Cuánta gente está muriendo por Covid-19: El conteo pendiente

Fotos: JOSÉ FRANCISCO ZÚÑIGA/ AGENCIAUNO

A tres meses de declarado el primer caso en Chile y comenzando junio con más de mil decesos oficiales, aún no hay un registro consolidado de cuántas personas fallecen en Chile por culpa del virus. La OMS recomendó hace 17 días reportar esas muertes, incluyendo a las sospechosas. El Minsal anunció ayer que se ceñía a eso y todavía no aplica la metodología, pero ya lo hicieron los médicos intensivistas y de urgencias, que anteayer anotaron 60 defunciones solo en Santiago; advierten que por distintas causas hay un "subregistro" de ellas.




“Es importante registrar y reportar muertes debido al COVID-19 de manera uniforme”, abre el punto tres de “Guías internacionales para la certificación y clasificación del COVID-19 como causa de muerte”, un documento oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) fechado el 16 de abril. Dice ahí que el virus debe ser “registrado en el certificado de defunción para todos los decesos que la enfermedad ha causado, o se asume que ha causado, o ha contribuido, a la muerte”.

El texto es tan específico que recomienda no usar el vocablo genérico de “coronavirus” porque los hay de varios tipos y así se evitan clasificaciones equívocas con impactos a futuro, e incluye cuadros gráficos de cómo indexar los datos en los certificados. Aplicar este parámetro instruido por la OMS había sido planteado por distintas voces en las últimas semanas, hasta que ayer martes el Ministerio de Salud anunció que se ceñiría a éste.

Entremedio, hubo sucesivas controversias ante las divergencias en las estadísticas sobre el fallecimiento de personas por el virus. Como cuando hace pocos días CIPER relató que el Registro Civil inscribía 63 muertes más que las informadas por el Minsal y anotaba otras 316 como “sospechosas”, por ejemplo. O como la cuestión del detalle de fallecimientos por comuna, que según esta nota publicada el domingo por La Tercera, aún no la informaba el Minsal pero sí la expresaba un informe de la Unidad de Gestión de Camas Críticas (UGCC). El asunto llevó anteayer al alcalde de Renca, Claudio Castro, a pedirle al gobierno a entregar ese desglose: sus registros municipales contaban 22 fallecimientos por Covid-19, pero el Minsal contaba nueve.

Pero en el balance de hoy eso no se concretó, aunque hubo un lapsus de confusión. Primero, la subsecretaria Paula Daza dijo que los 75 fallecimientos registrados en las últimas 24 horas (esto es, una muerte cada 19 minutos) se contaron bajo “la nueva metodología” y que en total las defunciones “asociadas a COVID-19” suman 1.188.

Sin embargo, instantes después el ministro Jaime Mañalich deshizo lo anterior y ante una pregunta de la prensa dijo lo contrario: “Este número no aplica todavía el nuevo criterio”. Pero en rigor tampoco la cifra correspondió a las personas que perecieron ayer, dado que además informó de una “corrección”, debido a que “aceleramos el procesamiento de muestras” y se incluyeron pacientes fallecidos antes de que se confirmara el PCR positivo. Graficó eso diciendo que entre los 75 casos, 31 tienen una fecha de defunción anterior al 25 de mayo.

Habrá que esperar al menos hasta mañana. Mientras, ya hay otras estadísticas recién levantadas por organismos ajenos al Minsal que dan pistas de hasta dónde puede crecer la lúgubre cifra y tener una idea de cuántas personas perecen. Pero ya se acumulan voces que advierten que un balance definitivo no se podrá hacer hasta mucho más adelante y que persiste una porción sin conocer.

Por ejemplo, lo que la OMS recomendó y el ministerio está por aplicar ya lo hicieron los especialistas de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva (SOCHIMI), que en conjunto con sus pares de Urgencias y Anestesistas -entre otras especialidades- levantaron su propia medición diaria de distintas variables, incluyendo fallecimientos, desde los inicios de la pandemia. Y los números son mayores de los informados por la autoridad en el mismo lapso.

En las últimas 24 horas de mayo, el día 31, el informe dio cuenta de 60 decesos solo en la Región Metropolitana. De ellos, 31 adultos en las Unidades de Pacientes Críticos o UPC, 28 de los cuales fallecieron cuando estaban conectados a ventiladores mecánicos invasivos. Otros 26 perecieron en urgencias (pero solo contabilizaron en el 59% de los centros), dos en máquinas de anestesia y uno en pediatría.

