Diálogos de paz: el trabajo silencioso del Centro Nansen en La Araucanía

Los talleres de conversación que inició el centro noruego el mes pasado abren una luz de esperanza para los habitantes de la región. Desprenderse de los prejuicios y aprender a escuchar han sido las primeras enseñanzas de un proceso largo que aspira a reparar las relaciones en la comunidad.




Salió unos días de la región. Viajó al norte. Cuando volvía por tierra, se encontró con tropas armadas custodiando el ingreso. Fue una sensación extraña, en parte triste. De cierto modo, el historiador Jorge Pinto sintió que retrocedía en el tiempo. “Llevar a los militares me hizo pensar en el siglo XIX: el Estado ocupando el territorio. El estado de excepción y la militarización son la evidencia del gran fracaso del Estado en el conflicto con el pueblo mapuche”, dice.

Premio nacional de Historia y académico de la U. Católica de Temuco, Pinto argumenta que se necesita otra lógica para abordar el problema. Una lógica más bien basada en la conversación, en escuchar al otro, como lo propone el Centro Nansen para la Paz y el Diálogo, de Noruega.

A fines de julio, los rectores de ocho universidades regionales -desde la Ufro a la UC, Santo Tomás y Autónoma de Temuco, entre otras- convocaron a un proceso de diálogo urgente para reparar y reconstruir las relaciones entre el pueblo mapuche, la sociedad y el Estado. “Estamos convencidos de que un proceso de diálogo puede ser transformador, y en un clima de respeto y humildad se puedan expresar libremente las distintas posiciones, intereses y necesidades de las personas”, decía la carta firmada por las autoridades universitarias y el obispo de Temuco, Héctor Vargas.

La misiva sugería la coordinación del Centro Nansen, que en atención a su experiencia podía garantizar estándares de calidad, transparencia e imparcialidad. La fundación noruega aceptó la invitación y en agosto visitó la zona.

Dirigido por el chileno Alfredo Zamudio, el centro se especializa en facilitar procesos de diálogo en situaciones de conflicto. En octubre, el equipo de Nansen dirigió el primer taller de inducción al diálogo, en el que participaron 140 personas, en siete instituciones en forma simultánea.

Entre los invitados estaba Jorge Pinto. “Fue una experiencia muy positiva, que convocó a amplios sectores y que buscaba entregar herramientas para el diálogo. Valoro mucho la decisión de los rectores y el trabajo de Nansen, que busca ir restableciendo las confianzas”, dice.

El viernes pasado, luego de una de las noches más violentas vividas en la zona, la idea del diálogo podría sonar extravagante, disociada de un contexto de confrontación, ataques armados e incendiarios que han dejado muertos, heridos y propiedades en ruinas.

“Sabemos que un ciclo de talleres para mejorar habilidades del diálogo no aborda necesariamente los problemas de fondo, pero quienes han participado nos han contado que en su entorno y en sus realidades estas habilidades para dialogar son útiles para generar espacios de confianza y mejor comprensión del otro”, declararon los rectores en una carta difundida el viernes (subtítulo final).

El Centro Nansen ha realizado intervenciones y capacitaciones en Afganistán, Kenia y en comunidades de los Balcanes. Su trabajo se basa en la disposición a escuchar, y en ese sentido se distingue de las tareas de negociación: “Diálogo no es negociación. Mientras que la negociación sirve para hacerse cargo de lo urgente, el diálogo sirve para construir confianza y entender qué hay debajo de los problemas y cuál es el impacto”, explicó Zamudio a La Tercera en mayo. “Si realmente se desean cambios profundos, hay que tomarse el tiempo necesario para conversar sobre lo que hubo, sobre lo que hay y sobre lo que puede ser”.

En ese sentido, agregó, “el diálogo es para valientes, porque hay que atreverse a pensar que tal vez cambies de opinión. Tenemos que pensar fuera de la caja, ir a conversar donde nunca se ha ido, entender cómo vive y cómo siente la otra persona. Cuando hay dolor e historias no escuchadas, las desconfianzas pueden ser profundas”.

Y este es el caso en Arauco y La Araucanía.

“Hay prejuicios, prejuicios hacia los mapuches y de los mapuches hacia los blancos. Y también hay miedo. No tenemos una sana convivencia”, dice Daniela Leigh, terapeuta y dueña del Spa Vive Sano de Victoria, quien participó en el taller en la Universidad Arturo Prat de su ciudad.

