Columna de Alejandro Tapia: Wiphalas, biblias y caos en Bolivia

Protesta contra el Gobierno provisional de Bolivia, en La Paz

FOTO: EFE



Dijo que su deseo era quedarse en Bolivia, para "combatir hasta el final", pero que un golpe lo obligó a tomar un avión con destino a México. Evo Morales, que llevaba 14 años en el poder hasta que el domingo pasado anunció su renuncia en medio de un estallido social provocado por la manipulación de los votos en las elecciones del 20 de octubre, ahora pretende regresar a su país para ayudar a pacificarlo. Pero sus partidarios no han querido ceder y se han rebelado contra el gobierno interino, presidido por la exsenadora Jeanine Áñez, a quien acusan de haberse autoproclamado, ya que asumió sin quórum en el Senado. El martes, apenas tomó la Presidencia, Áñez repuso símbolos católicos (juró Biblia en mano), pese a que Bolivia es un Estado laico desde 2009, mientras la policía quitaba la wiphala (emblema indígena) de sus uniformes y edificios públicos, lo que profundizó la polarización.

Durante buena parte de la semana, los seguidores de Evo y la antigua oposición se enfrentaron a palos en las calles de ciudades como La Paz y El Alto, mientras Áñez inició la tarde del jueves negociaciones con el Movimiento Al Socialismo (MAS), el partido de Morales. La idea es ajustar cuanto antes la fecha de las elecciones, donde Evo no podrá participar.

Quienes sí ya definieron su futuro en las urnas fueron los españoles, que votaron por segunda vez en lo que va del año. La ciudadanía le dio el triunfo al gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE), de Pedro Sánchez, que como no obtuvo una mayoría, se vio obligado a pactar un gobierno de coalición con Juntas Podemos, de Pablo Iglesias. "El nuevo gobierno será rotundamente progresista", anunció el martes el presidente en funciones, mientras que dos días más tarde su nuevo socio apuntó: "Vamos a gobernar en minoría dentro de un Ejecutivo compartido con el PSOE, en el que nos encontraremos con muchos límites y contradicciones, y en el que tendremos que ceder en muchas cosas". El otro elemento inédito de las elecciones fue el creciente apoyo de los ultraderechistas de Vox, que pasaron de 24 escaños en abril a 52 en estos comicios.

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