Allamand recuerda a Onofre Jarpa: “A la oposición le molesta que un ministro del gobierno militar haya sido clave para la transición”

Andrés Allamand

El senador de RN mantuvo una estrecha relación con Sergio Onofre Jarpa, a quien conoció en los años 70. Ante las críticas por su rol como ministro del Interior de Pinochet, el parlamentario es enfático en decir que el fallecido político de derecha fue “un elemento de contención” de las violaciones a los DD.HH.




Fue uno de los líderes de la formación del Partido Nacional y, décadas después, participó en la fundación de Renovación Nacional. Embajador chileno en Argentina durante la crisis del Canal Beagle, parlamentario y ministro, Sergio Onofre Jarpa, figura gravitante de la política chilena desde mediados del siglo XX hasta comienzos de los 90, falleció ayer a los 99 años.

Su destacada trayectoria política es recordada hoy por el senador RN Andrés Allamand, quien lo conoció en los años 70’ y fue su secretario general a fines de los 80’, cuando RN recién nacía a la vida partidista.

¿Cómo lo describiría?

Jarpa fue una de las figuras políticas más destacadas de la segunda mitad del siglo pasado. Participó activamente en la formación del Partido Nacional, que reagrupó a las fuerzas de la derecha, que habían quedado diezmadas después de la elección parlamentaria de 1965 y a punto de su extinción. Posteriormente, como presidente del Partido Nacional, encabezó la oposición al gobierno de la Unidad Popular, actuando con gran inteligencia política para conformar, junto con la DC, una oposición unida. Más adelante, participó como embajador en Buenos Aires de un conjunto de acciones que, en definitiva, evitaron una guerra con Argentina. Y, posteriormente, fue ministro del Interior del régimen militar, impulsando la apertura política. Más adelante, confluyó en la formación de RN y fue clave para la transición a la democracia.

En su calidad de actor político, ¿cuáles diría que eran sus principales cualidades y defectos?

Dentro de sus cualidades está la de ser un trabajador incansable y un gran organizador de equipos y de partidos políticos. Al mismo tiempo, mantuvo siempre coherencia con un pensamiento político que él definía como “nacional y popular”, y que en el lenguaje actual sería identificable con un concepto de centroderecha. Hoy, en la centroderecha confluyen cuatro vertientes: conservadora, liberal, nacional y socialcristiana. Jarpa fue, sin duda, la figura más descollante de la vertiente nacional que hoy alimenta a la centroderecha.

¿Y qué defecto podría mencionar?

Son muchas más sus virtudes que sus defectos como para ahondar en los segundos.

¿Cuál fue su relación con él?

Trabajé con él en tres etapas. Durante la UP, como dirigente estudiantil y primer candidato de la centroderecha en la Federación de Estudiantes Secundarios. Luego, cuando Jarpa asumió como ministro del Interior, yo fundé el Movimiento de Unión Nacional, uno de cuyos objetivos era impulsar la apertura que Jarpa lideraba. Más adelante, coincidimos en la convocatoria a la formación de RN y después trabajamos en la organización del partido en todo Chile y en las distintas gestiones políticas que facilitaron la transición a la democracia. Yo fui secretario general de Jarpa en todo el período en que él se desempeñó como presidente de RN.

¿Qué episodios recuerda que permitan dar cuenta de su personalidad?

Dentro de los muchos episodios que uno recuerda, sin duda el más importante fue en el plebiscito de 1988. Ahí se produjeron dos eventos que tuvieron a Jarpa como protagonista. El primero, ante la tardanza del gobierno militar de entregar los resultados, me correspondió hablar con el Ministerio del Interior y hacerles ver que era una tardanza inadmisible e injustificable. La respuesta del Ministerio del Interior me llevó a hacerle presente lo que ocurría a Jarpa, quien habló con el entonces subsecretario del Interior, Alberto Cardemil, y como se ha recogido en diversos libros y reportajes de la época, Jarpa lo conminó a “no hacer ninguna lesera, iñor”. Más tarde me correspondió acompañarlo al programa “De cara al País”, de Canal 13. Antes de entrar al programa, me preguntó qué antecedentes teníamos sobre el resultado del plebiscito; a partir de los contactos que teníamos con el Comité de Elecciones Libres y con el comando de la Concertación, más nuestros propios datos, le podía asegurar que el No había ganado. Jarpa fue el primer personero de la centroderecha que admitió el triunfo del No y, con ello, desarmó la espoleta de lo que podría haber sido una creciente bomba de tiempo. Todos los que vivimos esa época recordamos esa actuación de Jarpa, que fue crucial en un momento crítico del país.

