Plan cajas de alimentos: El debut de Ubilla como asesor de Piñera y sus fronteras con Blumel

Rodrigo Ubilla

El operativo para distribuir los 2,5 millones de canastas anunciados anoche por el Presidente para familias de clase media para abajo en Santiago es la primera tarea del ex subsecretario del Interior y hoy consejero presidencial, instalado en Palacio hace una semana. Como tal, es contraparte de su sucesor, Francisco Galli y del equipo de éste, en la compleja aplicación de un plan que diseñaron en conjunto. La semana pasada él y el ministro del Interior se lo presentaron a Piñera. Ubilla tiene un rol delimitado en el que no toma decisiones, y que probará si quedaron atrás las tensiones entre ambos que rodearon su salida del gobierno hace cinco meses.




¿Está a cargo de todo el operativo? ¿Es su coordinador? ¿Da órdenes? ¿Es solo un asesor del Mandatario? Costó unas cuantas llamadas por teléfono esta mañana para delimitar en qué consiste exactamente el rol de Rodrigo Ubilla Mackenney (RN) como asesor presidencial de Sebastián Piñera. Y que debuta con el nada sencillo plan para comprar, gestionar, decidir a quiénes les llegará y a quiénes no, y distribuir las dos millones y medio de cajas de alimentos anunciados por el gobernante en su cadena de anoche.

Es un operativo que en La Moneda describen como complejo, delicado y muy urgente. Está en manos de Interior, pero también en las de Ubilla, y no en las del Ministerio de Desarrollo Social de Sebastián Sichel. Una de las definiciones que han remarcado en la cartera que dirige el ministro Gonzalo Blumel es que el ex subsecretario del Interior es la contraparte del Segundo Piso designada por el Presidente con su sucesor, Juan Francisco Galli, y su equipo, que tienen a su cargo la implementación operativa. Su labor, dicen también en ese ministerio, es de monitorear la puesta en marcha: Ubilla es a quien Piñera le va preguntando lo que necesite de todo esto.

Haciendo el símil -dice esta misma versión-, es un rol similar al que cumplen asesores como Rafael Ariztía en los proyectos de modernización del Estado, o Augusto Iglesias en la reforma previsional. Ambos integran el equipo que comanda Cristián Larroulet.

El gobierno espera poder comenzar con la entrega de cajas este viernes. Es algo más que urgente, visto que hoy hubo alcaldes (Claudio Castro en Renca, por ejemplo) que recibieron aglomeraciones de vecinos inquiriendo por el beneficio, amén de las barricadas y protestas en la comuna de El Bosque (por mucho que en La Moneda haya quienes lean en eso la mano del Partido Comunista).

Logística pura y dura que fue una de las razones por la que el Presidente eligió para esto a Ubilla, al que tuvo que dejar partir el 17 de diciembre pasado, menos de dos meses después de la caída de Andrés Chadwick del gabinete a causa de la crisis social detonada en octubre. El saliente subsecretario dijo ese día que “no había nada dramático” con el entonces nuevo ministro Blumel, pero entonces eran profusos los comentarios que describían tensión entre ambos por diferencias en el manejo de orden público.

Esta nueva crisis los ha vuelto a reunir, y esta vez en Palacio dicen que no quieren revivir controversias internas, menos ante los trascendidos -de los que algunos asesores dicen estar conscientes- de que el fichaje de Ubilla sería una muestra de cierto déficit político-operativo en Interior. Por lo pronto, dicen quienes han hablado con él, dicho punto le molesta.

Los dos estuvieron en un encuentro junto a Piñera el miércoles pasado, precisamente por el plan cajas de alimentos. Fue una bilateral que el ministro Blumel, dicen en Interior, le pidió al Presidente para presentarle el operativo. Llegó junto a Cristián Barra, jefe de la Unidad de Gestión, Riesgo y Emergencia de la subsecretaría del Interior. Junto al gobernante estaban Ubilla y la ex jefa de la unidad de Gobierno Interior de la misma subsecretaría, Andrea Balladares. También estaba la jefa de gabinete del gobernante, Magdalena Díaz.

