Menos megaexposiciones y más colecciones propias: la pandemia aceleró un nuevo modelo de museo

ESPECIAL 70 AÑOS LT: VERDADES QUE YA NO SON

Vista de Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931), en el Museo del Prado. Allí se aborda cómo los poderes establecidos defendieron y propagaron el papel de la mujer en la sociedad a través de las artes visuales, durante un período que coincide con la construcción de un canon por parte de este mismo museo. Foto: © Museo Nacional del Prado.

Tres cambios de paradigma están protagonizando los grandes museos del mundo. La pandemia del coronavirus ha acelerado la transformación de un modelo que ya estaba en crisis. La obsolescencia de las megaexposiciones, el desarrollo de contenidos digitales reflexivos y la inclusión de las demandas sociales son una nueva realidad. Revisamos la experiencia de los Museos del Prado y Reina Sofía de Madrid, con sus directores.




El modelo parecía consolidado: con un par de megaexposiciones al año, los museos hacían caja para financiar gran parte de su presupuesto anual. Sin embargo, la pandemia le dio el golpe de gracia a esta fórmula que los propios directores de los Museos del Prado y Reina Sofía de Madrid habían anunciado como algo del pasado. Ambos ya tienen un plan, que ya están implementando.

Pero no es el único cambio de paradigma que protagonizan hoy los grandes museos del planeta; la emergencia sanitaria también visibilizó el real impacto de las redes sociales y potenció el concepto de museo virtual. Asimismo, la inclusión de contenidos y autores, en particular, autoras, ya es un proceso en desarrollo.

Miguel Falomir, director del Museo del Prado. Asumió el cargo en 2017, pero trabaja en esta institución desde 1997. Foto: Museo del Prado.

Miguel Falomir: “Las colecciones permanentes van a tomar el protagonismo y los proyectos serán más cotidianos”

A mediados de mayo, fueron noticia hasta en la televisión. El Museo del Prado cumplía dos meses cerrado, pero había tenido 12,5 millones de visitas en su plataforma web, punto de destino de una intensa actividad en redes sociales. El impacto fue sorpresivo, según detalla su director, Miguel Falomir. “El mismo día del cierre, el 12 de marzo, tuvimos los reflejos de emitir en directo el cierre de las puertas del museo vía Instagram y tuvimos más de 60.000 visionados. Al día siguiente, una explicación de las obras colgadas a en la galería Central llegó a 300.000, y así cada día durante todo el confinamiento. Los datos de acogida demuestran que hay una gran apetencia por contenidos de calidad en las redes sociales”, cuenta desde Madrid. El museo virtual ya es una realidad para esta institución que cumplió 200 años en 2019.

¿El museo virtual llegó para quedarse? Ante la baja de ingresos por entradas, ¿piensan desarrollar contenidos digitales de pago?

El Museo del Prado nunca va a cobrar por todos los contenidos que difunde ahora gratuitamente ni establecer muros de pagos para acceder a sus colecciones. Al mismo nivel que la labor de conservación del patrimonio está la de su difusión y puesta al servicio de un proyecto compartido de una sociedad más culta y mejor formada. Lo esencial son los proyectos educativos, la necesaria ampliación de la base social y llegar a nuevos públicos.

Usted declaraba en 2018 que “el modelo de las exposiciones blockbuster está periclitado”. La pandemia, ¿puso en crisis el modelo?

La pandemia ha congelado el complicado engranaje del funcionamiento internacional de los grandes museos, los préstamos, las peticiones de cesión y también los proyectos transnacionales. Es difícil que se recupere el clima de normalidad en la vida cotidiana para que este tipo de montajes vuelva a ser factible. Luego los seguros subirán sus primas, los trabajadores que acompañan las obras no pueden viajar con facilidad… La incertidumbre afecta también a la actividad de los museos.

El Prado está trabajando en una muestra sobre pasiones mitológicas, con un 70% de obras propias. ¿Les darán mayor protagonismo a sus propias colecciones en el futuro mediato?

Creo que viviremos una época en la que las colecciones permanentes van a tomar el protagonismo. El desafío será buscar nuevas lecturas, nuevos enfoques para seguir concitando la atención de los ciudadanos, aunque también será una ocasión para dar relevancia a las más partes más desconocidas de nuestro patrimonio.

Las megaexposiciones aseguraban grandes ingresos por entradas y auspiciadores. ¿Es financieramente sostenible el cambio de modelo?

Sobre la financiación entiendo también que iremos a un escenario de proyectos más cotidianos, más cercanos, más asumibles por posibles patrocinadores. Hay que ser consciente de que la crisis económica afecta notablemente las posibilidades de encontrar financiación en el sector privado. Nosotros tenemos la fortuna de contar con una base sólida y estables de empresas benefactoras y patrocinadoras que están manteniendo todo su apoyo al museo en estos momentos y se han comprometido a desarrollar los planes que teníamos planteados para los próximos años.

