Alejandro Gil, el antagonista del cuerpo médico que monitorea desde Las Vegas la pugna en la CLC

Alejandro Gil Gómez

Desde EE.UU., donde viajó a fines de agosto y se quedaría por un mes, el presidente del directorio de Clínica Las Condes monitorea por estos días el conflicto con su cuerpo médico, agravado al menos desde inicios de agosto. En noviembre del año pasado, vehículos de inversión de la pareja de Gil, Cecilia Karlezi, tomó el control de la propiedad de la firma. Hoy, los médicos acusan intransigencia en su actuar en su afán de subirle las tarifas y ambas partes están judicializando sus posiciones. Aquí algunas pistas de cómo es este exmarino mercante, transportista y fanático de los casinos.




Cuando un accionista tiene el control de una compañía, elige a un presidente del directorio de su confianza, dado que es quien encabeza la empresa, toma las decisiones más importantes y le imprime su sello a la firma. Así lo hizo Cecilia Karlezi (56) —socia de Falabella, Cruzados, Enaex, Moller & Pérez-Cotapos y del Hipódromo de Chile— cuando logró hacerse con más del 50% de las acciones en Clínica Las Condes (CLC) en noviembre pasado y nombró en el puesto a su pareja, Alejandro Gil Gómez (73).

El camino para llegar a controlar CLC ya había sido pedregoso y áspero para la familia Karlezi, que agrupa sus negocios en la oficina familiar llamada Auguri, que administra inversiones por alrededor de US$ 3 mil millones. Para lograr la mayoría de la propiedad tuvo que esperar años, dado que la negociación de compra de acciones con los médicos, quienes son los socios originales de CLC, estuvo tensionada por distintos factores. Entre ellos, el precio o incluso por críticas a la gestión y contabilidad de la compañía, que en el pasado reciente tuvo como presidente a Andrés Navarro y como gerente general al exministro de Salud, Jaime Mañalich.

Hoy por hoy las rencillas en CLC están escribiendo otro capítulo, que tiene como escenario la Corte de Apelaciones. El cuerpo médico de la entidad, que representa a más de 500 profesionales de la salud, interpuso un recurso de protección a fines de la semana pasada para que se deje sin efecto los cambios en los contratos de arrendamiento que busca acometer la clínica. Por su parte, los abogados de CLC —liderados por Sebastián Oddó, histórico abogado de las sociedades cascada ligadas a Julio Ponce— adjuntó antecedentes y argumentos en los que le piden a la Corte que declare inadmisible el recurso.

El sello de Gil ha estado marcado por la falta de entendimiento y de diálogo con los médicos, quienes acusan que incluso él se ha parado de la mesa y se va de las reuniones. Ese modal no es nuevo para el mercado. En el mundo de los negocios a veces no saben leer a Gil cuando negocia. “Una vez estábamos en una reunión y repentinamente se paró y se fue”, desclasifica un ejecutivo financiero. El portafolio manager de uno de los fondos que ha participado en la propiedad de CLC, comenta que siempre le llamó la atención “la beligerancia que tenía Alejandro Gil respecto a lo que hacía el management”. En estos nueve meses de su presidencia, ha habido cuatro gerentes generales distintos. El actual, Jerónimo García, asumió el 1 de septiembre tras la renuncia de Freddy Jacial a mediados de agosto, quien estuvo sólo tres meses en el cargo.

Un ex director de la CLC comenta que “Alejandro Gil intentó varias veces tenerme de su lado. Me invitaba a comer, pero yo me debía a todos los accionistas. Él opera también de esta forma a través de su primo, Carlos Gil, decían literalmente que me querían agasajar”.

Todo queda en familia

La pareja de Karlezi no tiene un título de educación superior, fue marino mercante, es divorciado y tiene tres hijas que participan en el negocio que él fundó en 1978: Transportes Gil, que está establecido en Quilicura y tiene una filial en Antofagasta. La firma maneja camiones de carga para la industria minera, de otras materias primas y de la construcción. Entre sus clientes están todas las grandes mineras, como Los Bronces, Chuquicamata, Escondida, Collahuasi y Los Pelambres. Pero también tiene otros clientes, como Sodimac o Enaex, ambas firmas relacionadas a su pareja, incluso en Enaex Gil es director desde octubre de 2010.