R Alfredo Zamudio, director del Centro Nansen para la Paz y el Diálogo de Noruega. Foto: Kai Nygaard.

Caras de esperanza

Los rostros eran muy diversos. En su conjunto, los invitados de las universidades al primer taller Nansen representaban una amplia gama de ámbitos de la región. “Había invitados de los distintos sectores de la sociedad, de los sectores productivos, agrícolas, académicos, políticos, mapuches y no mapuches”, recuerda Francisco Ljubetic, exfiscal regional y actual vicedecano de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Temuco.

Aquella mañana, la primera de tres largas jornadas, los siete centros estaban conectados en línea, recibieron la bienvenida de Alfredo Zamudio y comenzaron a escuchar las primeras reflexiones en torno al valor del diálogo y las aptitudes necesarias para que prospere. Reunidos en grupos de 25 personas aproximadamente en cada institución, los invitados escucharon ideas como esta:

“Dialogar no significa aceptar lo que es injusto. Hablar con el otro no es igual a la claudicación de los ideales o derechos. Dialogar es una forma de comunicación que se centra en comprender al otro, en lugar de intentar convencerlo de que tú tienes la razón. El diálogo no se trata de aceptar lo inaceptable, de justificar crímenes, ni de olvidar, sino que entender el punto de vista del otro y también decirle todo lo que tú tienes que decir”.

Si bien la convocatoria logró alta recepción, al comienzo algunos observaron cierto escepticismo. “Al principio había bastante escepticismo, pero al final del tercer día se llegó a la conclusión de que sí logramos un aprendizaje: cómo dialogar con posiciones antagónicas, no solo sentarse a la mesa, sino sacarse los escudos de los prejuicios y tender puentes”, dice Jaime Huenchuñir, presidente de la Confederación Económica Mapuche.

En su grupo, Huenchuñir se encontró con posturas muy distantes, entre quienes apoyan la militarización de la zona y quienes están en contra y respaldan a los grupos radicales. Aun así, dice, fueron capaces de escuchar.

“Entre los invitados había un emprendedor mapuche que lo perdió todo por el ataque de otros mapuches. El primer día, esa persona decía qué hago acá, vine porque me invitaron, pero el diálogo no consigue nada, hay que poner mano dura. Al final del tercer día, esa misma persona dijo que aprendió que a través del diálogo se pueden conseguir soluciones más duraderas y de fondo. Eso genera un cambio”, afirma Huenchuñir.

El exfiscal Francisco Ljubetic comparte esa impresión. Para el abogado, la experiencia del taller “demostró que la posibilidad de reunirnos y trabajar en conjunto es posible y que las diferentes realidades, a veces con intereses contrapuestos, pudieron expresarse con respeto, y les abrió los ojos a muchos en cuanto a que a través del diálogo es posible alcanzar entendimientos”.

Al cierre del seminario, Alfredo Zamudio reconocía que el mensaje había logrado calar en los participantes. “He visto caras de esperanza, de ganas de seguir conversando, incluso con personas que tienen posturas muy distintas. Reconstruir la confianza toma tiempo, pero se empieza escuchando con respeto las historias que traen las personas a espacios como estos”, dijo a la Ufro.

El mes pasado el Centro Nansen inició sus primeras capacitaciones en La Araucanía.

Problemas concretos

Cuando recibió la invitación al taller, Daniela Leigh se ilusionó: sintió que era una luz en medio de la niebla. “Me pareció súper necesario, porque esta situación está afectando a muchas personas. Es una instancia muy valiosa, porque no se había dado antes. La modalidad es muy bonita, con respeto, escuchar y abrirse a entender la historia del otro, pero me quedé con la sensación de que no tocamos los temas de fondo, los problemas reales que nos afectan”, dice.

Formada como instructora de yoga, Daniela Leigh administra un centro de terapias en Victoria. Vive en los alrededores de la ciudad, en el campo, y a veces tiene dificultades para llegar a su trabajo, porque los caminos están cortados. Como en los diferentes grupos, en el suyo compartió con una veintena de personas de distintos sectores. “Había agricultores, dirigentes mapuches, representantes de las forestales, personas con diferentes historias de vida, pero no se podía hablar de los problemas concretos. El método Nansen es muy inteligente, no busca ganar algo, sino escuchar al otro, pero no pudimos ponerlo en práctica. Estábamos contenidos”, cuenta.

