Las luchas de poder en la derecha de Novoa, el “general” de los coroneles UDI

Su fallecimiento esta madrugada en el sur, más que cerrar un ciclo de vida en la derecha, abre una historia con varios capítulos por contar. Hoy, el sector y su partido poco o nada tienen que ver con la era en que el poder del exsenador UDI casi no tenía contrapesos, fase que entró en el ocaso a raíz de su enfermedad y su condena en el Caso Penta. Cuando lo tenía, lidió con adversarios como el Presidente, y también con sus pares gremialistas.




“Yo soy general”, decía a veces soltando una risotada. En la UDI algunos recuerdan que así reaccionaba cuando le sacaban a colación la archiconocida etiqueta de los “coroneles” que se les aplicaba a él, Pablo Longueira, Andrés Chadwick y Juan Antonio Coloma para recordar que los cuatro estaban al tope de la cadena de poder del partido. El mismo que hoy tiene bien poco que ver con el que manejaron por décadas sin pugnas ni rivales internos que les disputaran el control, donde fueron referentes formativos para las generaciones que los siguieron, y en cuyo devenir también tuvieron disputas que más de una vez plantaron la duda si alguno tenía más jinetas que el resto.

La broma en serio que rememoraban esta mañana entre quienes trabajaron o coincidieron con Jovino Novoa Vásquez se remonta a la era en que presidió el Senado (marzo 2009 a marzo 2010), cuando su protagonismo e influencia en la derecha vivió quizás uno de sus puntos más altos. Pocos años después entraría a un ocaso acelerado por varios frentes, y que hace rato lo tenía fuera del anillo de decisiones gremialistas que antes no podrían no haber pasado por sus manos.

Por un lado, los problemas de salud que terminaron con su fallecimiento a las 1.50 AM de hoy, en su fundo ubicado entre Puerto Varas y Ensenada -donde se había recluido intermitentemente hace años-, acompañado de su familia; no alcanzó a aquilatar los últimos episodios del proceso que borrará la Constitución de su amigo Jaime Guzmán, cuyo legado en la derecha siempre defendió sin dobleces. Por otro, una serie de derrotas políticas que fueron coronadas por la condena (2015) por delitos tributarios en el Caso Penta, que en su día incluso levantaron polvareda en la UDI sobre si debía, además, ser sancionado de alguna manera. Eso nunca ocurrió y murió conservando su asiento en el directorio de la fundación que lleva el nombre del fundador.

Jovino Novoa fue subsecretario general de Gobierno entre 1979 y 1982. En la foto, saludando a Augusto Pinochet / FONDO HISTORICO - CDI COPESA

Uno de los primeros y últimos UDI 150% químicamente puros, Novoa fue el heredero natural de Guzmán a la cabeza de esa tienda tras su muerte, y por años el símbolo del lado más apegado a la doctrina y a los principios de la derecha dura. Tan criticado por sus adversarios y enemigos como defendido hasta el final por varios de los suyos, el exsenador y exsubsecretario de Pinochet deja detrás una historia de la que queda mucho por contar todavía. Su muerte cierra un ciclo crucial en su partido y en la derecha, y ocurre justo cuando uno de sus mayores antagonistas, el Presidente, también entra al atardecer de su gobierno.

Piñera, su adversario

Esta mañana decían en La Moneda que el Presidente Piñera le dijo a su círculo que iba a contactar a los familiares de Novoa. Al momento de publicar esta nota aún no lo había hecho y tampoco había tuiteado ni comentado en público su deceso. En el anillo del Mandatario creen que ambos no hablaban hace mucho tiempo y que no recuerdan haberle oído comentar nada al respecto sobre su relación.

El 18 de enero de 2010, Novoa visitó al entonces presidente electo Sebastián Piñera en su casa, en la comuna de Las Condes. fotos, Rolando Morales C. / La Tercera.

Más allá de lo que diga (cuando murió otro de los rivales históricos del Jefe de Estado, Sergio Onofre Jarpa, reaccionó días después de que lo hicieran otros en RN), a los dos los separa un abismo histórico y político que tuvo en vilo al sector hace casi 18 años, durante el Caso Spiniak. Piñera entonces presidía RN y Longueira, la UDI; Novoa estaba en el cenit de su poder y la segunda candidatura de Joaquín Lavín chocaba con las pretensiones del hoy Mandatario.

Las acusaciones que vincularon al senador con una red de pedofilia, que al final resultaron ser falsas -como lo reconociera Gema Bueno casi un año después- desataron una guerra cuando Piñera apoyó las versiones de la entonces diputada RN Pía Guzmán, que habían abierto esa veta.

Longueira y Piñera cayeron de sus respectivas presidencias durante la crisis. Novoa tomó de nuevo el control de la UDI, pero el conflicto trajo inmediatas consecuencias. Lavín perdió la primera vuelta con Piñera el 2005 y éste le quitó la pole position para después insistir exitosamente el 2010.