El área de los vehículos le acomoda a Gil. En 2015 lanzó otro negocio familiar, AutoKas, que lo maneja junto al hijo de Cecilia Karlezi, Sebastián Arispe Karlezi. La firma comercializa autos Honda y tiene sucursales en Francisco Bilbao y en el mall Plaza Oeste. La casa matriz está en La Dehesa, mismo lugar donde hicieron una lujosa inauguración en 2015, donde se le vio muy activo, contestando preguntas de la prensa y haciendo un discurso. Dicha locación de venta de vehículos es la más grande de la marca nipona en Latinoamérica.

El empresario transportista contó con la total confianza de la fallecida madre de Cecilia Karlezi, María Luisa Solari, quien lo vio como un hombre clave para la representación de sus negocios. Fue ella quien lo incluyó en los directorios relacionados a su propiedad. De hecho, en 2015, mismo año en que “Icha” falleció, Gil la reemplazó en el directorio del Hipódromo Chile, cargo en el que se mantiene hasta la actualidad. Eso sí, más que los caballos pura sangre, una alta fuente ligada a una de las empresas del holding Falabella asegura que “él es más corralero, le gustan los animales más agrestes del campo en Llanquihue”. Otro negocio que maneja la familia Karlezi ligado a los animales es Haras Doña Icha.

Alejandro Gil —de extremo perfil reservado, al igual que Cecilia Karlezi— no opera solo en el mundo de los negocios. Durante años, lo han acompañado sus primos Álex Harasic y Carlos Gilquien en los recientes días renunció como vicepresidente de CLC— y su exabogado de cabecera, Alejandro Quintana, quien estuvo entre 2012 y 2019 en la mesa directiva de la clínica.

Justamente, fuentes de la CLC aseguran que con Quintana terminó la relación de confianza. “Quintana le dijo reiteradamente a Gil que nombraran a un directorio de alta reputación y gestión una vez que tuvieron el control, pero él no hizo caso y quiso capitanear el buque. Después de eso, el abogado cortó toda relación con Auguri, porque sabía que se venían malos tiempos”, sostienen. Incluso, al asumir como presidente de la clínica, el empresario transportista también incluyó en el directorio a otra prima: Renata Harasic Gil.

El año pasado, cuando Andrés Navarro salió de la presidencia de CLC para darle paso a la era Gil, le recomendó a los nuevos controladores en una entrevista a El Mercurio que “traten de ahondar y trabajar en los acuerdos y no en los conflictos (…) No sé quiénes van a entrar, pero el que ha manejado la operación de Auguri en CLC es Alejandro Gil y él es un personaje muy rústico. Cuando estuvo en el directorio llegaba con propuestas espontáneas, fuera de tabla, graciosas y muchas veces hasta ridículas. No creo que alguien con su perfil sea el tipo de director que necesita hoy CLC, pero ellos tendrán que ver a quien ponen”.

La llave la tendría Cecilia Karlezi

¿A quién escucha Alejandro Gil? “Sólo a Cecilia”, responden varios entrevistados para este artículo. Es por ello que las mismas fuentes aseguran que Karlezi, pese a que prefiere inmiscuirse solo en los asuntos de Falabella, es la que tiene la llave para revertir esta crisis en CLC.

Un paso que habría dado Cecilia Karlezi es incorporar en el directorio a la abogada Paola Bruzzone, quien por más de 15 años fue la asesora legal principal de Falabella, de hecho llegó a ser gerenta legal del retailer. Ella ha liderado las negociaciones por estas semanas con los médicos.

“Espero que Cecilia pueda tener una mayor injerencia y que le pida ayuda a sus primos ligados a Falabella para volver a estabilizar la administración de la clínica”, afirma alguien que por años trabajó en CLC.

Por estos días, distintos cercanos a la familia sostienen que Gil está siguiendo el conflicto desde Las Vegas, adonde viajó a fines de agosto y se quedaría hasta fines de septiembre. Si bien fuentes cercanas a él aseguran que es fanático de los casinos, en esta oportunidad estaría “haciendo compras de empresas y monitoreando algunos directorios”.

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