Cristián Huepe, experto en Big Data: "El creer una noticia que confirma nuestros prejuicios, debería impulsarnos a domar las redes sociales"

CRISTIAN HUEPE (1)

El chileno radicado en Chicago analiza el rol que tienen las redes en la polarización y afirma que se les debe regular para asegurar la transparencia de sus algoritmos. Critica el informe que se conoció esta semana de la empresa Alto Data Analytics y asegura que no le extrañaría que haya habido intentos de intervención extrajera.




Desde el año 2000, Cristián Huepe Minoletti (49), físico y experto en Big Data, vive en Chicago, la ciudad de los vientos de Estados Unidos. Ahí trabaja como investigador adjunto del Northwestern Institute on Complex Systems (NICO). A pesar del tiempo que ha pasado, trata siempre de estar atento a lo que sucede en Chile. Hace dos meses vino a Chile y comentó con sus cercanos uno de los tópicos abordados fue que se resiste a dejar la pauta noticiosa: el estallido social.

En la era de la desinformación y virales de noticias falsas, cree que posiblemente hubo intento de influencia extranjera en las redes sociales, pero desestima que la eventual acción haya sido centralizada y menos aún que pudiera haber influido en las conversaciones de los chilenos.

En conversación vía llamada de Whatsapp con La Tercera PM, el científico –hijo del fallecido ex ministro Segegob de Ricardo Lagos, Claudio Huepe– critica el informe que esta semana se conoció de la empresa española Alto Data Analytics. Asegura que no le extrañaría que algunos de los eventuales intentos de intervención extranjera provengan desde Rusia y en particular apunta al propio Vladimir Putin, quien a su juicio ha capitalizado la desinformación a nivel global. "No lo puedo demostrar, pero sí no me extrañaría".

¿Con todo el trabajo que han realizado, se puede tener certeza de que hubo o no intervención extranjera que fomentó la violencia en redes sociales en el estallido social?

Claramente hubo intento de intervención extranjera. Claramente había algún tipo de acciones concertadas e incluso se veía en grupos venezolanos. Ahora uno podría decir también que los medios chilenos han tratado de intervenir en Venezuela, porque muchas veces hemos leído noticias bastante negativas y sistemáticas. Entonces tampoco es que eso sea tan extraño. Nosotros no hacemos inteligencia, por lo que no podemos realmente saber lo que está debajo de la capota de las cuentas que estamos mirando, pero probablemente hubo intento de intervención. Yo soy medio obsesionado con el rol de Putin (Vladimir Putin, presidente de Rusia), porque es la persona que realmente ha capitalizado desde un punto de vista de desinformación a nivel mundial. Probablemente hubo un interés de intervenir o de acción de los rusos y esto no me extrañaría. Ellos en general se interesan en desestabilizar todas las democracias del mundo. Y en particular, Chile tenía dos citas internacionales importantes (APEC y Cop25) y estaba en una vitrina importante en el momento en que surgió el estallido.

¿Hasta qué punto esos supuestos esfuerzos de intervención pudieron influir en las conversaciones en Chile?

Es difícil cuantificar cuánto influyeron, y lo único que podemos decir con cierta confianza es que no tuvieron un impacto significativo en las narrativas que se desarrollaron en Chile. Más que una acción concertada de grupos foráneos lo que vimos es que hubo muchas personas que replicaban tuits con información sobre Chile generada en Venezuela, pero no que hayan penetrado las redes de conversación chilenas. No se puede decir de manera categórica que no hubo intervención extranjera en el estallido social. Lo que sí puedo decir es que no influyó de manera decisiva. No hubo influencia extranjera centralizada que haya afectado las conversaciones sobre el estallido social en Chile.

¿A tu parecer el informe que conocimos esta semana de Alto Data Analytics es deficiente en su propósito?

Alto Analytics es una firma de perfil internacional, el problema es que ellos extrapolaron métodos que se podrían haber utilizado para temas más simples y no para explosiones sociales como la chilena para tratar de deducir cosas. Igual el informe es cuidadoso, porque si uno lo mira en detalle, no alega realmente intervención extranjera, pero la sugiere fuertemente en su lenguaje. Desafortunadamente, a la gente que lee el estudio, le resulta muy fácil dar el salto y asumir que esto fue una acción concertada desde afuera que generó muchas de las discusiones en Chile sobre todo en el periodo inmediatamente después de la crisis. Es deficiente no en su capacidad de recolección de datos ni tampoco en la generación de estadística, sino que en cómo la interpretaron, porque creo que ellos tienen más costumbre en estudios más estadísticos tradicionales asociados a marketing que en entender las dinámicas de discusión compleja en un estallido como este. Sus deficiencias también se notan en no conocer el caso chileno. El informe puso en el mismo saco a medios alternativos como Gamba y Ciper, cuando todos sabemos que no tienen ninguna relación entre ellos y es difícil decir que Ciper propague noticias falsas.

