La maldición de los gemelos Bartsch

Los herederos del imperio de gimnasios Pacific tuvieron una vida lejos de los lujos de su padre. En su pasado hay drogas, violencia y, también, abandono. Ni siquiera la posibilidad de controlar el patrimonio familiar cambió su suerte: el 1 de septiembre uno de ellos tuvo un accidente. Esa misma noche el otro hermano murió.




Lo primero que se supo es que eran hermanos. Alexhander, el que iba en la moto Yamaha y chocó contra un muro de la Costanera Norte, era el gemelo de Cristhofer, que iba en el Land Rover que volcó en Providencia. Ambos habían estado juntos la tarde de ese 1 de septiembre. Ambos, también, iban acompañados de una amiga. Pero no corrieron la misma suerte. Alexhander murió en el suelo de la autopista a las 23.40. Su acompañante, de iniciales C.G., aguantó un poco más: falleció 78 minutos después, en la Clínica Indisa. Ella tenía 23 años, él 24.

Cristhofer, en cambio, sólo resultó lesionado cuando su auto golpeó a otros cuatro en Las Dalias con Holanda, minutos pasada la medianoche. El de Nicolás Valenzuela fue uno de ellos. Transportista independiente, Valenzuela dice que estaba estacionado fuera de un edificio cuando sintió que un auto a gran velocidad impactó su furgón por detrás:

—Me dejó arriba de la vereda con el golpe —recuerda—. Al tipo se le salió una rueda, avanzó como 250 metros y se detuvo.

En ese impulso, el Land Rover arrancó un farol de la calle y dejó un árbol botado a través de la pista de Holanda.

La acompañante del gemelo era Catalina Zomosa: una universitaria de 23 años que quedó atrapada en el auto y que, después de que él la ayudara a salir, vio cómo Cristhofer huyó del accidente. Según una persona cercana, fue en dirección hacia su casa: la residencia de calle San Vicente Ferrer, en Las Condes, que recientemente habían heredado de su padre.

Porque eso, claro, fue lo que se supo después.

Alexhander y Cristhofer Bartsch Fuentes eran hijos de Fritz Bartsch, el empresario que creó los gimnasios Pacific en 1997: una cadena que llegó a tener 104 sucursales en el país, pero que a 2018 acumulaba deudas que superaban los $ 358 millones. Un pasivo que, en los años siguientes, sólo aumentó. Fue en ese proceso de quiebra que Bartsch se quitó la vida, el 23 de junio. Por esas fechas los tribunales habían decretado la incautación de 20 locales y el retiro de especies, para ser rematadas y pagarles a los acreedores.

Días después del accidente del 1 de septiembre, en una entrevista con Las Últimas Noticias, Zomosa, quien no quiso participar de este reportaje, dijo que de él estaba hablando Cristhofer antes de perder el control: “Venía conversándome sobre su padre, Fritz Bartsch. Me contó que hace unos días se había enojado con unos amigos suyos porque le habían faltado el respeto a la casa donde vivía ahora, que es una mansión que heredó de su padre. Me dijo que se había molestado mucho con ellos, porque debían respetar esa casa, porque era el templo de su papá. Yo lo miré y vi que tenía los ojos llorosos. Luego hubo un silencio y chocamos”.

Fritz Bartsch

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Todas las dificultades en la infancia de Cristhofer Bartsch están descritas en informes sicosociales de Gendarmería. En uno de ellos, por ejemplo, se explica cómo era la relación entre sus padres, Fritz Bartsch y Catherine Fuentes, antes de que él naciera: “Es fruto de la relación de pareja de alrededor de 10 años -sin convivencia- entre sus progenitores: él, empresario en el rubro gimnasios; ella, comunicadora audiovisual. El embarazo no estaba previsto en la relación, desencadenando, a partir de él, una serie de conflictivas (sic) a nivel de pareja, lo que deriva en el término de la relación. La etapa de gestación -de quienes inicialmente eran trillizos- estuvo marcada por episodios de violencia en la pareja por parte del progenitor. El embarazo presentó complicaciones a nivel intrauterino, desencadenando un parto prematuro alrededor de los siete meses de gestación, con consecuencia del fallecimiento de uno de los hijos, sobreviviendo Cristofher y su hermano Alexhander”.