En un sentido, Daniela Leigh sintió que se pudo aprovechar más y mejor ese espacio hasta ahora inédito. “Nos enseñaron lo que se puede lograr con este método, por ejemplo en Sudán, donde lograron la participación de las mujeres en la junta de autoridades. Eso nos da una esperanza de que aquí se puede transformar en algo positivo. Pero yo me quedé con una sensación de pena, que teniendo este momento de juntar a personas que nunca antes se habían reunido, no pudimos hacer uso de lo que nos enseñaron”.

Desde un inicio, en todo caso, Nansen advirtió que no venía a ofrecer una mesa de diálogo. “Entiendo que algunas personas hayan sentido esa desilusión, pero no era el propósito del taller, el objetivo era entregarnos competencias, destrezas, enseñarnos a iniciar el diálogo como una vía de solución de conflictos”, dice el historiador Jorge Pinto.

Esta es la etapa previa, acota Francisco Ljubetic. “Es la primera etapa para emprender un camino, un proceso. No éramos nosotros las personas involucradas directamente en el conflicto, sino personas que somos afectadas de distinta forma y pudimos conocer cómo el diálogo puede llevar a escenarios donde es posible encontrar la pacificación”, dice, y valora el efecto de irradiación que pueden conseguir.

“Nansen va a seguir con otros grupos y va a permitir que un número cada vez mayor de personas estén capacitadas para promover el diálogo”, destaca el abogado.

El alcalde de Temuco, Roberto Neira, respalda la iniciativa nacida de las universidades, ante lo que considera el fracaso del Estado. “Los rectores han sido extremadamente valientes, asumieron un rol político, un rol que les corresponde a los gobiernos. Y llamaron a un organismo internacional, lo que ningún gobierno se atreve a hacer, porque es reconocer la derrota”, dice.

Recientemente electo, el alcalde PPD participó también de los talleres y cree que este es el camino para lograr acuerdos. “Los alcaldes vamos a estar en segunda o tercera fila, pero es lo que hay que apoyar. No es una tarea fácil, pero lo que no se ha solucionado en años, no podemos pretender solucionarlo en unos meses”, afirma.

En las actividades grupales participan distintas organizaciones y líderes de la región.

Protagonistas de la historia

Hoy la solución parece aún lejana y las divisiones atraviesan la sociedad, incluyendo las comunidades mapuches, desde los grupos armados y radicales hasta los más moderados. Todos comparten un deseo común, dice Jaime Huenchuñir. “En el fondo estamos de acuerdo que hay que resolver un tema de territorios, derechos políticos, de reconocimiento de cultura y desarrollo económico”, relata. “Diferimos en la forma de lograrlo. Los grupos radicales creen en la vía violenta; yo no estoy de acuerdo. Pero ellos me dicen peñi, qué hemos conseguido con la política. Yo les digo que el poder real y lo que nos fue arrebatado es el poder económico. A través del poder económico vamos a tener nuestros propios representantes y no vamos a depender de los partidos”, dice el empresario mapuche que promueve una Zona Franca en la región.

Para el exfiscal Ljubetic, un paso indispensable es que los grupos armados depongan la violencia. “Para conversar, hay que deponer las armas. Cuando la violencia es verbal o escrita, uno puede tener la oportunidad de escuchar y entender al otro. Pero cuando el otro no quiere dialogar, no es posible. Lo primero es el desarme”.

Más allá del estado de excepción y las armas, el alcalde de Temuco cree que hay un tema más de fondo que aún no se aborda: la pobreza de la región. “Que un grupo de personas de la región y la provincia de Arauco deciden salirse de la institucionalidad y tomar la fuerza no es porque se les ocurrió. Este es un arrastre de circunstancias históricas. Algo pasa que a pesar de todo lo que se ha hecho, de todo lo que se ha invertido, los recursos, los militares, no lo hemos logrado”, resalta Neira.