Jarpa es descrito como un opositor a la UP y él mismo así lo aseguraba. De hecho, dijo: “Nunca fui golpista; partidario de la intervención de las Fuerzas Armadas, sí”. ¿Es posible hacer esa distinción?

Absolutamente. Jarpa no participó en ninguno de los acontecimientos que condujeron a la determinación de las FF.AA. de generar el golpe de Estado, a diferencia de otros dirigentes políticos, algunos de ellos de la DC, que sí mantenían relaciones y diálogos con el mundo militar.

Fue ministro del Interior de Augusto Pinochet entre 1983 y 1985, período en que se agudizaron las protestas sociales por los efectos de la crisis económica del 82’, meses que también estuvieron marcados por una fuerte represión y violaciones a los DD.HH. ¿Cómo evalúa su actuación en ese período?

A Jarpa le correspondió asumir el Ministerio de Interior en el momento más álgido de las protestas, sin embargo, a partir de su gestión se generó un ambiente de diálogo en el país que fue decisivo para ir frenando la ola de violencia que podría haber conducido a graves enfrentamientos. Cualquier persona que mire con objetividad el paso de Jarpa por el Ministerio del Interior tendrá que advertir que en todos los terrenos se produjeron avances, tanto del punto de vista de la transición a la democracia como del respeto a los derechos humanos, de distinta forma, incluyendo -por ejemplo- el término del exilio.

Efectivamente, contribuyó en el retorno de exiliados, pero -le insisto- en materia de violaciones a los DD.HH. este fue un período crudo. ¿Cómo convive la figura demócrata que usted describe con el rol central que asumió en su calidad de ministro?

Vuelvo a decirle: nadie puede sostener que en el período que Jarpa fue ministro del Interior se agudizaron tales violaciones a los DD.HH. En rigor, Jarpa fue un elemento de contención de tales transgresiones. A casi 40 años de distancia es muy fácil exigir determinados avances que, en ese momento, con las situaciones imperantes, con Pinochet a la cabeza, eran muy difíciles de conseguir.

¿Hubo tolerancia o vista gorda ante las violaciones a los DD.HH. que estaban ocurriendo?

Bajo ninguna circunstancia se le puede imputar a Jarpa tolerancia en tales materias.

A poco de ser nombrado ministro del Interior, Jarpa fue el encargado de dialogar con la “oposición democrática”, que se había agrupado en la llamada “Alianza Democrática”. ¿Por qué cree que, a diferencia de la derecha, en la centroizquierda actual no se ponderan de igual manera esas conversaciones y el rol articulador posterior que Jarpa jugó de cara a la transición?

A la oposición le molesta que un ministro del gobierno militar haya sido clave para la transición. Si Jarpa hubiera tenido una actuación condescendiente o tolerante frente a las violaciones a los DD.HH., nunca la oposición de la época habría validado, como efectivamente lo hizo, su rol como interlocutor. Sin ir más lejos, Aylwin en más de una oportunidad destacó todos los aportes que Jarpa había hecho tanto en la etapa final del gobierno militar como durante su gobierno, época en que se instauró la democracia de los acuerdos.

¿Cómo cree que una figura de las características de Sergio Onofre Jarpa habría enfrentado la crisis social que estalló en octubre y sus efectos?

Habría recurrido a los mismos mecanismos que utilizó en 1983: diálogo y búsqueda de caminos institucionales para resolver los conflictos. Eso fue lo que hizo, y es lo que haría de nuevo.

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