Timochenko, exjefe de las FARC: “Frente al sufrimiento sólo nos queda la vergüenza por haberlo ocasionado"

El antiguo líder de las FARC, Rodrigo Londoño, alias "Timochenko".

Tras 53 años de conflicto armado y los acuerdos de paz de 2016, la exguerrilla pidió perdón en una carta pública. "Desde lo más profundo de nuestro corazón, pedirle perdón público a todas nuestras víctimas de secuestro y a sus familias", dice la misiva de la que habla el actual líder del partido FARC con La Tercera.




“Desde lo más profundo de nuestro corazón, pedirle perdón público a todas nuestras víctimas de secuestro y a sus familias”, rezaba la carta publicada este lunes por parte de los líderes del partido político FARC, integrado por exguerrilleros. “Hoy día entendemos el dolor que les causamos a tantas familias, - hijos, hijas, madres, padres, hermanos y amigos, – que vivieron un infierno esperando tener noticias de sus seres queridos”, sostienen en la misiva firmada por ocho miembros, entre ellos el líder del partido y exjefe de la guerrilla, Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”.

Fueron 53 años de conflicto armado entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y las fuerzas militares del país. Fueron cinco décadas de guerra interna que causaron más de 220 mil muertes y produjeron miles de secuestros, abusos y otros delitos. Pero en 2016 se puso fin a este período traumático de la historia colombiana a través de la firma de los Acuerdos de Paz, lo que significó que los excombatientes entregaran más de 7.000 armas. Sin embargo, para los exguerrilleros la presión sobre los delitos cometidos en combate se ha intensificado, en especial por parte de los sectores más conservadores, incluido el partido de gobierno Centro Democrático, quienes hablan de impunidad y de ofensa para las víctimas.

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La guerrilla de las FARC.

Por eso, este lunes la carta volvió a encender el debate sobre el conflicto armado, el proceso de paz, y los delitos cometidos. “Cuando se está en la guerra, por encima de tener principios políticos y éticos, las situaciones son tales que llevan a considerar que lo que uno hace es siempre lo correcto”, sostiene Timochenko en esta entrevista por escrito con La Tercera. “Una vez termina el conflicto y se emprende el trabajo decidido por la paz y la reconciliación, comienza a encontrarse con que las valoraciones del pasado no siempre fueron las más justas”, agrega.

¿Por qué decidieron escribir una carta de perdón ahora?

Una vez firmados los Acuerdos y dejadas las armas, hemos celebrado numerosos actos de reconocimiento de nuestros errores, pidiendo perdón a las víctimas que sufrieron las consecuencias de nuestros actos. También hemos acudido a todas las citaciones de la Comisión de la Verdad y asistido a todas las comparecencias hechas por la Jurisdicción Especial para la Paz. Pese a ello, nuestros adversarios políticos, que son reconocidos enemigos de la paz y la reconciliación, intensifican la campaña mediante la cual nos acusan de no cumplir con lo acordado y menos en cuestión de reconocimiento de verdad. Era necesaria una demostración contundente, que echara por el piso tanta desinformación y manipulación. Tiene que ser demasiado perverso quien insista en que nuestra actitud y nuestros hechos riñen con lo que pactamos en La Habana.

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El expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos, le da la mano al último jefe de la exguerrilla, Rodrigo Londoño.

¿Cómo surgió este deseo de pedir perdón y ese entendimiento del dolor que causaron a tantas familias, como ustedes mismos escriben?

Cuando se está en la guerra, por encima de tener principios políticos y éticos, las situaciones son tales que llevan a considerar que lo que uno hace es siempre lo correcto. Tiende a encontrar justificación en las acciones del enemigo. Una vez termina el conflicto y se emprende el trabajo decidido por la paz y la reconciliación, comienza a encontrarse con que las valoraciones del pasado no siempre fueron las más justas. Y a descubrir el dolor de los demás en donde sólo veía el propio. Entre más se relaciona uno con las víctimas de la confrontación, lo va viendo más claro. Desde luego, ya en las conversaciones de paz habíamos hecho consciencia de que la paz implicaba reconocer los errores, por graves que hubieran sido, por eso firmamos todo lo relacionado con la verdad, las víctimas y el perdón. Pero es el trabajo diario por la paz el que exige mayores compromisos, quitarse de encima cargas de conciencia que son cada vez más evidentes.