¿Le faltó acuciosidad?

Sí. Hubo una sobre interpretación que viene tanto por el informe como por la gente que lo leyó. Le faltó sofisticación para la complejidad del problema.

Regular los algoritmos

¿Hay que regular las redes sociales?

Sí hay que regularlas, pero de una manera distinta de como se asume. Por un lado tiene que haber una cierta responsabilidad de lo que se dice en las redes, pero el foco de la regulación debe estar puesto en cómo las redes sesgan tu imagen de cómo es el mundo. Facebook es un fuerte ejemplo de esto, porque a través de microtargetting es muy posible que uno empiece a crear un universo en base a información que solo a uno le interesa o con la que está de acuerdo. Facebook se excusa mucho, diciendo que no le hacen mal a nadie, porque lo único que hacen es darnos lo que uno quiere. El problema es que cuando te dan lo que tú ya quieres, indirectamente te están censurando todo lo que no es afín y es allí donde la radicalización es más fácil que aparezca. He estado postulando que lo que se debiera regular son las redes, pero desafortunadamente eso va más allá de Chile, porque estas redes no están allá y sería recomendable que Facebook revele con qué algoritmo te ofrecen lo que ellos suponen que te interesa y debiera estar obligado a ofrecerte cosas con las que no necesariamente estás de acuerdo.

¿Cómo se debiera llevar a cabo esta nueva normativa?

Esto no debiera ser muy distinto a lo que ocurría cuando se instalaron los primeros circuitos de electricidad, cuando las empresas estaban obligadas a dar servicio a pequeñas aldeas o ciudades que normalmente no tenían beneficio económico. Aquí pasa lo mismo, pero con la línea editorial. Claramente a Facebook le conviene mostrarte solo cosas de deporte si te gusta ejercitarte, porque de esa manera te venderá más zapatillas o raqueta de tenis o lo que sea, pero por otro lado –y esto se aplica a la política– si te empieza a interesar algo, como por ejemplo un producto vegano, termina rápidamente mostrándote cada vez más productos más naturistas, pero eventualmente traspasa a lo no científico, y es muy común que de allí se llegue a la gente antivacuna. O si te gusta la bandera chilena, es muy fácil que el algoritmo te muestre cosas más patrióticas hasta que termines en un grupo nacionalista.

¿Es preponderante el rol de las redes sociales en la polarización que vemos en la sociedad?

Las redes sociales no son muy buenas para saber el peso de ciertas opiniones, porque no son una encuesta. La gente que opina en las redes, no será la misma que votará, necesariamente. La única red que uno podría explorar es Twitter: se sabe que tiene una penetración sesgada de ciertos grupos, pero es muy buena para entender qué tipo de ideas o narrativas están surgiendo. Aunque Twitter no es un espacio exhaustivo, es el único en el que podemos meternos sin vulnerar la privacidad de la gente, porque todo tuit es completamente público. En otra de las cosas en que las redes son fundamentales en todas las crisis globales, es que permiten aglomerar fuerzas en internet y facilitan la idea de que si alguien se para afuera o protesta todos los días, va a lograr hacer cambiar algo porque esa inquietud o demanda no había manera de juntarla antes de la internet, de hacer un frente común. Por lo mismo, uno de los problemas que enfrenta el mundo, no sólo Chile, es cómo domar esa bestia de desorden de ideas que confluye en una manifestación social, pero que no necesariamente tiene suficiente coherencia como para proponer soluciones inmediatamente.

¿En periodos de polarización aumenta el número de cuentas en redes sociales?

La actividad de Twitter aumenta enormemente. La creación de cuentas en un lugar específico es algo que uno normalmente no recolecta a no ser que cuando uno analiza este tipo de flujos de información, porque su origen tiene que ver con un trabajo de inteligencia. Lo que uno termina haciendo en Twitter es recolectar todos los tuits que se generaron bajo ciertos términos claves y luego acotar la región bajo lo que las personas declaran.

¿Las redes sociales son un pilar para las democracias o un riesgo?

Pueden ser las dos cosas. El sueño de Silicon Valley de hace una década era que las redes sociales iban a ser la panacea de las democracias, porque íbamos a tener infinita información e íbamos a tomar decisiones sabias. Eso no es tal, pro el comportamiento humano y porque hay muchos intereses que no velan por el bien común. El que tendamos a creer cualquier noticia que confirme nuestros prejuicios, debiera impulsarnos a intentar domar las redes sociales, porque presentan un gran riesgo.

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