La muela que duele

Sebasti‡n Pi–era recibe el informe con las conclusiones y propuestas en materia laboral de las mesas tŽcnica y sindical

En definitiva, es bienvenido este debate. Existen en esta materia valores y principios distintos –es cosa de analizar la realidad laboral y sindical europea vis-a-vis la estadounidense-- que no se deben esconder en una supuesta neutralidad técnica, ni económica ni jurídica. Es por ello que, de buena fe, rechazo la acusación de posverdad.




En una columna publicada el día de ayer, titulada "Que no se imponga la política de la posverdad", el Subsecretario del Trabajo ha respondido a una columna de mi autoría publicada anteayer ("Abuso justo y seguro"), a propósito de la reforma laboral que presentó el gobierno la semana pasada.

Más allá de los infundios que acusa, se agradece que por fin comience el debate respecto de los contenidos específicos del proyecto, dejando atrás los eslóganes y generalidades, videos y matinales, que caracterizaron el anuncio. No es sano que se anuncie un proyecto tan relevante y que pase una semana sin que se pueda conocer su texto.

Después de leer la columna del Subsecretario, sin embargo, la crítica no puede sino mantenerse. Ello probablemente porque tenemos legítimamente concepciones distintas sobre lo que debe ser el rol del Derecho Laboral y el rol los sindicatos. A mi juicio, el trabajo moderno nos exige diseñar esquemas que se adapten a los nuevos tiempos y a las nuevas tecnologías. Nada más alejado que una posición rígida al respecto. Pero esos nuevos esquemas deben ir aparejados de mecanismos de protección y seguridad para los trabajadores. ¿Cómo se logra aquello? Con claros estándares legales y con una eficiente organización de los trabajadores. Buen Derecho Laboral y buenos sindicatos.

Ahí está la raíz de las legítimas diferencias. Porque, por ejemplo, el Subsecretario señala que yerro en mi crítica acerca de las jornadas de 12 horas, señalando que ese límite legal ya existe el día de hoy. Pero eso es cierto solo excepcionalmente. Por eso mi crítica habla de que, con el proyecto de ley, se facilitan las jornadas de 12 horas diarias y esta "puede terminar siendo la regla general". La columna no rebate esa aseveración.

Pero no solo eso. Hoy día, cuando la empresa enfrenta un momento de alta carga laboral, debe recurrir a la hora extra para enfrentarla, con su respectivo recargo remuneracional. Con la propuesta del gobierno, parte de esas horas extras estarán dentro de la jornada ordinaria y no de la extraordinaria. O sea, efectivamente el trabajador ganará menos, como señala mi columna.

Sobre la jornada semanal de 4x3, nuevamente afloran las distintas concepciones. La propuesta que aprobó la reforma laboral del gobierno anterior contemplaba una jornada de este tipo, pero acordada con los sindicatos que representen al menos un 30% de los trabajadores de la empresa. La propuesta del gobierno remite esa jornada al pacto individual entre trabajador y la empresa, lo que puede terminar siendo una simple imposición del empleador.

El Subsecretario admite que hoy sí se pueden pactar bloques horarios para ajustar hora de entrada y de salida, y que existe, de hecho, un Dictamen claro y preciso sobre la materia. La autoridad tiene un punto: a veces puede ser más pedagógico llevar la interpretación doctrinaria al texto legal. Pero de ahí a presentar este como el gran tema de la reforma (como se hizo), hay un trecho muy grande.

Un tema muy preocupante es la semestralización y anualización de jornada que propone. Un cambio de tal envergadura requiere la presencia de los sindicatos. El gobierno propone modificaciones a los actuales artículos relativos a pactos de adaptabilidad, rebajando notoriamente el nivel de sindicalización que debe existir en la empresa. Admito un punto: no sabemos aún qué dirá el proyecto respecto de qué ocurre en aquellas empresas en que no hay sindicato. Supongo que no va a proponer que a falta de sindicato se puedan pactar con grupos negociadores o alguna forma de decisión grupal de los trabajadores. Eso sí que sería un abuso.

En definitiva, es bienvenido este debate. Existen en esta materia valores y principios distintos –es cosa de analizar la realidad laboral y sindical europea vis-a-vis la estadounidense-- que no se deben esconder en una supuesta neutralidad técnica, ni económica ni jurídica.

Es por ello que, de buena fe, rechazo la acusación de posverdad. El gobierno debe admitir que no fue prudente anunciar una regulación tan relevante sin dar a conocer sus detalles. No se puede reclamar posverdad cuando se ha coqueteado con ella. Como decía mi tía abuela, la lengua va a la muela que duele.

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