En octubre, anunciaron que habían logrado reducir 5 millones de euros de gastos, cerca del 10% de su presupuesto anual, ante el impacto del cierre. ¿Cómo está hoy el equilibrio financiero del museo?

Financieramente este es un año muy difícil. El museo ha generado, desde 2011, la mayor parte de sus ingresos, hasta llegar a un nivel de autofinanciación del 70%, siendo la venta de entradas la principal fuente de ingresos (22 millones de euros en 2019). Ahora, después del confinamiento de casi tres meses, las medidas de aforo y, sobre todo, la desaparición del visitante de fuera de Madrid, tanto nacional como internacional, por culpa de la pandemia, hemos tenido que hacer un reajuste de prioridades y presupuestos como nunca se había hecho. En 2020 hemos estimado el impacto económico de la Covid 19 en unos 19 millones de euros que estamos compensando con los ahorros que la extraordinaria gestión económica del museo había permitido en los últimos años.

El Museo del Prado tuvo una cifra récord de visitas en su plataforma virtual durante el inicio de su cierre físico. Tal como el Museo Reina Sofía, estuvo tres meses cerrado. Foto: Museo del Prado.

En su gestión, se han hecho muestras de Clara Peeters, Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana y ahora mismo están exponiendo Invitadas. ¿Cuán urgente sigue siendo saldar esta deuda histórica de omisión?

Se ha hecho más en estos tres años por recuperar la figura de las mujeres artistas que en todos los anteriores. Actualmente estamos implicados en Invitadas, una mirada al papel de la mujer en el mundo del arte en el siglo XIX, que explica cuál era el papel que el arte oficial otorgaba a la figura de la mujer o cómo se admitía el desnudo femenino en el arte, pero no el masculino. Es una mirada a la misoginia en el siglo XIX, una exposición de gran calado social que nunca se había realizado en España. Esa es una línea en la que vamos a continuar trabajando.

La discriminación parece ser un tópico urgente más allá de las omisiones femeninas. Por ejemplo, existen voces hoy que esperan que se transparente los pasados racistas y esclavistas, por ejemplo, de quienes financiaron o donaron obras a los museos. ¿Le parece un tema abordable?

Creo que los museos no son simples contenedores de obras o de patrimonio, sino que deben ser dínamos culturales que ayuden a entender, interpretar y contextualizar la Historia y cada una de las historias. Deben ser lugares donde se anime a la reflexión sobre la sociedad que nos ha tocado vivir. Pero también creo que sería un error ver, y juzgar, con ojos y con mentalidad de hoy lo que vieron y pensaron quienes pudieron crear obras hace centenares de años. La labor de un museo es ofrecer herramientas para que los ciudadanos extraigan sus propias conclusiones.

Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía desde 2008. Además, ha publicado libros de referencia, como Campos Magnéticos (2020). Foto: Museo Reina Sofía.

Manuel Borja-Villel: “El Museo Reina Sofía busca reescribir el canon histórico proponiendo nuevas historias plurales y más inclusivas”

Los contenidos digitales del Museo Reina Sofía fueron toda una revelación con la emergencia sanitaria. Brillaron con luces propias el archivo de obras maestras en HD Gigapixel y Repensar Guernica, el fondo documental más completo que existe de esa creación de Picasso. Además, el museo ya contaba con 170 vídeos de exposiciones y otros 70 de conferencias, entrevistas y performances audios, además de muchos micrositios.

Manuel Borja-Ville, su director, detalla que además de incrementar los contenidos, con nuevas exposiciones y actividades, reforzaron la comunicación apoyándose en los miles de seguidores de sus redes sociales. Tuvimos muy claro desde el inicio, que el museo no podía dar la espalda a sus visitantes y, si no era posible recibir visitas, nosotros seríamos los que iríamos a sus casas”, dice.

“Seguiremos desarrollando todas las iniciativas posibles desde el mundo digital con contenidos siempre gratuitos que nos ayuden a estrechar vínculos con muchos y diversos tipos de públicos y atraer a nuevos visitantes de cualquier parte del mundo, sean virtuales o físicos”, agrega. De hecho, este museo que en octubre pasado cumplió 30 años, tiene varios programas de trabajo directo con comunidades ricas en migrantes, como la de Lavapiés, por ejemplo.

Usted ha declarado que las megaexposiciones “pertenecen al pasado”. ¿Ha puesto en crisis la pandemia ese modelo?

Habrá menos exposiciones con grandes desplazamientos de obras porque, por razones obvias, resulta más caro y mucho más complicado. Dentro de este panorama, resulta fundamental plantear otras formas de trabajo y nuevas fórmulas de exposición, pero también tenemos que tomar nota de las lecciones que estamos aprendiendo. Ahora el público encuentra que la visita es mucho más agradable y reconfortante sin aglomeraciones, hay gente que viene al Museo Reina Sofía una y otra vez por la experiencia estética que supone esta nueva situación. Para cuando regresemos a la normalidad, este será un aspecto que tendremos enormemente en cuenta a la hora de abordar nuevos proyectos.