El mismo documento judicial sostiene que el padre sólo mantenía contacto ocasional con sus hijos, que era una figura ausente y que aportaba esporádicamente en la manutención de ellos. Cuando cumplieron 10 años, a los hermanos les diagnosticaron déficit atencional. Sólo que esa condición nunca fue tratada. Catherine Fuentes, dice el informe, no estuvo de acuerdo con la “estrategia de medicación en este tipo de casos”. Cinco años más tarde, en 2012, ella sufrió un paro cerebral. Quedó con secuelas que la imposibilitaron de seguir trabajando, perdió la memoria a corto plazo y se vio obligada a irse a vivir, junto con sus hijos, donde sus padres. Fue así que los tres terminaron donde Evaristo Fuentes e Ilse Michaelsen, en una casa cerca de Escuela Militar.

Esa serie de cambios e inestabilidad, en parte, puede explicar el historial académico de los Bartsch Fuentes. Alexhander pasó por siete colegios, repitió primero y quinto básico y completó la media en un instituto 2x1 en 2014. Cristhofer estuvo en ocho y, según un informe judicial, su experiencia escolar estuvo marcada “por el bajo rendimiento e indisciplina (incluyendo expulsión)”. Desertó después de 2015: cuando había repetido tres veces y sin nunca terminar primero medio. Ni él ni ningún miembro contactado de su familia quiso hablar con LT Domingo.

La imagen de Fritz a veces podía separarlos. Los mismos reportes de Gendarmería describen que Alexhander sentía rencor hacia él. Que tenía una imagen negativa y desvalorizada del padre, pero que había también cierta ambivalencia. Porque muchas veces, dice el documento, Alexhander tenía que ir donde Fritz para solicitarle ayuda económica. Cristhofer, en cambio, fue a pedirle trabajo cuando dejó el colegio a los 16 años. En algunas sucursales de los gimnasios lo ponían como recepcionista.

Ambos, a esa edad, comenzaron a consumir drogas y alcohol. En agosto de 2013, de hecho, carabineros detuvo a Alexhander en Las Condes por consumo y porte de marihuana. Durante nueve meses su padre lo empleó atendiendo al público en una de sus sucursales, pero luego decidió irse a la Quinta Región. En El Quisco, donde su familia materna tiene una casa, trabajó en una botillería, como parquímetro y de garzón en un hotel de Fritz en Reñaca. En Algarrobo lo detuvieron por una pelea en enero de 2015 y, meses más tarde, por hacerse pasar por su hermano en un control de identidad en La Reina. No era raro verlo en esa comuna: ahí vive una amiga que muchas veces lo alojó a él y a su hermano.

Pasaba que la convivencia tampoco era buena en la casa de los abuelos maternos en Escuela Militar, donde vivía Cristhofer. En mayo de 2015, por ejemplo, Evaristo Fuentes, su abuelo, tuvo que llamar a carabineros luego de que su nieto amenazara con golpearlo. Esa vez, según el parte policial, la pelea partió cuando Fuentes le llamó la atención por estar ebrio arriba del sofá. Un año después el llamado fue el mismo: “Vivo con mi esposa, también vive mi hija Catherine y mi nieto Cristhofer, que mantiene un consumo abusivo de marihuana. Él amenazó con golpearme y de muerte. Esta acción mi nieto la hizo amedrentándome con un cuchillo. Tiene ganas de matarnos para quedarse con la casa”, declaró Fuentes, de 82 años entonces. En ese mismo relato pedía que Cristhofer se fuera y los dejara vivir tranquilos.

Una mujer cercana al gemelo reconoce que él era el más violento de los hermanos. Pero que en este caso era en defensa propia. Porque Evaristo Fuentes, quien, según la misma persona, ya sufría un deterioro en su salud mental, golpeaba a su nieto. El abuelo falleció de Covid el año pasado. Según su certificado de defunción, estaba en un centro geriátrico.

Cristhofer no cambió su vida lejos de Escuela Militar. En 2016 lo detuvieron en una parcela de Doñihue, Sexta Región, por violación de morada, daños, amenazas y lesiones.

—Pertenecían a un mundo de flaites cuicos —dice alguien que los conoce—. Nunca tuvieron una vida de millonarios. En la mansión de su papá, que tenía cuatro pisos, no había ninguna pieza para ellos.

