La campaña que busca levantar las censuras impuestas a obras durante el franquismo en España

Un visitante sostiene un retrato del exdictador español Francisco Franco en el mausoleo del Valle de los Caídos, en las afueras de Madrid. Foto: AP

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica solicitó al gobierno de Pedro Sánchez terminar con la censura a la que todavía hoy, más de cuatro décadas después de la muerte de Franco, se enfrentan algunos de los grandes clásicos universales en el país.




Hace 82 años que terminó la Guerra Civil española, un conflicto que sigue generando debate y opiniones encontradas. No hay duda de que, 46 años después de la muerte del general Francisco Franco, la dictadura continúa proyectando hasta el día de hoy una larga sombra sobre la sociedad española. En especial, en materia de censura.

Durante sus casi 40 años en el poder, Franco eliminó la mención de la Guerra Civil española, la sexualidad y los puntos de vista anticatólicos. Con tal de remediar esa situación, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARHM) exigió esta semana al gobierno del socialista Pedro Sánchez una investigación para que “se reparen y completen” los libros y películas que fueron censuradas durante la dictadura franquista y que, en ocasiones, continúan emitiéndose e imprimiéndose de forma parcial.

Emilio Silva, presidente de la ARHM, dio la voz de alarma a principios de esta semana después de que tropezó en la televisión con una versión diferente de la película estadounidense Qué bello es vivir (1946), dirigida y producida por Frank Capra. La cinta, que se emite la mayoría de las Navidades, cuenta con cortes que alcanzan los siete minutos y que ocupan dos escenas. En total, la cinta debería durar 130 minutos, pero dura 123.

“De repente escuché algo que nunca había escuchado antes”, dijo Silva. “Era una escena que no estaba en la versión que había visto 10 veces antes”. Pero la situación no le sorprende. “Siempre se cortan escenas de fuerte contenido político”, comentó al periódico digital El Plural.

Así, por ejemplo, en el caso de Qué bello es vivir, las escenas que se suprimen tienen que ver con la dimensión que quiso darle el autor a “la posibilidad de crear cooperativas de vivienda frente a la avaricia de quienes desde la usura del mercado son capaces de pisotear derechos fundamentales”. Concretamente, todo lo relacionado con menciones a la cooperativa de vivienda que dirige el protagonista George Bailey, interpretado por James Stewart, cuyas casas a precios asequibles quiere aniquilar el villano Henry Potter (Lionel Barrymore).

En una línea similar aparece censurada la película Raza (1941), que el propio Franco “dirigió”. En ella el dictador suprime minutos que dan a entender sus vínculos con Hitler y Mussolini.

Dentro de las grandes películas reconocidas en el mundo del cine destaca también Casablanca (1942), del director Michael Curtiz. “No puede ser que siga circulando sin que se cuente que el personaje que hace Humphrey Bogart estuvo en la Guerra Civil, luchando con el bando republicano (…) Todavía eso sigue cortado con una tijera que utilizó el franquismo”, se lamenta Silva.

Y es que, durante el régimen de Franco, las tijeras estatales fueron sistemáticas y rigurosas, recortando referencias a la Guerra Civil española y la dictadura, junto con material sexualmente explícito y cualquier mención que contrarrestara los estrictos valores católicos promovidos por el Estado, destaca el diario británico The Guardian.

Así, la censura franquista no solo tiene todavía consecuencias en algunas joyas del Séptimo Arte, sino que también influye en grandes obras de la literatura. En la novela Al otro lado del río y entre los árboles (1950), del escritor estadounidense Ernest Hemingway, el uso de “lesbianas” fue reemplazado por “buenos amigos”, mientras que las referencias al control de la natalidad y detalles sobre la vida sexual de los protagonistas se eliminaron de la novela Ve y dilo en la montaña (1953), del estadounidense James Baldwin. Según el censor, el texto contenía “ya expresiones obscenas, ya descripciones pornográficas, y, en algún caso, incluso irreverencias”.

“Podemos decir que James Baldwin, Ernest Hemingway o Frank Capra también son víctimas de la dictadura, porque alguien censuró sus obras y ningún gobierno democrático en España ha reparado este daño”, apunta Silva.

Mucho de lo que se sabe de las obras censuradas que circulan hoy proviene de los años de investigación de Jordi Cornellà-Detrell, profesor de estudios hispánicos de la Universidad de Glasgow. “Estamos hablando de uno de los legados más duraderos pero invisibles del régimen (de Franco)”, dijo profesor y amigo de la ARHM.

Cornellà-Detrell ha catalogado decenas de ejemplos. Más de 20 ediciones diferentes en español de Rosemary’s Baby (1967) de Ira Levin, incluido un e-book, se basan en una versión censurada que corta dos largos pasajes. Según los censores, estos fragmentos glorificaban a Satán y eran poco respetuosos con los valores religiosos.

En el caso de Burmese Days (1934) de George Orwell y Thunderball (1961) de Ian Fleming, se siguen publicando versiones censuradas incluso después de nuevas traducciones de ambas obras. Más del 90% de las copias de Soldiers’ Pay (1926) de William Faulkner que se prestan en las bibliotecas públicas de España, están censuradas.

Los escritos con frecuencia fueron importados a Hispanoamérica, y por lo tanto la censura franquista -que a veces tenía también lugar por contenido “sexual” o “cuestiones de género”- repercutió igualmente al otro lado del Atlántico. De hecho, The Guardian destaca que un editor en Argentina publicó el año pasado una edición censurada de Soldiers’ Pay, insinuando que obras intervenidas por el régimen de Franco también están llegando a América Latina.

“Que tras más de 40 años persistan hechos tan graves no es sólo un atentado contra las personas que crearon esas obras y una agresión a su libertad de expresión; atenta también contra el derecho al conocimiento y la libertad en el acceso a la cultura”, dijo la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en declaraciones recogidas por Efe.

Durante la Transición, se derogaron las leyes de censura, pero no hubo una comisión que investigara a fondo cómo había afectado a películas y libros, ni hubo una rehabilitación de las obras afectadas. Por todo esto, la ARHM solicitó al gobierno que cree una comisión, a través del Ministerio de Cultura, que investigue el alcance de obras censuradas y se lleve a cabo una restauración de las mismas.

“Todo depende de la voluntad política. Hasta ahora no la ha habido, pero ahora hay un proyecto de ley de Memoria en el Congreso”, cuenta Silva, esperanzado. Y añade: “Hay que devolver a esas obras lo que el franquismo les quitó”.

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