa época asegura que el abogado, muy cercano a las filosofías orientales (escribió siete libros de circulación privada), pregonaba que moriría a los 50 años. Y así fue.

Así se sellaba uno de los años más duros para quien, en esa época, fue caracterizada en perfiles periodísticos como "la jueza de hierro".

Irrupción en la Suprema

Cuando el Presidente Sebastián Piñera propuso a Chevesich como ministra de la Corte Suprema, las heridas aún estaban abiertas para algunos personeros de la ex Concertación. Su rol en el MOP-Gate era resentido por un sector que le negó la unanimidad, pese a que era la favorita de la quina elaborada por la Suprema. Ese año, al igual que los anteriores, Chevesich había sido calificada con nota 6,9. En el Senado obtuvo 26 votos a favor, cinco en contra (entre ellos el de Ricardo Lagos Weber, hijo del expresidente Lagos) y cinco abstenciones. Su nombre logró el quórum para subir a la cúspide de la carrera judicial.

La irrupción de Chevesich en la Corte Suprema se hizo notar rápidamente. Como integrante de la Sala Laboral, fue la principal promotora del apego del derecho laboral a los tratados internacionales de derechos humanos en la materia. En un seminario organizado por el Poder Judicial, la ministra describió así la jurisprudencia que se ha asentado en su sala: "Se puede observar que existe una estrecha relación entre la aplicación del derecho laboral y el derecho internacional de los derechos humanos y cómo ambas ramas constituyen herramientas esenciales para que tribunales cumplan con su obligación de amparar a las personas ante cualquier amenaza o vulneración de sus derechos, específicos y no específicos".

El juez laboral Álvaro Flores asegura que Chevesich, más que cualquier otro magistrado en esa sala, "ha sido de una importancia fundamental para la reorientación hacia líneas jurisprudenciales estables. Desde 2014 que se reconoce por los especialistas y jueces de trabajo, basadas en la tutela de los derechos laborales consagrados en las normas legales y principios laborales de la especialidad, marcando una diferencia con la sala precedente encabezada por Patricio Valdés, que era, si se puede decir de una forma gráfica, más proclive a proteger los intereses del empresariado". La apertura a que funcionarios públicos pudieran recurrir de tutela ante tribunales laborales fue impulsada por esta sala integrada por Chevesich, quien hizo un magíster en la Universidad Adolfo Ibáñez sobre Derecho Laboral.

En los plenos, dicen sus compañeros, habla poco. Pero cuando lo hace es para defender férreamente una idea. Así lo hizo cuando -según algunos supremos- manifestó su molestia por la declaración de la Tercera Sala cuestionando un fallo del Tribunal Constitucional sobre tutela de una funcionaria pública que debía, finalmente, ser resuelta por su sala. Ahí algunos recuerdan que interpeló a la ministra Ángela Vivanco por haber emitido un comunicado defendiendo su sentencia sin consultar al pleno.

Pese a los bandos que se manifiestan de vez en cuando en el seno de la Corte Suprema, Chevesich es considerada una de las más cercanas al grupo que es liderado por Haroldo Brito y el actual presidente del máximo tribunal, Guillermo Silva. Dicen que solo por el afecto que tiene por este último aceptó ser la vocera de su gestión. Chevesich nunca ha dado una entrevista. Nunca lo hizo por el caso MOP, y añaden sus cercanos que mantendrá la idea de no cruzar la línea de lo personal. Actuará como portavoz de lo que decida el pleno y evitará opiniones personales.

No pocos dicen, en los pasillos de tribunales, que es una especie de ensayo de lo que viene. Si se sigue respetando la tradición de antigüedad vendrán dos presidencias más de jueces hombres. Después, sin embargo, y debido a la jubilación de las magistradas más antiguas que la preceden, es casi seguro que Chevesich haga historia en el Poder Judicial, una vez más, como la mujer presidenta de la Corte Suprema. Un hito que se corresponde con su trayectoria, pero que, paradójicamente, la obligará a asumir ese protagonismo que siempre evitó.

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