Con bajas en ventas de hasta un 90 %, los libreros enfrentan su crisis más compleja

Catalina Infante, de Librería Catalonia.

Mientras sus locales permanecen cerrados, los dueños de librerías potencian las ventas online y recomendaciones por redes sociales, pero sus ventas son muy inferiores a una situación normal. Catalina Infante de Librería Catalonia, Juan Carlos Fau de QuéLeo y Sergio Parra de Metales Pesados analizan la emergencia.




El Día del Libro tendrá este año un tono menos festivo. La celebración que habitualmente se realiza el 23 de abril encontrará al medio librero en estado de emergencia: con lanzamientos suspendidos y librerías cerradas. “Este año no hay nada que celebrar”, dice el presidente de la Cámara Chilena del Libro, Eduardo Castillo.

La epidemia ha afectado a todo el ecosistema del libro, pero tal vez donde la crisis se hace más visible es en las librerías. Con tres semanas cerradas, las tiendas de venta de libros enfrentan un escenario tan dramático como desafiante, con bajas ventas, pérdidas y un futuro incierto.

Consultamos con tres libreros independientes cómo están enfrentado esta crisis.

Catalina Infante, Catalonia: “Esta pandemia marca un antes y un después"

Hija de editores y libreros, Catalina Infante está a cargo de la librería Catalonia (Las Urbinas 17 y Santa Isabel 1235). “Nosotros hicimos la cuarentena voluntaria desde que se anunció el teletrabajo, porque no quisimos exponer a nuestro equipo en el transporte público y en la librería misma con el flujo de gente. Estuvimos funcionando solo para retiro en tienda y venta online durante esas semanas”, cuenta

¿De qué manera están funcionando hoy?

Estamos enfocándonos en la venta online a través de nuestra página web, es una modalidad que hemos trabajado siempre pero ahora se pone a prueba como la única forma de buscar ingresos. Y funcionamos pero con muchas dificultades, nos trajimos una parte de la librería a la casa para poder seguir despachando, al ritmo que permite la pandemia. Estamos esperando poder abrir un delivery a través de plataformas como Cornershop, Rappi y Pedidos Ya. Por el momento descartamos abrir a público por seguridad de nosotros y de las personas que nos visitan.

¿Qué estrategias de difusión han adoptado?

Nuestra estrategia de marketing está enfocada en las redes sociales, siempre hemos sido muy activos ahí pero ahora se ha convertido en nuestro único canal de comunicación y contacto con nuestros clientes y amigos. Tenemos un calendario de lives que hacemos todos los días a las 20.00 hrs por nuestra cuenta de Instagram, donde nuestros libreros y algunos escritores o gente de la cultura eligen un libro para leerles a nuestros seguidores. La gente lo ha agradecido mucho, es una forma de compartir la intimidad de la lectura, de recomendarnos libros entre todos y de socializar desde el aislamiento.

Se ha dicho que las librerías son el hilo más delgado de la cadena del libro, ¿cómo lo perciben ustedes?

Sí, es un negocio frágil, sobre todo para las librerías pequeñas o independientes, siempre penden de un hilo. Por supuesto que no poder abrir a público es fatal, la totalidad de los ingresos vienen de ahí. Son muchos los momentos en que pensamos “hasta aquí nomás llegamos”. Nos pasó para la inundación que sufrimos el 2016 en la cual perdimos el 60% de la librería y que hasta el día de hoy las empresas responsables no responden. Nos pasó con el alza de los precios de los arriendos en la comuna, frente a la cual librerías como la Qué Leo tuvieron que trasladarse. Nos pasó con el estallido social cuando también tuvimos que cerrar varios días y modificar horarios. Y ahora la pandemia que amenaza con ser la peor de todas. Hemos sobrevivido a varias pero tememos no lograrlo con esta.

¿En cuánto estima la baja en ventas?

En estos momentos estamos vendiendo un 20% de lo que normalmente vendemos, lo cual es insostenible en el tiempo. Estamos reaccionando y reinventándonos sobre la marcha, repensando el modelo de negocio para poder adaptarse a estos tiempos que se vienen. Creo que esta pandemia marca un antes y un después en varios sentidos, y el económico es uno de ellos, nos va a cambiar la forma de vivir, pensar y movernos en el mundo, y eso va a remecer a todo emprendimiento.

¿Esperarían apoyo estatal?

Sí, es algo que se conversa en varios gremios de la cultura, y otros países ya lo han implementado. Por lo menos el gremio librero lo necesita con urgencia para sobrevivir estos meses. Pero cuando el Ministerio anunció que iba a invertir 15mil millones en apoyo a la cultura la reacción de la gente fue triste. Entendiendo de que la cifra puede sonar alarmante en estos contextos, en redes sociales se vio un ninguneo horrible al mundo de la cultura, al teatro, al cine, a la música, la danza, la literatura. Hoy la gente del teatro, de la danza, de la música, las librerías, quienes dependen de eventos masivos o espacios públicos están sin ninguna entrada de dinero, sin saber cómo llegar a fin de mes, al igual que cualquier dueño de un local. Pero en estas circunstancias los trabajadores de la cultura parecen no merecer de ayuda, como si no fueran parte del tejido social. Eso es triste y da rabia, porque al mismo tiempo ves cómo una de las cosas que más está manteniendo la salud mental equilibrada y el espíritu en alto de adultos y niños en la casa es el arte. El encierro se pasa leyendo, dibujando, escuchando música, viendo películas, series... ese arte lo producen personas y esas personas necesitan pagar su arriendo y cuentas, como todos.