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Aun después de su muerte, la figura de Fritz Bartsch podía separar a sus hijos. El último episodio habría sido a fines de agosto. Luego del suicidio del padre, Alexhander y Cristhofer discutieron sobre el futuro de los gimnasios durante una ida al lago Rapel. Cristhofer, dice alguien que supo de esa conversación, quería que su hermano firmara unos papeles para cederle por completo el negocio. Alexhander, según esta versión, no habría querido. Entonces, Cristhofer habría perdido el control. Incluso lo habría amenazado. Pero nada de eso cambió la decisión de su hermano.

La herencia no sólo era un problema entre ellos. También estaba Annais Bartsch Casas, la media hermana, de 20 años, que, al igual que ellos, tenía derechos sobre el patrimonio del empresario. Según una asesora legal de los gemelos, el 19 de julio programaron una reunión entre los herederos, a la que la hermana no llegó. La estudiante universitaria, contactada a través de su madre, no quiso participar de este reportaje.

El 26 de julio, los Bartsch Fuentes ingresaron un escrito al Primer Juzgado Civil de Santiago para que designaran a un administrador de la herencia. Ellos querían a una pariente Bartsch en esa labor. Annais, en cambio, prefería a un tercero imparcial.

Eso estaba en trámite cuando Cristhofer empezó a decirle a Catalina Zomosa que quería salir con ella. No eran amigos, pero habían compartido durante la infancia. Zomosa, a fines de agosto, se juntaba con una amiga chilena que estaba de visita desde Barcelona. Esa amiga era C.G, que también había conocido a los gemelos de niños.

El 1 de septiembre, alrededor de las 17.00, Cristhofer pasó a buscar a Zomosa en el Land Rover. También iba Alexhander en la moto Yamaha.

A Catalina Zomosa, como explicó en Las Últimas Noticias, algo le llamó la atención: “Los gemelos eran fríos entre ellos. Alexhander me mencionó que hace tiempo no compartían juntos de esa forma”.

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Declaración de Cosme Jerez Cofré, de 27 años a la fecha:

“El día jueves 18 de mayo de 2017, aproximadamente a las 16.30 horas, me dirigí a tomar la locomoción colectiva, disponiéndome a cruzar el Puente Quillota, cuando soy interceptado por una pareja de delincuentes. Estos delincuentes resultaron ser gemelos, quienes empezaron a golpearme, y me azotaron contra la baranda del puente que da hacia el estero, como queriendo amenazar de tirarme al estero Marga-Marga. Luego me tiraron hacia la calle donde estaban pasando los vehículos. Empezaron a golpearme en la cabeza con golpes de puños y pies: uno me sostenía mientras el otro me golpeaba, ante la vista y paciencia de todas las personas que a esa hora transitaban. Luego, cuando estaba sangrando y cuando llegó más gente, ellos salieron corriendo con mis pertenencias”.

A días de cumplir 20 años, los hermanos Bartsch Fuentes fueron detenidos por un robo con violencia en Viña del Mar. La víctima, que trabajaba en el hotel de Reñaca de su padre, perdió el colmillo izquierdo en la golpiza. El tribunal los condenó a cuatro años de libertad vigilada intensiva. Durante el proceso, ninguno mostró arrepentimiento por los hechos. Ahí fue cuando los sometieron a un plan de intervención realizado por sicólogos y asistentes sociales de Gendarmería. A Alexhander le pronosticaron un riesgo de reincidencia media. En Cristhofer, en cambio, determinaron que esa posibilidad era alta. Por eso lo monitorearon más de cerca, aunque no era raro que no llegara a las reuniones. Los reportes dicen que, luego de la sentencia, consiguió trabajo en el Mercado Central vendiendo frutas. Pero no mejoró su conducta. En octubre de 2018, carabineros lo sorprendió vendiendo dos pastillas de éxtasis y seis gramos de cocaína en Vespucio con Renato Sánchez, en la comuna de Las Condes.

El año siguiente vendió colaciones a la salida del Metro, mientras que el equipo que monitoreaba su intervención le urgía que pidiera una consulta psiquiátrica en el sistema público. A veces, dicen los reportes, respondía que perdía esas horas médicas sin dar motivo alguno. En un informe de mayo de 2019, se lee esto: “Refiere haberse acercado a hablar directamente con el padre de él, quien es empresario, a solicitar apoyo en cuanto a emplearlo en uno de sus negocios, gestión sin éxito”.