En esas mismas 24 horas, el Minsal computó 59 defunciones, pero en todo el país. La diferencia se debe a que el informe de los Intensivistas sí contabilizó los casos sospechosos. "Lo más probable es que se explique porque a pesar de que nuestra encuesta preguntamos por fallecidos COVID positivo, es probable que -sobre todo en la urgencia- tengamos un porcentaje de respuesta de fallecidos que son sospechosos, y que están en espera de su COVID positivo antes de fallecer”, explica el doctor Tomás Regueira, presidente de SOCHIMI.

“Se pregunta cuántos pacientes COVID o sospechosos de COVID fallecidos hubo en las últimas 24 horas. Como el PCR se demora 48 horas, puede que cuando tengamos el resultado del paciente, él ya haya fallecido o haya sido trasladado", cuenta el médico Luis Enberg, presidente de la Sociedad Chilena de Medicina de Urgencia. Se incluyen en el conteo los pacientes de los que se sospecha “por clínica, por imágenes, o por laboratorio, el médico, en la fecha clínica, en el certificado de defunción, escribe sospecha de COVID”, según Regueira.

Pero la cifra del informe, que ya es muchísimo más alta que la oficial del Minsal al usar criterios distintos, así y todo se queda corta. La SOCHIMI especifica que solo pudieron recopilar y tabular los datos en el 59% de los servicios de urgencias de la Metropolitana porque “están muy colapsados, ha sido difícil en algunos centros encontrar personas que nos puedan reportar la información fidedigna”, cuenta Regueira.

¿Es posible entonces, que bajo el criterio de la OMS esté pereciendo más gente en los centros de urgencias que no se cuenta? “Es factible que haya más fallecidos que nosotros, por las limitaciones de nuestra estadística, no hemos podido tabular”, afirma Enberg. “Faltan, sí. Probablemente hay un subreporte de fallecidos en urgencias en el informe Sochimi”, tercia Regueira. Los dos subrayan que los datos se levantaron mientras se atienden enfermos graves, que “lo sacamos a pulso” y que “por falta de recursos no tenemos personal contratado” para esas labores. Los datos los proveen los jefes de turno.

Por lo mismo, también hay un margen de error. Regueira admite “limitaciones” porque “pudiera suceder que un doctor decida reportarnos que tiene 100 pacientes, cuando en realidad tiene 40, y yo no tengo gente en terreno que fiscalice que efectivamente tenga 100 ó 40. Por lo tanto, dependemos absolutamente de la buena voluntad y de la prolijidad de los médicos que nos reportan".

Con todo, Enberg hace ver que “el ministerio, desde mi punto de vista, ha sido bastante riguroso. Más que errores, puede haber algunas diferencias porque uno tiene que definir qué va a considerar como fallecido debido al COVID, y puede que las consideraciones que establece el ministerio sean un poco distintas a las de las sociedad científicas”.

Y que “en toda situación de pandemia puede que exista un subregistro de casos, no porque exista una mala pesquisa o porque no está la intención. Es porque en una pandemia la cantidad de enfermos es tan grande, que no haya ningún sistema de salud 100% preparado”.

El otro dato a considerar es el alza de fallecimientos totales, sin causa especificada, entre mayo de este año y mayo pasado. El Registro Civil ya actualizó esta mañana un número que por sí mismo era alto, y fijó en 4.933 las muertes en la Región Metropolitana en mayo, versus 3.779 registradas en el mismo mes del año pasado. Una diferencia o “exceso de muertes” -en terminología estadística- de 1.154 personas.

Cuántas de esas 1.154 lamentables muertes fueron por culpa del COVID-19, es un punto también por despejar. A la lista de interrogantes se suma el dato de cuántas ancianas y ancianos han fallecido en sus casas o en hogares para adultos mayores, y que no están en las estadísticas de los intensivistas.

Pero eso tampoco ha sido posible conocerlo. Hecha la consulta en el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), contestaron que no disponen de ese detalle y que hay que preguntar en el Minsal. ¿Allá? Dicen que sí los registran, pero que no tienen el desglose y que eso hay que preguntarlo en el SENAMA.

En estas circunstancias, los entendidos creen que pasará tiempo antes de llegar a una cifra definitiva, cuestión no solo necesaria para tener un número que simbolice esta tragedia: también será una vara para medir al manejo del gobierno.

El doctor Enberg cree que habrá que esperar, y piensa que “eso va a ser según un cálculo matemático más que la posibilidad de haber captado todos los casos”.

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