“Era cercano y fácilmente entendible; sabía un montón”, el sentido homenaje de sus pupilos a Vicente Cantatore

Las muestras de pesar por el deceso del entrenador chileno son elocuentes. Tanto como la valoración de su legado. Óscar Wirth, Jorge Aravena y Víctor Merello dimensionan su figura e influencia.


Jorge Aravena se impacta cuando se entera de la muerte de Vicente Cantatore. Al Mortero, la noticia lo pilla de sorpresa. Se percibe el quiebre de su voz al recibirla. Incluso interrumpe sus recuerdos para contarle a un interlocutor cercano que ha fallecido uno de sus mentores. El ex mediocampista y actual técnico de Deportes Puerto Montt compartió con el estratega en la época en que ambos coincidieron en el Valladolid. Cuando el DT armó un equipo que transformó en protagonista a un club que tradicionalmente no lo ha sido. Aravena se llena de recuerdos y elogios que se parecerán mucho a los que luego le dedicarán otros jugadores que estuvieron al mando del rosarino.

“Siento una pena muy grande. Por él tengo una admiración y un respeto tremendos. Estuve un año con él, en el Valladolid, y los recuerdos son los mejores. Era un señor del fútbol, sabía un montón y era generoso para entregarlo”, explica. Los recuerdos gratos no se detienen ahí. “Él fue quien me hizo capitán de la Selección en un partido en septiembre, contra México en el Estadio Nacional. Era un tipo extremadamente justo”, resalta. También alaba su alta identificación con Chile. “Siempre se sintió chileno. Lo decía. Es igual que el Bichi Borghi, que permanentemente dice que lo es. Cantatore hizo su carrera acá y, después, su vida”, enfatiza.

Óscar Wirth también reconoce una influencia vital del entrenador en el desarrollo de su carrera. “En el proceso de crecimiento y logros fue muy importante. Estuve con él en un Cobreloa que llegó a conseguir cosas muy importantes y me recibió en España, en el Valladolid. Había jugado un año en Alemania y me planteó la idea. Su personalidad era extraordinaria, de una sola conducta, que confiaba mucho, plenamente, en el jugador. La elección de los jugadores era competencia exclusiva de él. La armonía que existía y las ganas de querer trabajar era el fiel reflejo de lo que quería. Era cercano, creía mucho en el jugador. Si accedía a algo, pedía reciprocidad. Las cuentas las pasaba a fin de año, pero con reconvenciones previas. Tres o cuatro”, recuerda.

Víctor Merello, quien integró el plantel de Cobreloa que llegó dos veces a la final de la Copa Libertadores de América de la mano de Cantatore, refuerza ese concepto. “Le daba valor al jugador. Yo puedo graficarlo así: el respeto y el trato era digno de elogio. Para él, primero estaba la persona. Era distinto a muchos técnicos que tuve”, sostiene.

“Me falta algo”

Los tres coinciden en un aspecto clave para entender la influencia de Cantatore: la simpleza. “Yo destaco la claridad de conceptos. El idioma del fútbol que utilizaba era fácilmente entendible por cualquier jugador”, dice, por ejemplo, Aravena. “Entenderle era fácil, porque no ocupaba un lenguaje rebuscado. Lo que le interesaba era llegar al jugador con una idea clara”, añade Merello.

El Mortero, el Chueco y Wirth se consideran afortunados por haber cultivado una relación cercana con el estratega. En ese marco, el ex arquero cuenta que Cantatore solía decirle que se sentía incompleto como técnico. “Me decía ‘me falta algo’”, cuenta. “Ese ‘algo’ era haber ganado la Copa Libertadores. Hay que entenderlo como su permanente aspiración a la excelencia. No se conformaba con poco. Eso lo hizo un técnico distinto”, sostiene.

La búsqueda era permanente. E incluía la constante adaptación de los jugadores a nuevas ideas. “Les sacaba provecho a las condiciones que teníamos. Nos hacía jugar en distintos puestos. Si tengo que resumir su aporte, diría que don Vicente era un técnico que hacía crecer a los jugadores que dirigía. Nos hacía crecer”, agrega Merelllo.

El adelantado

Aunque fue percibido como un técnico conservador, quienes trabajaron con él destacan la osadía que tuvo para introducir modificaciones radicales en una época en que los cambios eran pocos. Wirth, por ejemplo, sorprende con el recuerdo más peculiar. “Me hizo jugar como volante, en un partido contra San Luis. Me había luxado un dedo, nos faltaban defensas y a mediados de semana jugábamos por la Libertadores. Entonces, me planteó la idea. Y me convenció. Salió bien”. Más tarde, el golero repetiría la experiencia como defensa en el Valladolid.

En la pizarra también había elementos que resultaban llamativos para la época y que hoy son habituales. “En cierta medida era un adelantado. El usó muchas cosas que en algún momento no se le dieron importancia. Hoy estaría en los primeros lugares, quizás en el mundo. Utilizó conceptos que se empezaron a usar 10 o 20 años después y que ahora son habituales, como el rombo en el mediocampo. No lo nombraba así, pero lo ejecutaba de esa forma. A veces, también jugaba con un punta y dos por fuera llegando desde más atrás. Eso uno lo ve siempre. En Cobreloa las usamos mucho. En el 77, cuando estaba en Lota, también lo hacía. Siempre miró hacia el futuro”, desempolva Merello.

Los tres reclaman para Cantatore un sitial de privilegio en la historia del fútbol chileno. “A Cantatore lo tienen que recordar como un técnico que fue consecuente con todo lo que habló. Eso, generalmente, va a acompañado de buenos resultados. Fue uno de los pocos chilenos que lograron destacarse en Europa. Están Riera, Pellegrini y él. No recuerdo si alguno más alcanzó ese nivel de relevancia. Entonces, hay que reconocerlo como se debe”.

Aravena es de la misma idea. “Se va un grande del fútbol chileno. Esa es la forma en que hay que recordarlo. Merello también pide el reconocimiento. “Todo lo que se puede decir es poco. En vida fue un grande. Lo que le entregó al fútbol, a las instituciones que dirigió es algo inmenso. Quizás recién ahora podamos dimensionarlo”, concluye.

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