Mucho más que el palo de Pinilla: el día que Brasil le dio el último envión a la generación dorada

El remate de Pinilla que se estrella en el travesaño, en Brasil 2014. (Foto: AP Photo / Martin Meissner)

El 28 de junio de 2014, la Roja estuvo a centímetros de hacer historia. Pocas veces la descripción fue tan literal. Un tiro en el palo de última hora salvó a Brasil de la eliminación en su Mundial. En los penales, se impuso la Verdeamarilla. En los vestuarios, hubo lágrimas y un juramento que, finalmente, se cumplió.


El 28 de junio de 2014, en el vestuario que ocupó la Roja en el estadio Mineirao hubo lágrimas y rabia. Jugadores golpeando sus asientos, pateando la pared. Minutos antes, el equipo de Jorge Sampaoli había caído en la definición por penales frente a Brasil. El anfitrión estuvo de rodillas. La expresión nunca fue tan literal en la historia del fútbol chileno. Pero no alcanzó y la Roja de Bravo, Medel, Vidal, Alexis y Aránguiz quedó eliminado en los octavos de final de la Copa del Mundo.

Al minuto 119, en el recinto de Belo Horizonte el tiempo se detuvo más allá de lo que indicaba el reloj. Mauricio Pinilla estrelló un derechazo en el travesaño cuando el arquero Julio César estaba resignado. Esa jugada, que pasó a la posteridad como El Palo de Pinilla, pudo cambiar la historia del fútbol chileno y la del balompié planetario. Al final, Brasil, que tenía a Thiago Silva y a Neymar en sus filas, en relación a la nómina actual, zafó en los penales y avanzó a los cuartos de final. Para la Roja ese partido terminó siendo el punto de inflexión. El nacimiento de una nueva historia.

En el camarín nacional, al margen de la pena, también hubo convicción de que se había entregado todo. Es inolvidable, por ejemplo, la imagen de Gary Medel lleno de vendajes que le permitieran tolerar el esfuerzo de jugar desgarrado. O el desgaste que realizó todo el equipo nacional para ponerse a la altura de la mejor selección del mundo, en cuanto a palmarés. Todo desembocó a que en esa jornada, post caída, también se produjo un juramento: la escuadra capitaneada por Claudio Bravo se propuso saldar la cuenta en casa. La Copa América de 2015 sería la oportunidad para consumar el desquite. Y para, definitivamente, comenzar a transformarse en la Generación Dorada del fútbol chileno.

La pena

Ese fatídico día en Belo Horizonte, hasta los más duros del plantel se quebraron. Gary Medel y Mauricio Isla, por ejemplo, no lograban contener las lágrimas. Lo mismo les pasaba a Mauricio Pinilla, Gonzalo Jara y Alexis Sánchez. A los tres los hermanaba la desgracia de haber fallado sus lanzamientos desde los doce pasos en la definición para terminar con la paridad. “Lloré, como varios compañeros”, declaró Jara, después del compromiso, evidentemente afectado por lo que le había tocado vivir.

Jean Beausejour rescataba la hidalguía de los que se pararon detrás del punto penal para ejecutar los lanzamientos. “Estábamos todos bien afectados, pero no queda nada más que felicitar a los que jugaron. En el caso de los que tiraron los penales, hay que tener valentía para pararse ahí y lanzar los penales”, decía el lateral izquierdo para graficar la mezcla de sensaciones que consumía al plantel.

El mismo Bose daba cuenta de un compromiso grupal que cambiaría para siempre la historia del fútbol chileno, hasta ese momento plagada de historias de epopeyas inconclusas. “La meta es la Copa América. Ese es nuestro próximo objetivo. Da para ilusionarse con lo que estamos haciendo, es la actitud que debemos tener”, decía el carrilero, uno de los pocos que se animó a hablar al término del encuentro. Jara asentía. “Se termina el sueño del Mundial, pero comienza el otro sueño: ganar la Copa América. Esa tiene que ser nuestra revancha”, decía el defensor formado en Huachipato.

Gary Medel siendo atendido por el fisioterapeuta José Amador
Gary Medel siendo atendido por el fisioterapeuta José Amador

Una mejora clave

En la conferencia de prensa, Jorge Sampaoli también daba cuenta del juramento que se había producido en la intimidad del vestuario. “Sí”, respondió el casildense, consultado respecto de si la próxima meta era adjudicarse el torneo continental. Pocas veces en la historia del fútbol chileno un plantel se había mostrado dispuesto a asumir una obligación de forma tan elocuente y convincente. Con los riesgos que implicaba no cumplirlo.

La declaración no se quedó en las buenas intenciones. En uno de los lives que los jugadores de la Roja han protagonizado desde la concentración durante la actual Copa América, el capitán Bravo dio cuenta de otro detalle. Ese día el plantel se dio cuenta de que para quedarse con objetivos importantes había que mejorar en un aspecto crucial: las definiciones por penales. “El palo de Pinilla no fue lo que más nos dolió de ese partido. Lo que nos dolió fue haber perdido tres penales de cinco”, confesó el arquero en una conversación con hinchas.

Esa materia, que conlleva una parte técnica importante, pero, sobre todo, un componente sicológico crucial se transformó en otro de los aspectos en los que la Selección enfocaría esfuerzos. Los resultados están a la vista: nunca más la Roja perdió una definición desde los doce pasos. Por ese expediente, ganó la Copa América de 2015, la Centenario del año siguiente y se clasificó a la final de la Copa Confederaciones en 2017. Lionel Messi, en dos ocasiones, y Cristiano Ronaldo fueron testigos de las hazañas de Bravo y compañía.

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