Mañalich: Sus días más grises en la pandemia

Ministro de Salud, Jaime Mañalich.

Ministro de Salud, Jaime Mañalich. (Foto: Agencia Uno)

El desgaste personal y político del titular de Salud, Jaime Mañalich, es un foco de preocupación en el oficialismo. El ministro -en tanto- resiente su fallida apuesta a que la inmunidad de los ya contagiados neutralizara los efectos del coronavirus. Estas son las jornadas más complejas de Mañalich a la cabeza de la crisis sanitaria.




Su cara de cansancio era evidente. El lunes 1 en la tarde el ministro de Salud, Jaime Mañalich (65), participó de una reunión virtual con sus pares del comité político y dirigentes de Chile Vamos para abordar las medidas que ha tomado en el manejo de la pandemia. “¿No se aburre de las críticas?”, le preguntó el diputado RN Sebastián Torrealba. Mañalich asintió y comentó que a veces era difícil enfrentar a la prensa, la que muchas veces le preguntaba lo mismo.

El encuentro con los parlamentarios -en rigor un espaldarazo al ministro- había surgido ese mismo día a petición del senador de Evópoli Felipe Kast. La idea era que el titular de Salud comentara las medidas que ha ido impulsando en el manejo de la pandemia para que los dirigentes oficialistas intentaran neutralizar las críticas que se han ido recrudeciendo con el paso de los días y explicara las diferencias de opinión entre él y la vocera de gobierno, Karla Rubilar, sobre la aplicación de las cuarentenas en Antofagasta y Valparaíso que habían trascendido.

El desgaste de Mañalich es foco de preocupación en el gobierno y también en Chile Vamos. Así, la UDI comenzó a difundir por redes sociales mensajes de respaldo al ministro y éste ha recibido múltiples señales de apoyo interno. El más decidor -sin embargo- vino del Presidente Sebastián Piñera el jueves 4 cuando realizó un cambio de gabinete que no incluyó al titular de Salud.

La decisión del Mandatario fue una suerte de cierre de capítulo para Mañalich, quien en las últimas semanas protagonizó varios traspiés -como el de “castillo de naipes” y que no sabía de los niveles de hacinamiento en sectores de Santiago- y sumó molestia en las filas del propio gobierno debido a su carácter incontrolable.

Desde entonces se hizo común que se le pregunte al ministro si “¿está más cansado?”, a lo que este replica rápidamente con un “¿y quién no está cansado, usted no?”. Una actitud similar es la que manifiesta el titular de Salud al entrar a La Moneda o responder el teléfono. Ante la consulta “¿cómo está?”, Mañalich suele responder rápidamente “excelente”.

Una rutina alterada

Incluso antes de que oficialmente el Covid-19 llegara al país, el ministro alteró rápidamente su rutina. Un cambio que Mañalich ha resentido especialmente es que su esposa, María Cristina Raffo, debiera dejar el departamento que compartían en el barrio El Golf. Su condición de trasplantada de pulmón era un riesgo latente en caso de que el ministro, por su labor, llevara el virus al hogar.

Así, solo en casa, a Mañalich le es difícil pensar en otra cosa que no sea el manejo del coronavirus, lo que ha sido una de las razones del desgaste del ministro. Sus cercanos señalan que a las 5.00 de la mañana ya está despierto y que no es inusual que ya a partir de las 6.00 comienza a tener interacción con su equipo. A las 6.30 de la mañana Mañalich ya muchas veces está en La Moneda esperando que llegue Piñera con quien se reúne diariamente, primero con el equipo de salud y luego en el comité de crisis.

Cuando no tiene encuentros virtuales, el ministro dedica dos horas a revisar minuciosamente el informe que leerá al país cerca de las 11 de la mañana. El reporte, explican sus cercanos, se construye de distintos informes regionales, de laboratorio y del estado de la red asistencial. Todo antecedente debe estar chequeado y certificado por Mañalich.

El agotamiento de controlar el manejo de la pandemia le pasa la cuenta a ratos, según señalan quienes tienen contacto con él. Es la impresión que dejó en los asistentes a la reunión con el Consejo Asesor del miércoles pasado, donde se subsanaron diferencias por las recomendaciones que no habían sido adoptadas. Pese a ello, se determinó que -dado los días más álgidos de la crisis- habrá reuniones cada semana con el ministro, y no cada tres como era hasta ahora en esa instancia.

Lo que sí -coinciden sus cercanos- le ha dado un respiro fue su alejamiento de Twitter. El ministro solía dedicar parte de su jornada a la red social, donde solía ser mordaz ­comportamiento que le acarreó más de alguna llamada de atención desde La Moneda-. Ahora ese tiempo Mañalich lo destina a la lectura científica. De cabecera, y antes de dormir, lee el New England Journal of Medicine, o la revista médica The Lancet. Entre papers y artículos sobre el coronavirus, según señalan sus cercanos, le ha puesto especial atención a la experiencia británica y china.

