La tensa noche en que Piñera decidió no sacar de nuevo a los militares

Presidente se dirige al país tras nueva jornada de protesta

12 de noviembre del 2019/SANTIAGO El presidente de la Republica, Sebastian Piñera, habla en la monedaGonzalo Blumel, el ministro del Interior y Seguridad Publica y Karla Rubilar, la ministra Secretaria General de Gobierno. FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

Anoche, en la reunión que encabezó el Presidente, hubo un tenso debate ante la idea de decretar nuevamente un estado de excepción. Según afirman en La Moneda, Blumel, Rubilar y Ubilla se opusieron a la alternativa de sacar a los militares, apelando a que eso podía ser perjudicial y que había que insistir en la búsqueda del diálogo. De todas maneras, en Palacio afirman que esta opción sigue sobre la mesa y que dependerá de cómo evolucionen los hechos de violencia y de la postura que adopte la oposición.




Fue quien puso el tema sobre la mesa, dijo que era una alternativa que estaba considerando y pidió opiniones. Anoche, en la reunión que encabezó en La Moneda, el Presidente Sebastián Piñera abrió el debate sobre la opción de decretar nuevamente un estado de excepción.

El Mandatario se había ido de Palacio pasadas las 17.00 y volvió cerca de las 20.40, luego que los hechos de violencia registrados en distintas zonas del país se recrudecieron. Antes de su regreso a la sede de gobierno, se habían reunido el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, el subsecretario de esa cartera, Rodrigo Ubilla, y la ministra de la Segegob, Karla Rubilar, para analizar los disturbios, cita a la que posteriormente se sumó el subsecretario de Desarrollo Regional, Claudio Alvarado.

El diagnóstico, a esas alturas, era uno: la jornada era muy cercana a lo que en el Ejecutivo denominaron como "viernes negro" del 18 de octubre pasado, día en que estalló la crisis y en que Piñera decretó estado de emergencia. Eso sí, a diferencia de ese viernes, ayer los hechos de violencia no se concentraron solo en Santiago, sino que, de acuerdo a los informes que recibían en el gobierno, se registraban también en regiones como Antofagasta, Valparaíso y Concepción.

Bajo este escenario, las autoridades mantenían informado ayer al Presidente, quien, dado los hechos, decidió regresar a La Moneda y convocó también al ministro de Defensa, Alberto Espina, quien arribó a Palacio a las 20.23. Por esos momentos, en medio del complejo escenario, fuentes del Ejecutivo afirman que el Mandatario ya había transmitido la opción de decretar nuevamente un estado de excepción, ya sea de emergencia o de sitio.

Con esa alternativa ya en mente, en la reunión previa que tuvieron las autoridades, según algunas versiones, algunos de los presentes habrían manifestado su disposición a renunciar a sus cargos si se sacaba nuevamente a los militares a las calles, una situación que, sin embargo, nunca fue puesta sobre la mesa en la cita con el Presidente. Otros desestiman esa versión.

Posteriormente, en la reunión que encabezó el Mandatario, que se extendió por dos horas, estaban Blumel, Rubilar, Ubilla, Espina, el jefe del grupo de asesores del Segundo Piso, Cristián Larroulet; la jefa de gabinete del Presidente, Magdalena Díaz; y el asesor de asuntos internacionales de Presidencia, Benjamín Salas, a quien -a través de la ventana de la oficina del Presidente, que da hacia el patio de Los Naranjos- se veía entrar y salir intermitentemente del encuentro.

El gran ausente, según todas las versiones de gobierno, fue el ministro de la Segpres, Felipe Ward, quien se retiró a las 20.00 de La Moneda. En todo caso, en su equipo afirman que Piñera le encomendó sostener diálogos con parlamentarios y hacer las "bajadas" de los anuncios.

El debate interno

La cita con Piñera -que se dio en un contexto en que en el gobierno reconocían que nuevamente se había "perdido el control de la calle"- comenzó con el debate sobre la opción de decretar estado de excepción, análisis que, según admiten en Palacio, tuvo varios momentos de tensión.

De acuerdo a fuentes del Ejecutivo, las autoridades analizaron todos los escenarios. Blumel, Rubilar y Ubilla se opusieron a la idea de volver a sacar a los militares a las calles, argumentando que eso solo empeoraría las cosas y que aumentaría el descontento ciudadano, considerando, además, que los uniformados están cuestionados debido a las denuncias de violaciones a los derechos humanos. Asimismo, advirtieron que se entorpecerían los diálogos con la oposición, sector con el que el oficialismo continúa negociando un acuerdo sobre el mecanismo para una nueva Constitución.

