Columna de Iván Poduje: Cómo recuperar nuestro centro histórico

Imágenes aéreas, tras repintado de una sección de colores del paseo en la calle Bandera de la comuna de Santiago. FOTO: JOSE FRANCISCO ZUÑIGA/AGENCIAUNO



Por Iván Poduje, arquitecto

A estas alturas, incluso los octubristas más fanáticos, reconocen que nuestras ciudades están peor que en 2019 y aunque culpen a la pandemia o el comercio ambulante -el nuevo villano favorito- esta constatación es un piso necesario para salir del deterioro urbano que se produjo luego del estallido social.

Para ver como hacerlo, les propongo que miremos cómo la comuna de Santiago logró sortear crisis peores en el pasado. La historia comienza en los años 30, cuando las élites inician esa peregrinación que relata Coco Legrand en su famoso chiste del barrio alto que salta de un punto a otro. La fuga de las élites es fatal, ya que arrastra los servicios avanzados, como de hecho ocurrió a medida que la Línea 1 del Metro sumaba estaciones hacia el oriente.

Santiago Centro intenta detener esta migración con medidas innovadoras, como la peatonalización de los paseos Ahumada y Huérfanos, un legado notable del alcalde Patricio Mekis o el megaproyecto del parque Almagro, impulsado por el alcalde Bombal. Pero el 3 de marzo de 1985 el centro recibe un golpe fatal. A las 19:47 un terremoto golpea brutalmente la ciudad y acelera la fuga de capitales desde los barrios antiguos.

Por eso nadie le cree a Patricio Aylwin cuando se compromete a recuperar el centro. La tarea se la encomienda a un joven Jaime Ravinet, que impulsa varios proyectos, siendo el más relevante, un centro cultural en la estación del ferrocarril a Valparaíso con un área verde sobre el patio de rieles que era ocupado como basural, y que fue bautizado como “Parque de Los Reyes”, debido al aporte que hicieron los monarcas españoles. Ambas obras son inauguradas por Aylwin cumpliendo su promesa.

El Presidente Frei pone su foco en la plaza Baquedano, ya que ahí parte la línea 5 (L5) que construye para conectar el centro con la comuna de La Florida. Seis años después Ricardo Lagos suma Pudahuel y Maipú, extendiendo la L5 hasta la Plaza de Armas y la Quinta Normal. Esta conectividad permite transformar la vetusta avenida Matucana, un eje cultural con bibliotecas y museos. Además, el Presidente Lagos remodela el barrio cívico que rodea La Moneda y propone transformar la cloaca del Zanjón de la Aguada en un parque inundable que hoy existe y se llama Víctor Jara.

Michelle Bachelet implementa dos proyectos claves para apuntalar el centro. El GAM, que consolida la vocación cultural del barrio Lastarria, iniciada con el mítico Biógrafo y el Museo de la Memoria, que consolida el eje cultural de Matucana. La Presidenta suma Cerrillos a la red de Metro, con una línea de trazado circunvalar (L6) que pasa por Matta Sur, potenciando el efecto del parque Víctor Jara y el polo Franklin-Bio Bio.

El Presidente Piñera retoma la posta del Barrio Cívico. Construye el edificio pendiente en la esquina desocupada en Moneda con Teatinos y refuerza el eje Bulnes, con la gran bandera, recuperando las fachadas de los ministerios. Además, inicia las obras de la Línea 3, lo que es aprovechado por el alcalde Felipe Alessandri para sumar un nuevo paseo peatonal: el colorido Bandera, que rápidamente enamora a turistas y residentes. Alessandri también rescata la noche como panorama turístico, gracias a un gran proyecto urbano iniciado por la alcaldesa Carolina Tohá en el entorno de la Plaza de Armas, restaurando los portales y mejorando los espacios peatonales.

Así, Santiago centro no solo revierte su pérdida de población, sino que se transforma en la comuna de mayor crecimiento del país. Sus barrios atraen hogares jóvenes de todos los niveles socioeconómicos, así como actividades culturales y nuevas oficinas en sectores como Miraflores o Teatinos. Este relato permite mirar con optimismo el futuro, en la medida que las autoridades sigan el legado de sus antecesores en tres aspectos claves. El primero: nunca dejar de invertir. El centro requiere atención permanente como todo distrito histórico, especialmente en las zonas golpeadas por la crisis social.

La segunda clave es mantener una conectividad fluida con el área metropolitana. Gran parte de la vigencia del centro, se explica por sus cinco líneas de Metro y 26 estaciones. Ese ritmo no puede perderse y por ello es clave concretar la Línea 7.

La tercera clave es recuperar lugares de valor simbólico con capacidad de revitalizar sus entornos, como lo hizo el GAM o los paseos Ahumada y Huérfanos. Todo indica que ese lugar debiera ser la Plaza Baquedano, en la medida que su diseño e implementación se hagan con extremo cuidado para no reabrir las heridas de octubre.

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