Novoa estaba de presidente del Senado cuando, en 2009, su rival ganó la presidencial, hasta le tocó participar en los preparativos del cambio de mando. Pero se salvó del ritual de cruzarle la banda; poco antes fue sucedido en la testera por Jorge Pizarro (DC). Un año antes, cuando el UDI había asumido la cabeza de la corporación, Piñera comentó que “el privilegio y honor de presidir el Senado es un justo desagravio por las injuriosas acusaciones que recibió en el Caso Spiniak”.

Novoa tuvo varios conflictos con el primer gobierno piñerista. Se opuso a los primeros intentos por remover a Ena von Baer como vocera, y el penúltimo año de esa administración lanzó Con la fuerza de la libertad, un libro en que demolió el ideario de “la derecha avergonzada que se instaló en el Segundo Piso de La Moneda”. Llegó a decir ahí que varias apuestas del gobierno eran “temas que no formaban parte o no eran prioritarios en el programa de gobierno de Piñera. De haber sido así, mucha gente no hubiese votado por él y, desde luego, muchos en la UDI nos hubiésemos replanteado la decisión de apoyar su candidatura”.

Su poder en la UDI y el ocaso con Penta

En la UDI dicen que el año pasado Jaqueline van Rysselberghe lo extrañó más que nunca. Que si hubiese estado vigente y activo, sin duda habría respaldado medidas más enérgicas sobre los parlamentarios que votaron a favor de los retiros anticipados de pensiones. Los suyos aseguran que al menos habría habido mucho más apoyo para dejar testimonio -aunque no pudieran sancionar a nadie- de que el partido no dejaba pasar, de brazos cruzados, tales gestos de claudicación doctrinaria.

En 2010, los senadores y "coroneles" UDI Juan Antonio Coloma, Andrés Chadwick, Jovino Novoa y Pablo Longueira conversando en los pasillos del Senado en Valparaíso.

Novoa era famoso por insistir en que privilegiaba que la UDI fuera un partido poderoso por su influencia, pero sin ceder en sus principios, aunque eso lo dejara como una fuerza de nicho. “Prefería no ser un partido tan grande, pero un partido claro en sus definiciones. Prefería no ser un partido que tuviera ideas claras que defender, pero no una montonera de gente”, comentó Van Rysselberghe esta mañana en Radio Duna.

El dogmatismo que le atribuían en la UDI se hacía más patente ante el pragmatismo con que Longueira condujo a la colectividad en la primera mitad de la década del 2000, y varias veces chocaron. Sus diferencias se profundizaron con el tiempo, y durante Piñera I hubo una pugna a ratos amarga cuando el otro “coronel” intentó una aventura presidencial a la que el fundador siempre se opuso; prefirió apoyar la carta de Laurence Golborne. Le fue mal.

Con Chadwick también tuvo colisiones, sobre todo cuando éste fue vocero y luego ministro del Interior en la primera administración piñerista. Cuando las críticas de Novoa al manejo del gobierno escalaban, el entonces número dos llegó a advertir que era “ministro del Presidente, no la de la UDI”.

Con Coloma eran grandes amigos. La última vez que hablaron fue hace unas tres semanas, pero muy corto. Novoa seguía interesado en la política, pero solo sobre cosas más generales. Más largo conversaron para el cumpleaños del exsenador (31 de marzo). Y la última vez que se juntaron fue hace como año y medio, en la casa de Coloma.

Novoa venía a veces a Santiago, y todavía mantenía fuertes lazos con el también exsenador Carlos Bombal. En el partido recuerdan que en noviembre o diciembre se reunió a comer con él, con el expresidente UDI Julio Dittborn y con los hermanos Carlos y Gabriel Villarroel, por décadas referentes del “jovinismo” en la interna. Otro de sus cercanos era Jorge Manzano, por años secretario ejecutivo del partido.

En la UDI, los suyos han defendido su memoria, pese a que el 2015 se convertía en el primer político en ser condenado en los denominados casos de financiamiento ilegal de la política, por el Caso Penta. Un año antes había negado los hechos, pero al final reconoció delitos tributarios en un juicio abreviado: para acceder a este procedimiento en el que no arriesgaba pena de cárcel debía colaborar y admitir los hechos investigado por la fiscalía.

En su declaración dijo que había facilitado boletas falsas de su sociedad personal Inversiones y Mandatos por más de $ 33 millones entre los años 2008 y 2013, y que en ellas no había el pago por servicio alguno, sino más bien correspondían a aportes para actividades de campaña de la UDI. En la audiencia en que fue condenado guardó silencio y sólo escuchó su sentencia de tres años de presidio remitido.