Al grupo de WhatsApp del comité de crisis, en tanto, el ministro escribe seguido, principalmente para enviar estudios internacionales o documentos. Una actitud que contrasta con el chat de WhatsApp de ministros titulado “Gabinete 2018-20??”. Sus últimos comentarios en ese canal fueron para entregarles su apoyo a los ministros Alfredo Moreno (Obras Públicas) y Juan Carlos Jobet (Energía), quienes salieron positivo a Covid-19. Además, felicitó al ahora exministro Sebastián Sichel por una columna que publicó.

Mañalich es de grupos cerrados, señalan sus cercanos. En La Moneda siempre está acompañado de Itziar Linazasoro, su jefa de gabinete, y por Ana María Morales, su jefa de comunicaciones. Es conocido que su relación con Zúñiga es más fluida que con la subsecretaria Paula Daza, y -en el último tiempo- el exsubsecretario Luis Castillo es uno de los funcionarios del ministerio más cercano e influyente.

¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo se sostiene Mañalich en el cargo? Es una pregunta que, en privado, varios en el gobierno se hacen. Pero lo cierto es que Mañalich pareciera tener una línea de crédito interminable con el Presidente, comentan en La Moneda. En lo que va del gobierno ha protagonizado varias polémicas y viene con un historial acumulado desde la primera administración de Piñera; por ejemplo, la polémica relativa a las listas de espera. Es comentario obligado en Palacio -además- que el titular de Salud colma la paciencia de varios asesores presidenciales, que es incontrolable y que suele seguir sus propias reglas y no las recomendaciones externas.

El ministro -en todo caso- es inmune a las reacciones que genera en el gobierno, en más de una oportunidad ha sostenido que no se reconoce como un animal político. “Yo soy un médico”, responde. Y por ello, se ufana de poder “darse el lujo” de tener un “estilo franco” para decir las cosas, pues no tiene aspiraciones políticas y menos electorales.

Con todo, el desgaste personal que le ha provocado el manejo de la pandemia hacen pensar en el gobierno que es muy posible que no permanezca en el gabinete hasta el término del gobierno y que -es probable- que una vez controlada la crisis retome sus funciones privadas.

Una de las claves en el decaimiento de Mañalich en las últimas semanas es el fracaso de su apuesta por la hipótesis de la inmunidad colectiva o “de rebaño”, en la que se sostienen que quienes ya han superado la enfermedad, producían anticuerpos suficientes como para no contagiarse de nuevo. Una idea que, incluso, llevó al titular de Salud a impulsar la iniciativa del carnet Covid-19, la que fue ampliamente cuestionada y que, finalmente, terminó siendo desechada.

Tan entusiasta era Mañalich de este camino que -en medio de la polémica por la entrega o no del carnet- en una de las reuniones de emergencia usual de las mañanas, le entregó copias a Piñera y a la vocera de gobierno, Karla Rubilar, también médico, de tres artículos académicos que versaban sobre la inmunidad “a largo plazo” que produciría el Covid-19 y los distintos estudios que se realizaban en torno a ella. Estaba convencido.

Pero el “castillo de naipes” se derrumbó el 10 de mayo. Justo una semana después de que el ministro afirmara desde Valparaíso que se libraba la “Batalla de Santiago” tras una repentina alza en los contagios -precedida por la “nueva normalidad” y el “retorno seguro”-, él mismo ordenó echar pie atrás en la entrega del documento. Eso sí, su explicación -más que una fallida hipótesis- fue que el documento podría convertirse en una herramienta discriminatoria, por ejemplo, para acceder o no a un trabajo. Un dilema ético en medicina.

Como sea, en el Consejo Asesor, los expertos recalcan que más que dudas sobre la inmunidad, era muy arriesgado aventurarse con una teoría así, con un virus de apenas seis meses de existencia en el mundo. De hecho, a días de desecharse la iniciativa un estudio de la Universidad del Desarrollo señaló que apenas un 2,9% de los infectados en Chile había generado anticuerpos. Sobre el episodio, una autoridad de gobierno indica que a Mañalich “no tener el control y que haya un factor sorpresa lo golpeó”.

La apuesta fallida caló hondo en el ministro. Tanto así que -hace unos días, y tras anunciar que los consultorios tendrán un rol clave en la trazabilidad de los contagios- reconoció a los expertos que esa idea estaba sobre la mesa hace tiempo y que su mea culpa es que la medida la comenzaron a aplicar de manera tardía. Una actitud no habitual en el secretario de Estado.

Una de las inquietudes que se han sumado a las preocupaciones de Mañalich en la crisis es que las personas no respeten las medidas sanitarias decretadas por las autoridades. Así, fuera de los papers científicos, por estos días el doctor busca respuestas en el libro La revolución molecular, del fallecido filósofo y psicoanalista francés Félix Guattari. Allí, en los 70, por primera vez se plantea que las revoluciones venideras no serán con líderes a la cabeza, o en dos bandos como se planteó la Guerra Fría, sino que, desde las bases, distintos colectivos, y a raíz del malestar cotidiano. Quizás, allí -sostiene Mañalich- pudiera estar una de las claves para el éxito del manejo de la pandemia.

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