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Cheyre: La caída del general favorito del mundo político y el testimonio que abrió las dudas sobre su rol en el caso Caravana

Autor: Ivonne Toro

Franklin Monardez Ovalle, quien fue preso político, actuó como articulador de los otros testigos que declararon en la causa por la que hoy fue condenado el excomandante en jefe del Ejército. Fue uno de los primeros en situar a Cheyre en el Regimiento Arica.


Fue asesorado ad honorem por Imaginaccion, la empresa del lobbista Enrique Correa, desde que se inició su proceso judicial por el Caso Caravana, Episodio La Serena, y representado legalmente por Jorge Boffil, uno de los penalistas más reputados del país. Al frente, el excomandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, tuvo a una serie de denunciantes–respaldados por el abogado de derechos humanos, Cristián Cruz- que acusaban que su rol en 1973 no se limitó a actuar como ayudante del Primer Comandante del Regimiento de Artillería N°2 Arica de La Serena, Ariosto Lapostol Orrego -como ha sostenido-, y que sí tuvo conocimiento de los homicidios ordenados por Sergio Arellano Stark.

Hoy el juez Mario Carroza le dio la razón a las víctimas y condenó como encubridor a tres años y un día de libertad vigilada –además de la prohibición de poder postular o ejercer algún cargo de representación pública- al General favorito del mundo político.

Cheyre apelará a la resolución y durante la tarde de hoy su defensa se referirá a su situación judicial. Pero más allá de la férrea defensa que ha realizado -siempre ha dicho que es inocente- poco queda del General símbolo del fin de la transición, aquel que en el año 2004 pronunció el histórico “Nunca Más” a las violaciones a los Derechos Humanos y que en 2005 enfrentó la muerte, en una fatal caminata bajo la nieve, de 45 conscriptos del regimiento Antuco. En esa época, el Presidente Ricardo Lagos se negó a moverlo de su cargo. Sus vínculos con el poder eran sólidos: tras abandonar el mundo castrense en 2016, recaló en la academia como director del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica, luego fue integrante del Servicio Electoral y parte de la mesa asesora para la demanda que presentó Bolivia ante La Haya.

En esto último se encontraba en 2015, cuando fue procesado por Carroza como cómplice –finalmente se calificó sólo de encubridor- en quince homicidios calificados. Dentro de las pruebas en su contra, estuvieron las felicitaciones que obtuvo tras el paso del Puma de Arellano Stark, -“oficial brillante, leal, con iniciativa”- y la constatación de que participó de consejos de Guerra. También, como se lee en el fallo de Carroza, su rol al comunicar como ejecuciones en el marco de un proceso regular lo que en verdad eran asesinatos. Y en especial, el relato de víctimas y testigos que acreditaron que Cheyre, un teniente veinteañero en ese entonces, sí sabía lo que ocurría a su alrededor.

Uno de ellos fue Franklin Monardez Ovalle, quien actuó como articulador de los otros personeros que declararon en la causa.

Monardez, militante del Partido Socialista, trabajaba en la fábrica de neumáticos MANESA, que estaba ubicada en el barrio Industrial de Tierras Blancas de La Serena y el 15 de septiembre de 1973 fue detenido por militares y carabineros. Junto a él, trasladaron a Marco Barrante, quien fue fusilado por la Caravana, y Darío Crespo Pinto, quien logró sobrevivir. Originalmente, fueron torturados en la unidad de Carabineros de Coquimbo y luego trasladados hasta dependencias del Regimiento Arica, donde fueron amarrados con alambres, ya que no tenían grilletes de seguridad.

En un momento determinado, se encontró con un soldado conscripto cuyo padre se encontraba detenido en la cárcel. Entonces, declaró “apareció un Oficial, no sé qué grado tenía pero comenzó a retar soezmente al soldado y lo humilló ante nuestros ojos y se retiró, ordenándole al soldado que también se alejara. Con el pasar del tiempo pude establecer que dicho Oficial correspondía al entonces Teniente Emilio Cheyre”.

-Yo no fui torturado por Cheyre. Eso sería mentir. Pero mi testimonio fue muy importante, porque logramos reconstruir cuál era el rol del entonces teniente. Fui de los primeros en declarar y en desmentir lo que él señalaba, sobre que era un administrativo que no vio nada en el regimiento Arica porque sólo hacía trabajos de Intendencia y no estaba en el Regimiento. Eso era falso. Yo lo vi cada vez que fui trasladado. Después de que di ese paso, otros compañeros respaldaron lo que yo decía y ahí aparecieron personas que incluso sufrieron apremios.

-¿Qué opina de la condena?
-Es poco, pocazo. Los hechos fueron contundentes y daban para algo más. Además yo declaré en el caso de Nicolás Barrante.

-Él sí acusa tortura de Cheyre.
-Sí, y a mí me consta que él llegó a la cárcel machucado, torturado. Era apenas un niño, 16 o 17 años. A su hermano Marco, que lo detuvieron conmigo, lo torturaron hasta matarlo. Por eso da pena que no haya justicia de verdad en este país.

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