El diseño del plan, insisten en La Moneda, lo habían elaborado el subsecretario Juan Francisco Galli y Barra “desde antes que llegara” Ubilla. Su fichaje fue informado hace dos viernes atrás y su primer día como asesor del Segundo Piso fue el lunes último, hace una semana. El flamante asesor alcanzó a participar en la fase final del plan: en el gobierno insisten en que pesó su experiencia en operativos similares -pero menos masivos- que le tocó liderar en Piñera, Parte I, como la distribución de alimentos e insumos en Coyhaique y otras zonas del sur del país tras las intensas nevazones del 2010, entre otros casos.

Balladares había regresado a Palacio una semana antes que él. Ella venía de ser la delegada presidencial en la IX Región, pero antes, hacia finales de enero, había renunciado a su cargo en Interior, muy pocos días antes de que lo hiciera la ex jefa de gabinete de Chadwick, María José Gómez. Con Ubilla han hecho dupla; Balladares le mostró su oficina y ambos -dice una versión- trabajarán juntos en el manejo territorial y operacional. El ex subsecretario, según este mismo testimonio, llega a evitar descoordinaciones y a operativizar la entrega de alimentos, y las cuarentenas.

Pero el alcance y atribuciones del nuevo asesor estarían delimitadas de forma tal que no colisionen con Interior ni den la impresión de que se reviven las tensiones de diciembre pasado. Lo que mejor grafica esto es que todos parecen entender algo muy distinto sobre las tareas de Ubilla.

Por ejemplo, el intendente Felipe Guevara dijo esta mañana en TVN que el plan cajas de alimentos “lo dirige el ex subsecretario Rodrigo Ubilla, desde La Moneda". A algunos alcaldes les dijeron algo parecido anoche desde Palacio: que él está a cargo. En Interior hay voces que dicen que él “está a cargo de la coordinación de este plan”, específicamente con su sucesor, Galli, y con Barra.

En el otro patio, el de Los Naranjos, hay quienes dicen que como está a cargo de la logística, tiene que coordinarse con la Segegob, cargo de la ministra Karla Rubilar, y hasta con la Secretaría de Comunicaciones (Secom); cuya labor en la elaboración de mensajes, discursos y campañas depende en parte del diagnóstico que Ubilla tenga respecto de fechas y puesta en marcha del plan. El ex subsecretario, además, se coordina incluso con el para muchos inaccesible Minsal de Jaime Mañalich.

Un consejero presidencial en Palacio describe el rol de Ubilla como “los ojos y oídos del Presidente” en todas las medidas especiales que requieran implementación territorial a raíz de la pandemia. Descripción que coincide con la de “monitoreo” que le adjudican algunos en Interior. Y que el Mandatario privilegia su ojo político y no solo su conocimiento de gestión territorial (el piñerismo químicamente puro jamás olvidará que Ubilla llegó a “salvar” la segunda vuelta de la elección presidencial al hacerse cargo de la red territorial de apoderados).

En Interior aclaran que su labor de “coordinación”, no implica que tome decisiones ni que dé órdenes a su ex equipo. En Presidencia, quienes trabajan con Ubilla hacen dos o tres precisiones. Uno, que él no es los ojos ni los oídos del Jefe de Estado. Dos, y acá son muy específicos, que el papel de Ubilla no es de “coordinación”, porque eso implica atribuciones ejecutivas y toma de decisiones, y que él solo cumple labores de “asesoría”. Y que, en suma, su trabajo es asegurarse de que el operativo funcione.

Volviendo a lo logístico -una de las razones del fichaje de Ubilla-, la meta ansiada por el gobierno es que las cajas de alimentos puedan entregarse a contar de este viernes. Pero antes se debe zanjar a quiénes les llegará la ayuda y a quiénes no, según los criterios acordados en la bilateral del miércoles pasado con el Presidente. Se tomará como referencia la cobertura del Registro Social de Hogares -vinculado a Desarrollo Social- pero no se usará exclusivamente para dirimir: se buscará llegar a barrios específicos.

Cada caja costaría alrededor de 30 mil pesos: hoy Interior veía con Hacienda su financiamiento. Para distribuir las cajas, allá calculan que tendrán que desplegar cerca de 2.500 personas entre voluntarios e uniformados, y que con esa masa tardarían 15 días en repartirlas todas en el Gran Santiago.

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