El antiguo hospital de Madrid, del siglo XVIII, en el barrio de Atocha, es la sede principal del Museo Reina Sofía, que en octubre cumplió 30 años y que hace cuatro años fue el más visitado de toda España y el undécimo del mundo. Foto: Museo Reina Sofía.

En el futuro, según usted ha indicado, las colecciones propias tendrán mayor protagonismo. ¿Qué criterios hay que aplicar para generar exposiciones novedosas?

Este nuevo panorama al que nos enfrentamos exigirá a los museos adoptar un modelo museístico y expositivo que, más allá de atender la preeminencia de lo visual, permita al espectador alcanzar un conocimiento más profundo del relato y los contextos del devenir artístico a través de distintas narraciones desarrolladas con obras de sus propias colecciones. La investigación y el estudio resultan clave en este proceso y ello no tiene por qué traducirse en exposiciones menos atractivas. Todo lo contrario. El Museo Reina Sofía lleva desarrollando recorridos de este tipo desde hace varios años con gran acogida por parte del público. Nuestra colección, conformada por más de 23.000 obras, contextualiza los distintos momentos artísticos en la historia y cultura material de los siglos XX y XXI a través de micronarraciones que nos ayudan a entender y a relacionar unas obras con otras, teniendo en cuenta lo que en cada momento estaba ocurriendo tanto dentro como fuera de España. La intención es ofrecer una visión abierta y múltiple del arte de nuestra época, haciendo hincapié en la transversalidad de los discursos. Además, estamos trabajando en la creación de un archivo de lo común, el cual entraña la ruptura con la noción del museo como propietario único de una colección patrimonial, sustituyéndola por la de custodio de bienes que nos pertenecen a todos, y favorece la creación de un saber compartido.

Entiendo que están desarrollando un micrositio sobre mujeres fotógrafas en la Guerra Civil ¿Cómo abordan las actuales demandas respecto de la discriminación y la escasa presencia de artistas mujeres en los museos?

Es cierto que sigue habiendo discriminación en lo que se refiere a la identidad sexual, raza y clase. En nuestro caso, tratamos de impugnar la figura del artista genial como único eje de la narración hegemónica occidental de la historia del arte. En las historias múltiples que cuenta el museo, las obras ya no se refieren únicamente a un autor sino a procesos históricos y artísticos más complejos. Desde hace más de una década, el museo se siente absolutamente comprometido con la ardua y necesaria tarea colectiva de promover actitudes y criterios que eviten las exclusiones y trabaja para visibilizar y recuperar artistas y discursos de toda condición, y lo más importante, reescribir el canon histórico proponiendo nuevas historias plurales más inclusivas. Debido a ese cambio, aparecen en el recorrido de nuestra colección numerosas mujeres artistas con un protagonismo equivalente al de sus compañeros, y que antes quedaban ocultas o invisibilizadas: Maruja Mallo, Angeles Santos, María Blanchard, Sonia Delaunay, Remedios Varo o Nancy Spero. Asimismo, en la última década las adquisiciones de obras de mujeres para la colección del museo se han incrementado en un 21% hasta suponer más de 3.000 obras y un 14% de los fondos, y las exposiciones temporales dedicadas a mujeres han crecido un 33% en este periodo. Esto ha permitido al público apreciar, por citar algunas muestras recientes, el trabajo de artistas de la talla de Dorothea Tanning, Beatriz González o Miriam Cahn. Actualmente se pueden ver las exposiciones de Concha Jerez y Anna Bergman y para el año que viene tenemos programadas las de Vivian Suter, Ida Applebroog o Charlotte Johannesson.

Vista de la exposición Mondrian y De Stijl, que se exhibe en forma presencial en el Museo Reina Sofía actualmente. Se trata de una reconstrucción parcial de un dormitorio infantil de la Villa Arendshoeve, hogar de la familia Bruynzeel, Voorburg. Sus autores son Vilmos Huskár y Pieter Jan Christophel Klaarhamer. Foto: Joaquín Cortés Román Lores / Museo Reina Sofía.

En mayo, el Reina Sofía estimaba una posible pérdida de entre 7 y 8 millones de euros para 2020. ¿Cómo se encuentra hoy el equilibrio financiero del museo?

Las previsiones prosiguen en la misma línea. El Museo Reina Sofía, cuya financiación cuenta en cada ejercicio con una importante partida de transferencias del Estado, ha visto mermados sus ingresos por la actual situación, no solo los procedentes de venta de entradas, que representan algo más del 40% de los ingresos propios del museo, sino que han descendido lógicamente de manera drástica por la caída de visitantes y porque se redujo desde el principio el precio a la mitad de la entrada, sino también de otros apartados como el de alquiler de espacios, las publicaciones o los patrocinios.

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