A diferencia de los también exsenadores UDI Jaime Orpis y Pablo Longueira, a Novoa la fiscalía sólo le atribuyó delitos tributarios por haber ocultado aportes de dineros a actividades políticas. Sus correligionarios, en tanto, fueron luego imputados por cohecho, ya que al revisar sus correos electrónicos la fiscalía descubrió relaciones directas con las empresas que los financiaban y sus actividades propias del cargo, realizando intervenciones en tramitaciones de leyes -según acusó el Ministerio Público- para favorecer a las firmas que los financiaban.

“Seamos sinceros, Jovino en esa época ya estaba complicado de salud. Para su señora, esta situación era súper difícil cuando es tan pública. Lo que él hizo, fue un acto de pragmatismo. Decidió llegar a un acuerdo y, para llegar a él, hay que reconocer culpabilidad. No le doy mayor connotación, la verdad”, comentó sobre eso la expresidenta UDI hoy en TVN.

En los hechos, con el caso Penta, Novoa comenzó a salir de la esfera del poder, al menos públicamente. Aunque por años conservó una oficina en el segundo piso de la UDI, poco a poco comenzó a combinar largos periodos en su campo, en el lago Llanquihue, con estadías cada vez más cortas en Santiago. Todo, con el fin de evitar las consecuencias del duro enfisema pulmonar que lo aquejó por años. Ya a principios de 2020 se instaló casi por completo en ese lugar, donde murió.

Su última trinchera política y un recuerdo de Zaldívar

Novoa no alcanzó a oponerse públicamente al proceso constituyente, pero los suyos no dudan que lo habría hecho de haber estado activo y con salud. “Estuvo hasta el último minuto preocupado del devenir de Chile y por la UDI”, dice Martita Fresno, concejala UDI por Las Condes y sobrina suya. Sí recuerdan en el gremialismo que -tal vez- su última acción política decididamente tenaz fue durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet, cuando integró una comisión de expertos convocada por ella para una “nueva institucionalidad en inversión extranjera”.

Según recuerdan los íntimos del UDI, pese a la casi eterna distancia política con la exmandataria, ambos se llevaban bien en lo humano, lo que se vio mientras Novoa presidió el Senado, siendo Bachelet la Mandataria. Recuerdan que incluso ese año, el 2009, él le regaló un iPod cargado de pistas de bossa nova para su cumpleaños.

Pero en la citada comisión -sostienen- fue un feroz defensor de sus postulados. Él y Rodrigo Álvarez (que había presidido la Cámara de Diputados en el mismo período que Novoa lideró el Senado) se opusieron con todo a la derogación del Decreto Ley 600 (dictado en 1974), que garantizaba a los titulares de inversiones extranjeras que no se modificaran los regímenes tributarios y de franquicias especiales establecidos en sus contratos.

La pelea la perdieron -el DL 600 fue derogado después-, pero en la UDI recuerdan que eso puede haber sido la última trinchera política en que Novoa no cedió.

Nada muy distinto a lo que recuerdan en la ex Concertación, donde siempre han afirmado que en el Senado se encontraban en él a un derechista duro y sin dobleces, pero con quien se podía dialogar sin problemas y -lo más importante- que cuando hablaban con él, tenían claro desde un comienzo que Novoa hablaba por la UDI. Lo que él dijera se iba a cumplir, sus parlamentarios iban a votar tal cual y nadie se iba a descolgar ni votar a su antojo.

Andrés Zaldívar lo tuvo al frente muchas veces cuando era senador DC. “Era como el roble de la UDI, del corazón de lo que había sido el partido de Jaime Guzmán, un implacable defensor del proyecto que había construido con él; se sentía parte y actor de eso”, dice.

“Cuando uno conversaba con él sabía que su gente le iba a responder en la sala, que detrás suyo estaba toda la UDI”, asegura. Algo parecido dijo esta mañana el vicepresidente del Senado, Jorge Pizarro, con quien compartió por años en la Comisión de Hacienda. “Muchas veces no cedió, como cuando intentábamos terminar con los senadores designados, o en las primeras reformas tributarias. Pero en otras se daba cuenta de que en ciertos temas tenía que dar espacios”, sigue Zaldívar.

Zaldívar cuenta que los dos tenían un trato amable, y que cuando cayó encima el Caso Spiniak, él lo apoyó. “Cuando lo atacaron y lo trataron de mezclar en ese asunto, lo defendí desde la testera del Senado, cuando yo era presidente. Tuvimos una larga conversación, él me dio su versión de los hechos y me desmintió todo. Eso lo afectó mucho en su vida personal, porque las acusaciones daban cierta credibilidad. Pero yo, que había conversado ya con gente relacionada con la investigación, tenía la convicción de que él no tenía ninguna responsabilidad”, relata.

Y pensando en el rol que tuvo en esos años, el histórico decé piensa un segundo: “No fue el impulsor de la transición, diría que fue un actor que la aceptó”.

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