Columna de Paula Escobar: Armar conflictos a destiempo



El anuncio del Presidente Piñera de que convocará a exparlamentarios, académicos y expertos para analizar modificaciones a cómo el Parlamento determina las inadmisibilidades de las iniciativas que excederían las facultades de los legisladores no pudo venir en peor momento o de peor forma.

Si bien su objetivo es de la mayor relevancia -asegurar el imperio de la ley y el respeto a la Constitución y las leyes-, la fórmula y el timing que escogió, lejos de reforzar las incipientes señales de diálogo y acuerdos, las perjudicó. Lo cual, en el momento que vivimos, es un error no forzado, no aceptable. La oposición resintió la intromisión en los dominios del Poder Legislativo y, transversalmente, le cerró la puerta al proyecto. En Chile Vamos también hubo sectores con inquietud por esta iniciativa.

Esto es particularmente trágico, porque justo antes de este episodio había buenas razones para sentir que -en medio de la grave polarización y clima de conflicto- se empezaba ver alguna luz, aunque fuera débil e incipiente, al final del túnel.

Veamos las señales de avance.

Primero: al acuerdo del 15 de noviembre, que sacó al país de la mayor crisis política desde el retorno a la democracia, se sumó un cierto consenso a la idea de que el plebiscito de octubre va sí o sí, salvo que razones estrictamente sanitarias y graves lo desaconsejaran. Se habían apagado, de cierta manera, las voces que intentaron “pasar de largo” con el plebiscito. Recordemos que hasta el Presidente Piñera planteó que “por razones económicas” podría pensarse en ello. El expresidente Lagos cerró el debate cuando dijo que “justamente porque hay pandemia hay que hacer el plebiscito”.

Segundo: el gran acuerdo económico, basado en el trabajo expedito, de calidad y transversal de 16 economistas, hizo posible que se dejara de dar bonos y cajas “por goteo” y se enfrentara esta gran catástrofe con mirada país, y con medidas de la envergadura que una crisis como esta requiere, utilizando los 12 mil millones de dólares del Fees.

Tercero: el cambio de ministro de Salud. Aunque lleva solo semanas en el cargo, Enrique Paris ha mostrado superávit ahí donde Mañalich arrojaba solo déficit. Capacidad de diálogo, para partir. Es un ministro que, por fin, se abrió a hablar con organizaciones, personas, expertos, centros de estudios como Espacio Público (¡cuánto le debemos a ese grupo liderado por Eduardo Engel!), mientras que Jaime Mañalich se dedicaba a combatirlos y descalificarlos. Además, decidió por fin mostrar todos los datos, ponerse rojo de una vez y tener una contabilidad de contagios y muertes lo más transparente posible, reduciendo el espacio de ambigüedades o confusiones. Por último, Paris ha cambiado esa narrativa “ganadora” de que vamos mejor que tales o cuales países, que estamos ganando tal índice. Al revés, nos puso en nuestro lugar al decir que el aplanamiento de la curva será un anuncio retrospectivo, que la situación es grave, que no se puede relajar ninguna medida.

Estos tres hechos constituyen señales preciadas de esperanza, luces dentro del pesimismo en que estábamos sumidos, viviendo estas largas, desgastadoras -e insuficientes hasta ahora- cuarentenas.

El Presidente Piñera debió leer ese ambiente y hacerse parte de ese clima de acuerdos. Pero eligió, incomprensiblemente, lo contrario: el conflicto.

Por lo demás, ya su comisión de expertos partió con el pie izquierdo. La oposición le cerró la puerta y expertos constitucionalistas prominentes la han criticado. Reitero, no porque el objetivo no sea importantísimo, sino porque la fórmula y su timing son un paso en falso para resolver el problema y, además, un nuevo obstáculo en el camino a la restauración de la confianza y el diálogo, que son imprescindibles hoy.

Esta es una fase de nuestra historia que requiere que el Presidente haga una evolución en su liderazgo. Para lograr reforzar el entendimiento, debe liderar con el ejemplo y no alienar a quienes tiene de contraparte. ¿Qué habría pasado si, en vez, por ejemplo, de haberle dado un portazo al proyecto de posnatal que muchos de sus propios partidarios impulsaron, se hubiera intentado llegar a un acuerdo para darle el patrocinio? ¿No sería mejor que en vez del choque se hubiese buscado una solución intermedia consensuada?

La firmeza y la fortaleza de un gobernante no están en la ubicuidad mediática o en golpes de autoridad con aroma a revancha y peleas de poder.

Esos son paradigmas de otras eras, y el Covid-19 requiere el mayor esfuerzo por dejarlas atrás.

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