El veterano de Las Malvinas que espera con la maleta lista para llegar a la U

Omar de Felippe

El entrenador argentino, que aguarda el último llamado para saber si toma la banca azul, cuenta no solo con una extensa trayectoria en el fútbol sino también la vivencia de uno de los momentos más duros de la historia argentina.




Hace un año, Omar de Felippe, el veterano de Las Malvinas que aguarda el último llamado para saber si toma el mando de la banca de la U, realizó un sentido llamado a través de las redes sociales. El 2 de abril de 2018, publicó en su cuenta en Twitter un llamado a no olvidar a las víctimas del conflicto bélico con Inglaterra que se llevó a cabo en 1982. "Hoy es un día especial para nosotros, saludar a todos los Veteranos de #Malvinas. Prohibido Olvidar!!! #MalvinasArgentinas #36añosdeMalvinas", escribió junto a la imagen del archipiélago coloreado con la bandera transandina.

De Felippe puede hablar con autoridad de uno de los episodios más cruentos que contiene la historia transandina. Estuvo, literalmente, en el campo de batalla. Pocos días antes del mensaje que publicó en Twitter había sido homenajeado en la antesala del partido que jugaron Newell's, el equipo que dirigía, y Tigre, en el estadio Marcelo Bielsa. Recibió un galvano y, por supuesto, la ovación del público que estaba en el estadio.

En abril de 1982, De Felippe era juvenil en Huracán. Esa condición no lo eximió de ser convocado por el ejército argentino. Fue trasladado a Isla Soledad y, según recogen diversos reportes, debió caminar 12 kilómetros soportando bajísimas temperaturas hasta llegar a Puerto Argentino. La muerte lo merodeó. No es una metáfora. La intervención de un capitán de apellido Zunino le permitió seguir vivo. Una bomba había explotado en el lugar al que había sido asignado minutos antes. Incluso después de que se firmara la paz, el peligro continuó. "Cuando se firmó la rendición, nosotros estábamos volviendo del frente. Caminamos unos ocho kilómetros, pero fue un caos. Si bien la guerra se había terminado, nos seguían disparando. Hubo heridos y hasta muertos. Fue un descontrol. Teníamos que empezar a readaptarnos a lo que sería la vuelta. Nos juntaron a todos en Puerto Argentino para llevarnos al aeropuerto y, en la mitad del camino, nos iban desarmando. Eso fue devastador", declaró el entrenador en una entrevista al diario Clarín, en 2013.

El Soldado del Buen Juego

El Soldado del Buen Juego, como lo moteja el título de esa entrevista, intenta traspasar esa experiencia a sus dirigidos. Seguramente, en caso de llegar al CDA, escucharán parte del discurso que ya se ha oído en los vestuarios de Olimpo, Quilmes, Independiente, Emelec, Vélez Sarsfield y Newell's en Argentina, además de Emelec en Ecuador. " Es una parte de la historia de mi vida que me ha fogueado, me ha formado para hacerle frente a diferentes situaciones que me pasan, entre ellas el trabajo. El fútbol no tiene nada que ver con una guerra, pero la experiencia me da por ahí ese plus de perseverancia, de insistir, de no abandonar nunca. Yo trato de transmitirles a mis jugadores que la verdad está en uno. Soy más exigente en eso que en que corran o se tiren a los pies. Trato de inculcarles que crean en ellos. Si las limitaciones no se las pone uno, no existen. Sobre todo en un juego como es el fútbol", declara.

En esa misma nota, esboza la base de su idea futbolística. "Cada cuerpo técnico tiene su estilo. El tema es convencer al grupo, llegar a tener una identidad que sea tomada como tal por los futbolistas que lo integran. La nuestra es intentar ganar jugando, y por suerte en esta última etapa creo que se logró. Otra de las cosas es conformar un buen grupo y que todos se sientan parte. Cuando se habla de grupo, el diálogo cambia de rumbo. O mejor dicho, se entremezclan los caminos ya que él considera clave ese aspecto en el desenvolvimiento de un plantel", explica.

El sistema de juego depende, en sus palabras, de las características de los futbolistas que disponga. "Si tengo la posibilidad de tener los jugadores que quiero, me gusta tener enganche, delanteros por dentro y por fuera. En defensa mayormente prefiero trabajar con cuatro, aunque también lo hemos hecho con tres y no tengo problemas", dice.

Pero más que la ecuación que suele deslumbrar a los amantes de los sistemas tácticos, De Felippe privilegia otra definición que puede resultar vital para descomprimir a los atribulados jugadores azules. "Conmigo el jugador tiene permiso para jugar. Ese concepto no se negocia y es el punto de partida. Cuando se empieza a animar a jugar, ahí me doy permiso yo para implementar otras variantes, incluso dentro de un mismo partido. En la medida que el jugador se suelta las cosas empiezan a salir, comienzan a aceitarse. Es muy reconfortante cuando ves que eso sucede", plantea.

Malas campañas recientes

"No le tengo miedo a la pelea por el descenso", les dijo De Felippe a los medios argentinos cuando se supo de la posibilidad de dirigir a la escuadra laica.  Esa sensación de valentía, forjada muy probablemente en su experiencia bélica, tendrá que traspasarla al campo de juego, en el que los resultados no le han sido tan favorables. Si bien su currículo consigna ascensos con Olimpo, Quilmes e Independiente y el título de la Serie A ecuatoriana con Emelec, en 2016, sus campañas recientes no han sido demasiado alentadoras.

En Newell's Old Boys, donde, como si se tratara de una paradoja, lo reemplazó el ex estratega azul Frank Kudelka (una situación que también se dio en Emelec, con el arribo de Alfredo Arias), cosechó apenas el 41,9 por ciento de los puntos. En Vélez Sarsfield no le había ido demasiado mejor: su rendimiento alcanzó apenas el 46 por ciento.

En el Nacional B argentino sus campañas habían sido ostensiblemente mejores. Ascendió a Olimpo, Quilmes e Independiente, campañas que le permitieron forjarse el prestigio que le permitiría dar el salto a exigencias mayores. Como las que tendrá si asume finalmente la banca de la escuadra estudiantil.

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