Juan Carlos Fau, Qué Leo: “Las ventas no alcanzan el 10%”

El librero Juan Carlos Fau.

El 18 de marzo Juan Carlos Fau, librero y dueño de la marca Qué Leo, publicó en su cuenta de Twitter: “Estimados amigos, debido a la emergencia sanitaria nuestras librerías no atenderán a público como tradicionalmente lo hemos realizado. En nuestro sitio queleochile.cl encontrarán su librería más cercana para continuar comprando a distancia vía wasap. Esperamos volver a abrazarnos pronto cuando pase esta situación crítica”.

De los 50 locales activos de la franquicia, la mayoría de ellos se asoció a la venta por la red social. “Desplegamos toda nuestra cercanía con los clientes a través del Whatsapp directo de 42 librerías cada una con un catálogo en línea para repartir gratis en menos de 24 horas”, dice Fau.

La cadena está utilizando también las redes para hacer recomendaciones a los lectores: “Leer siempre es gratificante cuando no es obligatorio. Es difícil sostener una novela como Moby Dick, con el déficit de atención que provoca la monotonía. Recomendamos a nuestros clientes buenas antologías de cuentos por sobre todo”, relata el librero.

¿Cómo ha funcionado la venta por Whatsapp, en comparación con la venta en librerías?

Las ventas por Whatsapp aún no alcanzan a representar el 10% de la venta normal.

¿Cuánto podrán sostener esta situación?

Calculamos un promedio de tres meses de sobrevivencia en las condiciones actuales de funcionamiento. Condiciones que también cambian periódicamente.

¿Económicamente cómo enfrentarán este escenario?

Propusimos a nuestro principal acreedor, que además ocupa una parte importante del mercado, paquetizar la deuda de las Qué Leo y lograr bancarizarla. Una solución práctica antes de ponernos en la larga fila de prioridades que tendrá que soportar el estado en una tragedia como esta. Solicitamos derecho a crédito.

¿Esperan apoyo del Estado?

El Estado tendrá que garantizar nuestros créditos para que la banca ponga atención. De otra forma la debacle es bastante predecible. Las librerías siempre parecen ser los actores que cambian en una crisis económica. Quizás nuestro formato de actuar colaborativamente como reunión de libreros nos permita salir mejor parados de esta.

Sergio Parra: “El efecto ha sido devastador”

Sergio Parra, dueño de Metales Pesados.

Dos semanas antes de que se decretara la cuarentena en Santiago, la librería Metales Pesados de Alameda cerró sus puertas. Luego lo hizo la tienda de José Miguel de la Barra, habitualmente atendida por su dueño, el poeta Sergio Parra. “Los últimos días tuvimos una disminución significativa de público. Nuestras ventas bajaron un 80 por ciento”, dice.

Ubicada en el barrio Lastarria, la librería sufrió el año pasado con las movilizaciones del 18-O y ahora recibe un nuevo golpe con la emergencia sanitaria. “Esto ha sido como un balazo en la cabeza para el barrio”, dice.

¿Cuánto tiempo es sostenible esta situación?

Yo creo que el virus va a operar como un editor que obligará a editar y reformular nuestra vida, la vida urbana, comercial y cultural. El desarrollo de la tecnología y la venta por Internet va a dar un tipo de librería, fría, sin contacto. Y creo que sobrevivirán pocas librerías más especializadas, con trato directo y personalizado. Las grandes cadenas van a tener problemas, creo yo, pero van a florecer las librerías donde los lectores van a buscar una experiencia cultural.

¿No se suma a la venta online?

No es lo nuestro, nuestro catálogo es más específico y nuestros lectores buscan otro tipo de experiencia.

¿Se van reformular las librerías?

Las librerías que sobrevivan a este tsunami biológico van a ser aquellas que se conviertan en centros de actividades, de conversación, de encuentro, lo que fue Metales Pesados el último tiempo. Para subsistir, las librerías tienen que tener un encanto para atraer a los lectores. Una librería más curatorial.

¿Cómo dimensionaría las pérdidas?

Va a haber pérdidas. No sabemos cuándo se va a normalizar todo. Acá en el barrio el efecto ha sido devastador. La epidemia es como un tiro de gracia para muchos negocios que ya estaban muy afectados por el 18-O. En el caso del libro, toda la cadena se ve afectada. Una vez que volvamos, lo más seguro es que habrá poca importación de libros, por el alza del dólar y porque el valor de los vuelos se va a encarecer terriblemente.

¿El Estado debería prestar apoyo?

La librería es parte fundamental del circuito del libro, le da visibilidad al libro. Así como los editores pueden recibir apoyos del Ministerio de la Cultura, los libreros también deberían tener ayudas. Y para empezar, creo que el Estado debería exigir que Amazon y las librerías online paguen impuestos. Con ese impuesto se puede formar un fondo de apoyo a las editoriales independientes y las librerías.

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