El historiador Jorge Pinto dice que en estos momentos el entendimiento es difícil, el escenario es muy delicado. En su opinión, la intervención militar ha agudizado el conflicto, pero confía en los oficios de Nansen. “Nansen está haciendo gestiones que desconocemos, y es mejor que así sea, que tenga la menor difusión posible. Es extraordinariamente difícil, pero la solución tenemos que encontrarla nosotros. Nosotros somos los protagonistas de la historia, este problema no lo va a resolver Santiago”, dice, y añade: “Desde el siglo XIX, el Estado ha causado mucho daño, trajo progreso, pero también mucho dolor. Esta es una región muy castigada producto de la acción estatal. La clase política no ha tenido la disposición ni la voluntad de enfrentar los conflictos, corregir los errores y asumir la deuda histórica con el pueblo mapuche”.

Siete universidades participan en las capacitaciones: Universidad Católica de Temuco, Universidad de la Frontera, Universidad Autónoma, Universidad Santo Tomás, Universidad Católica Campus Villarrica, Universidad Mayor y la Universidad Arturo Prat.

Carta de los rectores: Tres pilares para el diálogo en La Araucanía

Como universidades de La Araucanía nos preocupan profundamente las situaciones de conflicto que afectan a nuestra región. Es por tal motivo que realizamos un llamado a un proceso de diálogo, para reparar y reconstruir las relaciones entre el pueblo mapuche, la sociedad chilena y sus instituciones. Entendemos el diálogo como un proceso en que los participantes, con respeto mutuo, comunican pensamientos, sentimientos y deseos.

Se necesitan tres pilares para transformar situaciones de alta complejidad de convivencia social que se han visto con sus confianzas trizadas: capacidades, conocimientos y voluntades políticas. ¿Cuál de estos pilares tomará más tiempo construir?

Creemos que en este momento lo más lejano y que tomará más tiempo es movilizar las voluntades políticas. Lo más cercano es trabajar con las capacidades y los conocimientos.

En nuestro llamado invitamos al Centro Nansen para la Paz y el Diálogo, de Noruega, para colaborar con los primeros pasos. El centro utiliza la pedagogía del diálogo como una metodología para crear espacios donde se construya confianza entre actores diversos.

En atención a lo anterior, en conjunto con el Centro Nansen, hemos organizado los primeros talleres de aprendizaje al diálogo en el que participaron cerca de 140 personas que trabajaron con ejemplos y aprendieron de experiencias recogidas en múltiples situaciones de similares características a las nuestras e incluso más complejas.

Uno de los aprendizajes de estos talleres es que dialogar no es lo mismo que negociar, ni tampoco es lo mismo que justificar o perdonar. Dialogar consiste en tratar de entender la dimensión de lo que nos divide, cuáles son las oportunidades perdidas y las promesas incumplidas.

Sabemos que un ciclo de talleres para mejorar habilidades del diálogo no aborda necesariamente los problemas de fondo, pero quienes han participado nos han contado que en su entorno y en sus realidades, estas habilidades para dialogar son útiles para generar espacios de confianza y mejor comprensión del otro.

Un proceso de diálogo puede significar sentarse a escuchar a aquellos que tienen posturas muy distintas a las nuestras. Ese camino es para valientes, pero es una ruta que, aunque demore, nos permite calar más profundo y encontrar las raíces de nuestros problemas. Una sociedad dialogante es también una sociedad más incluyente, diversa y solidaria.

Como sociedad tenemos problemas que en su esencia y forma son políticos. La confrontación con violencia nos aparta y hace más difícil encontrar soluciones.

Como rectores de espacios donde confluyen distintas realidades, vemos con suma preocupación el dolor humano causado por la injusticia, la pobreza, el abandono y la violencia. Es momento de detenernos, levantar la mirada sobre nuestra región y distinguir entre lo inmediato y lo que queda más distante. Hay cosas que podemos hacer ahora mismo y desafíos que necesitan más esfuerzos. Lo que sí es seguro es que podemos trabajar juntos por el küme mongen que todos los habitantes de la región se merecen.

Firman: Aliro Bórquez Ramírez, rector U. Católica de Temuco; Emilio Guerra, vicerrector U. Autónoma, Temuco; Eduardo Hebel Weiss, rector U. de La Frontera; Rosemarie Junge Raby, rectora U. Santo Tomás, Temuco; Juan Pablo López, director U. Arturo Prat de Victoria; Gonzalo Valdivieso, director Campus Villarrica UC; Gonzalo Verdugo, vicerrector regional, Universidad Mayor.

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