“Hay cerebros deformes que buscan calumniar”: Rosario Murillo, la mujer fuerte de Nicaragua que niega el Covid-19

La Vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo en un acto en Managua.

La Vicepresidenta y esposa de Daniel Ortega, de 68 años, asumió un rol principal en el país dando conferencias diarias sobre el avance del virus, en las que pide que "Dios nos libre de la pandemia principal que son los malos sentimientos".


“Hay algunos cerebros deformes, enfermos que buscan afanosamente o inventan, para precisamente calumniar, difamar. No se dan cuenta esas personas que no son de bien. No los vemos, no los oímos porque no podemos entender que todavía tengan maldad en sus corazones”. Así, la Vicepresidenta y primera dama de Nicaragua, Rosario Murillo, criticó a los especialistas que han cuestionado la estrategia del gobierno para enfrentar la pandemia y denuncian un “ocultamiento” de casos, ya que las cifras oficiales admiten solo 25 contagios y 8 víctimas fatales, lo que dista de la realidad de los cementerios donde se realizan “entierros exprés” ante la emergencia sanitaria.

Personas durante el entierro de un familiar sospechoso por Covid-19 en el cementerio Milagro de Dios en Managua.

Durante la ausencia pública de 34 días del Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, que reapareció el pasado 15 de abril, ha sido Rosario Murillo quien asumió en un rol principal en la crisis sanitaria, dando los boletines informativos diarios sobre el virus en el país en la televisión oficialista. El orteguismo intenta minimizar el impacto del coronavirus en los nicaragüenses al convocar marchas y multitudinarios actos en rechazo a las medidas exigidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero los videos de entierros nocturnos han generado revuelo entre la población que exige conocer la real magnitud de la enfermedad en Nicaragua.

El Ministerio de Salud (Minsa) confirmó por primera vez ayer que hay “25 casos en brotes aislados, pero en la curva exponencial hay múltiples brotes simultáneos interconectados".

Según el diario La Prensa de Managua, la cifra es cuestionada por los médicos que sostienen conocer más pacientes con síntomas de Covid-19 en los hospitales o fallecidos que fueron diagnosticados con “neumonía atípica” u otros problemas respiratorios.

Pacientes esperan atención afuera de un hospital en Managua.

El primer caso positivo en Nicaragua se dio a conocer el 18 de marzo y desde ese momento la Vicepresidenta Rosario Murillo intentó poner paños fríos a la enfermedad ante el rechazo a decretar estado de emergencia, cuarentenas o testeos en la población. En cambio, la primera dama ha intentado combatir el virus enviando bendiciones o rezando por las personas.

“Pedirle a Dios que el señor nos libre de la pandemia principal que son los malos sentimientos, las malas, tóxicas emociones, la codicia, la avaricia, el afán de dominio, el afán de exterminio y el afán permanente de explotar para dominar”, sostuvo la Vicepresidenta Rosario Murillo en una de sus intervenciones.

En plena pandemia, Murillo anunció que durante el fin de semana se realizaron 2.500 actividades que incluyeron “ferias gastronómicas, asambleas comunitarias y partidos de primera división de béisbol”.

Un trabajador camina por afuera de las clínicas de salud móviles con la imagen del Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y la Vicepresidenta, Rosario Murillo en Managua.

Según el diario Confidencial, el campeonato de beisbol realiza cada semana -de viernes a domingo- 17 partidos en estadios con asistencia de entre 2 mil y 4 mil personas sin mascarillas, toma de termperatura o distanciamiento social.

La Vicepresidenta ha rodeado de “misticismo” y religión la administración de Ortega. La “Chayo”, como es conocida, tiene 68 años y es sobrina-nieta de Augusto Sandino, que inspiró el movimiento revolucionario sandinista. Durante el primer mandato de Ortega (1985-1990) fue diputada y ministra de Cultura.

Entre una de sus polémicas aparece su hija mayor, Zoilamérica Narváez, que acusó a su padrastro (Daniel Ortega) de haberla violado en repetidas ocasiones en 1998 y posteriormente fue exiliada de Nicaragua.

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Una ilustración de la Vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo.

Emergencia sanitaria

El Observatorio Ciudadano de Nicaragua revela que habrían más de mil casos en Nicaragua hasta el 9 de mayo, incluido los contabilizados por el Ministerio de Salud. Esto estaría propiciando un colapso silencioso en el sistema sanitario de Nicaragua por el Covid-19, principalmente en el departamento de Chinandega.

Un hombre con mascarilla en el cementerio central de Managua.

De acuerdo al diario El País, los hospitales y morgues están enviando cuerpos durante la noche para “descongestionar”. Algunos fallecidos son sepultados tres horas después del deceso, sin familiares, ni aglomeraciones en lo que llaman un “entierro rápido”. A pesar de tener síntomas de Covid-19 no son diagnosticados por lo que las actas de defunción no aparecen en los registros oficiales de infectados. En algunos casos, los familiares eran informados del fallecimiento cuando el cuerpo ya estaba enterrado.

Ante esto, exministros de Salud de Nicaragua enviaron una carta a la OMS en el que acusan al gobierno de los Ortega-Murillo de “manipular la información sanitaria para negar o disminuir artificialmente el número de casos y de muertes por causa de la pandemia. A la fecha, hay un considerable cantidad de profesionales contagiados en las unidades de salud, debilitando las condiciones para la atención a quienes la necesitan; y hay personal despedido por sospechas de haber informado con transparencia a las familias”.

Trabajadores con mascarilla en las calles de Managua.

Cada año, Managua adquiere ataúdes para las personas de escasos recursos que no pueden adquirirlos para sus familiares. Según La Prensa, el año pasado la municipalidad gastó US$ 103.611 para las “cajas funébres" y este año la licitación fue por US$ 355.239 lo que deja la duda si el aumento sería para atender las consecuencias de la pandemia. Además, a través de las redes sociales, las personas denuncian largas esperas para ser ingresados en los centros hospitalarios. Algunos hospitales cancelaron cirugías e intentan instalar nuevas camas para recibir más pacientes que podrían estar infectados.

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