Ello se lo manifestó el presidente del Senado, Jaime Quintana, al propio Blumel, en medio de la discusión al interior de La Moneda. Según fuentes del Congreso, el ministro se contactó con el senador PPD para sondearlo ante la opción de reponer algún tipo de estado de excepción. Según quienes conocieron de ese contacto, Quintana le habría advertido que eso podría agudizar los niveles de violencia y que, además, podría entrampar los avances en las conversaciones entre la oposición y La Moneda.

Durante la cita, además, los asistentes se percataron de que comenzaban a surgir declaraciones de dirigentes de la oposición, a través de redes sociales, en las que rechazaban la idea de volver a un estado de emergencia y apuntaban a condenar transversalmente la violencia. Esto último, algo que en el gobierno le han pedido públicamente a ese sector.

Pero también se evaluaron fórmulas intermedias haciendo uso de la fuerza militar. Fuentes del Ejecutivo dicen que Larroulet planteó sacar a un número reducido de uniformados, destinados exclusivamente a proteger infraestructura crítica, pero sin recurrir a decretar estado de emergencia. Esa idea, cuentan en Palacio, se habría explorado con abogados, hasta que se determinó que era jurídicamente inviable.

En el caso de la postura de Espina, en tanto, aseguran que planteó que el sacar a los militares era una última opción y que el camino debía ir por el diálogo político. Otras versiones afirman que habría tenido otro análisis.

En paralelo a la reunión en Palacio, circulaba la versión de que el contralor Jorge Bermúdez o su gabinete ya había sido contactado por el gobierno en caso de que fuera necesaria su firma, lo que finalmente no fue necesario. Incluso, Bermúdez se devolvió desde su casa a su despacho esperando una notificación. Además, comenzaron a surgir trascendidos de distintos sectores sobre que los militares se habrían negado a volver a salir de los cuarteles, lo que fue rápidamente negado por el gobierno. "Van a acatar lo que el Presidente les diga", dicen en Palacio.

En el Ejecutivo decían que estaban conscientes de que Piñera tenía muy poco margen de alternativas y que la decisión estaba reducida a dos opciones: sacar nuevamente a los militares, poniendo en jaque el acuerdo político con la centroizquierda; o desistir de esa idea, poniendo en riesgo la situación de seguridad, con la posibilidad de que aumenten los hechos de violencia en un escenario en que -dicen en Palacio- hay menos personal de Carabineros en regiones.

Finalmente, con los presentes inclinados en su mayoría por no volver a recurrir a las Fuerzas Armadas, se desechó sacar a los militares, se determinó "reintegrar" a carabineros ya retirados y anunciar querellas invocando la Ley de Seguridad del Estado. Esto, junto con convocar a tres grandes acuerdos. Ya con la decisión tomada, según algunas versiones, Piñera les consultó a todos los presentes si estaban seguros de las opiniones que entregaron sobre la posibilidad de recurrir o no al estado de excepción.

"La decisión fácil hoy es usar la fuerza, la difícil, apostar por la paz y el diálogo. En medio de la prepotencia y el odio, que se levante la democracia y los acuerdos. La historia nos juzgará si estuvimos a la altura", comentó Rubilar, tras la cita de anoche, en Twitter.

Finalmente, con la determinación, dicen en el gobierno, Piñera quiso enviar un mensaje a la oposición y "poner la pelota en su cancha" para que ellos tomen una decisión respecto a la postura que adoptarán ante los hechos de violencia y el acuerdo sobre una nueva Constitución. En ese sentido, advierten que hoy será un día clave para ver si se alcanza un consenso con la centroizquierda, el que creen que podría darse con todas las fuerzas políticas, a excepción del Partido Comunista.

Además, el mensaje de Piñera apunta, según algunos en el gobierno, a que la oposición deje de "chantajearlo" -como lo califican en el Ejecutivo- con la asamblea constituyente y a remarcar que no se abrirá directamente a esta alternativa, lo que, dicen, hubiese significado quebrar a su coalición. Esto, dado el veto de la UDI a negociar mientras no se terminen los hechos de violencia. En todo caso, a esas alturas en la DC habían sacado la cuenta de los votos y estimaban que, si sumaban a RN, podían alcanzar los 2/3 sin la UDI.

En el gobierno afirman que este es un "esfuerzo final para alcanzar el diálogo" y que, si la postura de la oposición no cambia y continúan los disturbios en el país, Piñera podría recurrir nuevamente a un estado de excepción. En este escenario, durante la mañana el Jefe de Estado continuó encabezando reuniones con su equipo político y el ministro Espina. El balance, hasta ahora, es que ha habido un cambio en la postura de la oposición y que están todos condenando, de manera transversal, los hechos de violencia.

*Este artículo fue modificado a las 14.55.

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