Columna de Sebastián Izquierdo: Voces del pueblo mapuche

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¿De dónde habrán sacado que lo que se buscaba era aquella plurinacionalidad que convirtieron en eje del nuevo texto? ¿En qué punto de la discusión confundieron el reconocer los derechos de los pueblos indígenas con la descolonización y anti-modernidad que inspira aquella forzada visión?


Prácticamente todos los medios destacaron los “sorprendentes” resultados de la Encuesta Especial 87 del CEP, aplicada en las regiones del Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos. Esta dejó ver una realidad que, en el contexto actual, estaba pasando inadvertida: las voces más fuertes no siempre son las más representativas. Así lo dejaron ver las 2.915 personas entrevistadas cara a cara (1.374 que se auto-identificaron como mapuche y 1.541 que no se auto-identificaron como mapuche), las cuales revelaron posturas que en ciertos aspectos distan mucho de la “realidad” que algunos influyentes intentan idealizar.

A pocas semanas de que se vote la propuesta de nueva Constitución (que a la luz de la encuesta tiene un equivocado corte indigenista), los resultados muestran que muchas de las ideas formuladas fueron más bien imposiciones elitistas de un grupo de convencionales que se arrogaron la vocería de un pueblo. ¿De dónde habrán sacado que lo que se buscaba era aquella plurinacionalidad que convirtieron en eje del nuevo texto? ¿En qué punto de la discusión confundieron el reconocer los derechos de los pueblos indígenas con la descolonización y anti-modernidad que inspira aquella forzada visión? Como dato, solo un 12% de la muestra mapuche respondió que Chile debía ser un Estado plurinacional, del cual solo un 10% considera los escaños reservados como una medida relevante y un 5% adhiere a un sistema de justicia propio. Las visiones radicales de separatismo y violencia tampoco representan el sentir de la gran mayoría, pues un 72% del total de encuestados está “en desacuerdo o muy en desacuerdo” con que se establezca un Estado mapuche independiente, y casi 2/3 no justifican el uso de la fuerza para reclamar tierras.

Las inquietudes de quienes habitan las regiones antes mencionadas van por otro camino. Estas están ligadas a un abandono por parte del Estado en materias de derechos sociales y patrimonio cultural, lo que las lleva a una sensación de profundo rezago. Un botón de muestra: casi 1/5 de las personas carece de servicios básicos, considerando agua potable y alcantarillado. En esta línea, la encuesta reveló resultados como, por ejemplo, que el 62%, tanto de la muestra mapuche como de la no mapuche, prefiere que los recursos del Estado sean destinados “a programas de educación, capacitación y salud para los mapuche”. Esto conversa con que los tres principales problemas que detectan como materias a las que el Gobierno debiese dedicar el mayor esfuerzo en solucionar son “delincuencia, asaltos y robos”, “pensiones” y “salud”. En cuanto a los temas de violencia, más de 1/3 califica su región como violenta o muy violenta, y la mayoría de las respuestas apuntan a un marcado anhelo de orden público y seguridad, y diálogo entre todos para la resolución de conflictos. En este punto, las universidades y autoridades ancestrales de las comunidades cumplirían un rol fundamental pues son las que mayor confianza muestran.

Si bien estos resultados podrán parecer extraños para muchos convencionales, lo cierto es que estas son las preferencias que resuenan entre quienes habitan dichos territorios, y está por verse si para todo el resto de la nación.

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