Según ha trascendido, los antiguos miembros del secretariado de las Farc se reunieron el lunes a escuchar la narración de Ingrid Betancourt frente a la Comisión de la Verdad, ¿qué les generó su testimonio?

El relato de Ingrid Betancourt es conmovedor realmente. Y envuelve juicios de valor que nacen de su perspectiva de víctima. Antes que pensar en dialogar con ella para que intentara comprender nuestras razones, nos pareció que lo más correcto era respetar sinceramente todas sus consideraciones, sin la menor objeción. Frente a su sufrimiento y al de todos los que pasaron de uno y otro modo por experiencias semejantes, sólo nos queda la vergüenza por haberlo ocasionado, aceptar humildemente nuestra profunda equivocación y pedir perdón desde lo más profundo del alma por ello.

Mucho se ha hablado de que las FARC cometieron reclutamiento de menores, abusos y abortos forzados ¿Eran prácticas comunes?

Ponerme a explicar en detalle cada una de sus inquietudes implicaría un enorme espacio, como el que se necesita en la Comisión de la Verdad o en la Jurisdicción Especial para la Paz. En resumen le diré que ese tipo de conductas sí sucedieron, constituyéndose en violaciones de nuestras normas y principios. Cuando las direcciones tuvieron conocimiento de ellas las sancionaron conforme con nuestros reglamentos disciplinarios. Terminada la confrontación, hemos empezado a conocer hechos que nos resultan reprochables desde todo punto de vista. Y no vacilamos en condenarlos. El problema con este tipo de cosas es que siendo conductas delictivas dentro de la organización, se las quiere presentar como cotidianas y normales por parte de ciertos sectores interesados en destruirnos políticamente. Reconoceremos todo lo que sea cierto y pediremos perdón por su ocurrencia. Lo que no podemos es aceptar como ciertas imputaciones falsas echadas a rodar con manifiesta mala intención.

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Un sector de la exguerrilla decidió avanzar en el proceso de paz, mientras otros como Iván Marquez y Jesús Santrich decidieron volver a las armas, ¿qué le genera eso?

Un profundo descontento, que raya en la irritación. Vivimos una confrontación de 53 años, a la que pusimos fin con un Acuerdo de Paz que nos comprometimos a cumplir sin excusas. Nuestro objetivo fue el de luchar por conseguir que el Estado cumpliera con su parte, de manera pacífica, apelando a la opinión pública nacional e internacional. Emprendida la tarea, se nos marginan con argumentos delirantes algunos compañeros que trabajaron a nuestro lado en la búsqueda de esa salida política. El tiempo nos fue demostrando que nunca fueron honestos. Decían unas cosas cuando en realidad los animaban propósitos distintos. O solo creían ciegamente en la vía de las armas, o peor aún, se valen de eso como una excusa para otros fines. Quienes mejor provecho obtienen de ello son los sectores que nunca han querido la paz, que viven de la guerra.

A casi cuatro años de la firma de los acuerdos de paz, ¿cómo ha visto el desarrollo de su implementación bajo el gobierno de Duque?

El actual gobierno es experto en simular el cumplimiento, sobre todo ante la comunidad internacional cada vez que viaja al exterior. Cita cifras, estadísticas, números con los que pretende hacer ver como ciertas realizaciones que no existen. Todo con este gobierno ha sido muy difícil. Su partido siempre se opuso a las conversaciones de paz y luego a los Acuerdos. De hecho han sido repetidos sus intentos por destruirlos. Duque tiene presiones por parte de la comunidad internacional, que lo obligan a cumplir con algunas partes del Acuerdo, a regañadientes. Pero en líneas generales es más lo que falta por materializar. Por fortuna para un sector cada vez más creciente de colombianos la implementación es una necesidad, y se ha unido a la lucha por conseguirla.

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