Europa se apoya en China y EE.UU. recurre a la industria nacional en carrera por insumos médicos

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Mientras que la mayoría de los países importa suministros de China, Trump ha confiado en la producción interna para hacer frente a la crisis. Alberto Fernández, por su parte, ha tomado medidas similares en Argentina.




El gobierno español se vio envuelto en una gran polémica el jueves pasado, luego de que varios médicos locales afirmaran que se habían comprado 58 mil tests rápidos fallidos a una empresa china. La Embajada de China en España encendió aún más la controversia, explicando que Shenzhen Bioeasy Biotechnology, la compañía a la que se habían encargado las pruebas, no contaba con la licencia para realizar este tipo de exámenes.

Mientras que la empresa culpó a la incompetencia del gobierno por no entender el funcionamiento de los tests, Sánchez se defendió el fin de semana, señalando que “estamos en un mercado súper agresivo” y "ningún país tiene la capacidad de producción propia para autoabastecernos de la cantidad de material ingente que necesitamos”.

El presidente español, Pedro Sánchez, durante una reunión de gabinete extraordinaria el 29 de marzo en Madrid. Foto: AFP

Los españoles no fueron los únicos de la región. Alemania perdió un cargamento con más de seis millones de mascarillas en un aeropuerto de Kenia, mientras que Holanda recibió un pedido de cerca de 600 mil mascarillas que no cumplían con los estándares de calidad necesarios.

A pesar de la polémica, la mayoría de los países de Europa tiene a China como su principal proveedor de insumos médicos. De hecho, la Comisión Europea anunció la semana pasada la compra conjunta a China de material sanitario para 25 países europeos, entre los que se encuentra España.

“Cuando China fue golpeada por el virus en enero, la Unión Europea envió de manera inmediata 56 toneladas de material médico de ayuda. Y no lo han olvidado. Por eso, cuando de repente tuvimos necesidad, ellos quisieron devolvernos el favor”, señaló la presidenta del organismo, Ursula Von Der Leyen, en entrevista con El País.

Ursula von der Leyen
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von Der Leyen.

El ministro de Sanidad francés, Olivier Véran, señaló que hay que priorizar calidad sobre cantidad. “Hay que velar por su fiabilidad. Algunos países extranjeros nos han mostrado que comprar test demasiado deprisa, sin verificación, es un fracaso", dijo Véran en entrevista con Le Journal du Dimanche.

Argentina también está a la espera de insumos médicos importados de China. Sin embargo, para hacer frente a la crisis, Alberto Fernández intervino la principal fábrica de respiradores artificiales del país transandino. Tecme S.A., que empezó como una pequeña empresa cordobesa, se convirtió en una de las pocas que pueden fabricar estos dispositivos en todo el continente.

Alberto Fernández anuncia nuevas medidas para enfrentar el coronavirus el 29 de marzo en Buenos Aires. Foto: AFP

Con un mercado internacional saturado, la producción local se ha vuelto clave. Por eso, Fernández le ordenó a la compañía que dejara de exportar sus dispositivos, para así abastecer solo el mercado argentino. Además, el mandatario centralizó la producción para luego redistribuir los productos entre las distintas provincias.

El ministro de Salud peruano, Víctor Zamora, denunció hoy el acaparamiento de tests rápidos y calificó de “salvaje” la situación del mercado internacional. Aunque las órdenes de compra se realizaron, advirtió que aún no llegaban los insumos que esperaban hace un par de semanas.

EE.UU., por su parte, ha confiado en la industria nacional. La escasez de tests había sido uno de los mayores desafíos en su lucha contra la pandemia. Por eso, Donald Trump presentó ayer un kit para diagnosticar Covid-19 -fabricado por la farmacéutica estadounidense Abbott- que ofrece resultados positivos en solo 5 minutos y negativos en 13, frente a los dos días que puede tardar normalmente.

Donald Trump muestra el test de cinco minutos del laboratorio Abbott ayer en la Casa Blanca. Foto: AFP

La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA), autorizó el uso del kit la semana pasada. Abbott señaló que las pruebas -que son portátiles y pueden realizarse fuera de un centro de salud- estarían disponibles esta semana y que su intención es entregar 50 mil tests diarios al sistema de salud estadounidense, produciendo cerca de cinco millones de tests al mes.

Una semana antes, la FDA había autorizado el uso de emergencia de otro examen que demora aproximadamente 45 minutos en diagnosticar el virus, fabricado por Cepheid. La prueba creada por la compañía de diagnóstico molecular estadounidense puede ser usada en cualquier parte, al igual que la de Abbott, ya que no se necesita enviar las muestras a un laboratorio para ser procesadas. Además, no requiere un entrenamiento especial para realizarla.

Desde La Casa Blanca aseguraron que las pruebas incrementarán a medida que más empresas privadas se vayan sumando a la iniciativa.

En Alemania, en tanto, Bosch desarrolló un dispositivo de diagnóstico que entrega resultados en dos horas y media. El examen, que se lleva a cabo en un aparato llamado Vivalytic, estaría en el mercado alemán en abril y se extendería después al resto del mundo.

Según Bosch, el test rápido puede diagnosticar simultáneamente diez agentes patógenos y cumple con las exigencias de la Organización Mundial de la Salud.

Un médico muestra el funcionamiento de la máquina de test rápido hoy en el hospital Robert Bosch en Stuttgart, Alemania. Foto: AFP

El problema no es solo que cada país utiliza diferentes métodos para diagnosticar la enfermedad, sino que además se contabilizan las muertes de distinta forma, según han advertido los expertos en epidemiología.

Italia, por ejemplo, incluye en el registro de víctimas de coronavirus a todos los pacientes que hayan dado positivo y fallecido, sin considerar el resto de su historial clínico. En Francia, no se consideran los casos de personas que hayan muerto fuera de hospitales, mientras que en España tampoco se contabiliza a aquellos que fallecen en sus domicilios sin nunca haberse hecho la prueba.

Según los expertos, estas diferencias hacen que el cálculo de las tasas de mortalidad no sea confiable.

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