Alexhander sí llegaba a las entrevistas. Aunque muchas veces fuera de las fechas y horarios que acordaban. Lo que lo complicaba, decía, es que siempre estaba entre Santiago y El Quisco. Allá trabajó en un lugar de juegos acuáticos y decía estar haciendo un curso de buceo, para el que le pidió plata a su padre. Esa relación monetaria se mantuvo. El reporte dice que Alexhander vivía con su remuneración como monitor de deportes náuticos y una mensualidad que le pagaba Fritz.

La pandemia terminó con esas rutinas, cuando Cristhofer aún lidiaba con el consumo problemático de drogas. Una de las últimas anotaciones disponibles de los profesionales de Gendarmería dice: “Se observa necesidad de asistir a centro especializado a fin de abordar estados de ánimo”.

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Ese 1 de septiembre, la primera parada fue en un karting en Av. El Salto, de Huechuraba. Luego, cerca de las 19.30, fueron a la Terraza Atenea en Akrópolis de Quilicura: un centro de eventos vecino del Outlet Buenaventura. Ahí, cuenta una fuente, los hermanos bebieron, pero no armaron problemas. Cerca de las 22.00 fueron a hablar con el administrador. Como había una leve llovizna, querían ver si podían dejar la moto bajo techo. El personal les dijo que sí. Incluso les ofrecieron dejarla ahí y que la pasaran a buscar al día siguiente. Pero los gemelos y sus acompañantes partieron igual, alrededor de las 22.30. Alexhander se fue con C.G. en la Yamaha y 10 minutos más tarde, luego de ingresar a la Costanera, estrelló la moto contra un muro.

Mientras tanto, camino a Providencia, Cristhofer iba con Zomosa en la Land Rover.

La estudiante no iba cómoda. Bartsch, luego de pasar por el sector de Plaza Baquedano, empezó a manejar de forma peligrosa, cruzando por luces rojas.

“Yo le dije que por favor bajara la velocidad, pero él no me decía nada”, relató la estudiante a Las Últimas Noticias.

Luego vino la conversación sobre su padre, el choque y la huida.

Cristhofer, dice su abogada, se enteró de la muerte de Alexhander en la casa de San Vicente Ferrer. En los días posteriores fue al funeral de su hermano. Sus restos, según la profesional, están enterrados con los de su padre. Luego de eso, agrega, fue internado en una clínica: habría intentado quitarse la vida varias veces.

Por esos días comenzó a circular un comunicado firmado por “familiares y amigos” de los gemelos. En el documento de cinco puntos dicen que en “la noche en que sucedieron los lamentables acontecimientos, estos (N. de la R.: Alexhander y Cristhofer Bartsch Fuentes) recibieron notas escritas en las cuales decía claramente ‘les quedan 30 minutos de vida’, lo que provocó que ambos entraran en un estado de pánico y, en afán de mantener su integridad física, se desplazan de manera urgente a su domicilio en Las Condes para buscar resguardo”. En ese contexto, señala el documento, se produjeron los choques.

Sólo que dos semanas después de los accidentes, aún no hay denuncias de esto en fiscalía. Carabineros tampoco tiene conocimiento de que algo así haya ocurrido.

Lo que sí ocurrió fue que a los representantes legales de Annais Bartsch les molestó que sus medios hermanos hicieran uso de los bienes de su padre antes de que se resolviera la herencia. Sobre todo por el Land Rover con que chocó uno de ellos. Un escrito ingresado por el abogado José Luis Corvalán, en el Primer Juzgado Civil de Santiago, dice así: “Es un hecho indubitado que Cristhofer Bartsch Fuentes se encontraba haciendo uso de un bien hereditario, a título gratuito, sin el consentimiento de mi representada, el cuál terminó completamente dañado, con un evidente perjuicio a la masa hereditaria”.

Luego de la muerte de Alexhander, Cristhofer escribió un texto en su perfil de Instagram:

“En riqueza y santidad, la mitad de la mitad.

Si no sabes amar, mejor evita el dolor.

Nos veremos en el inframundo, hermano. Llegaré de la misma forma”.

Algo cambió en él después del accidente.

Según su abogada, ahora Cristhofer piensa que la fortuna de su padre es una maldición.

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