Columna de Iván Poduje: ferias libres y sueños de cuarentena

Feria libre de Santa Amalia de La Florida. Foto: Agencia Uno.

¿Por qué a los talibanes del encierro les bajó esta repentina preocupación por las cadenas de abastecimiento de la población de menos recursos? Creo que la explicación más plausible es que no tenían idea de la importancia de las ferias o de su magnitud y esta desconexión no es algo nuevo.




Las ferias libres son el principal canal de abastecimiento de los barrios populares y generan una gran cantidad de empleos directos e informales. Solo en Santiago existen 146 mil puestos feriales y si sumáramos su superficie, el stock sería equivalente a 11 malls como el Costanera Center, pero distribuidos en 250 kilómetros de calles y avenidas que cubren todas las comunas de la capital. No hay forma de suplir esta función, ni de fiscalizar que las ferias cumplan las medidas de distanciamiento o control sanitario, como ha quedado demostrado a lo largo de la pandemia, ya que nunca han dejado de funcionar.

Esta realidad se sinceró a las pocas horas que se anunciara que las ferias cerrarían los fines de semana y luego que el delivery propuesto por el Subsecretario de Agricultura se transformara en otro símbolo de la desconexión de algunas autoridades con la realidad que viven millones de compatriotas. Como están las cosas era esperable que el subsecretario fuese lapidado por su error, pero lo raro fue que se sumaran a la crítica los mismos personajes que vienen exigiendo cuarentenas totales que harían imposible el funcionamiento de las ferias libres.

¿Por qué a los talibanes del encierro les bajó esta repentina preocupación por las cadenas de abastecimiento de la población de menos recursos? Creo que la explicación más plausible es que no tenían idea de la importancia de las ferias o de su magnitud y esta desconexión no es algo nuevo. Según la encuesta Casen, el 10% de los chilenos vive en condiciones de hacinamiento, lo que quiere decir que una vivienda es compartida por dos o más hogares, que generalmente son los padres con la familia de alguno de sus hijos. Este drama afecta a un millón trescientas mil personas para las cuales el confinamiento es una experiencia tortuosa e inhumana, que nunca ha sido considerada por los talibanes del encierro al momento de exigir sus cuarentenas totales.

Hace tres días, Techo publicó un catastro actualizado de la situación de campamentos que da cuenta de una verdadera catástrofe social. Entre 2019 y 2021, estos asentamientos informales crecieron un 74% a nivel país y casi se duplicaron en las grandes ciudades. Según dicho estudio, 82 mil familias y casi 400 mil habitantes viven en asentamientos sin agua potable o alcantarillado y para los cuales tampoco es viable el confinamiento, como se demostró en las Villas Miseria del Gran Buenos Aires que dispararon los contagios pese a la cuarentena total que impuso el gobierno argentino durante 8 meses y que terminó con más fallecidos que Chile por cada millón de habitantes.

Es preocupante que estos temas estén fuera del debate cuando se decide confinar al 89% de la población nacional como ocurrirá desde este sábado. Tampoco se entiende que no se evalúen los efectos colaterales del encierro, como el aumento de la violencia intrafamiliar y la obesidad infantil o de la brecha educacional en los niños de menores ingresos. Al igual que las ferias libres, estos problemas son tapados con este sueño de poner a una ciudad completa en estado de “hibernación” por decreto, como si tal cosa fuese posible de cumplir o de fiscalizar.

Alemania es un país considerablemente más rico que Chile, pero su canciller Angela Merkel se dio cuenta de este problema. Por ello revirtió el confinamiento que decretó para la Semana Santa y le pidió perdón al pueblo por haberlo impulsado. Además, dijo que la culpa era solo de ella, lo que habla de la calidad de esta gran dirigenta política.

Qué distinta es la actitud que hemos visto en Chile de parte de algunos personeros políticos y de los talibanes del encierro. Incluso cuando ya se había decretado la cuarentena total, la presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches, dijo que nuestro sistema sanitario estaba a punto de colapsar, como lo ha hecho desde que partió la pandemia. Además, lamentó que las medidas que había propuesto su entidad gremial no hayan sido tomadas en cuenta ¿Y cuáles eran estas medidas? Confinar a la población por decreto, y exigir al gobierno que compense sus ingresos. Ninguna mención al hacinamiento, los campamentos, los efectos colaterales del encierro o a la nula efectividad de esta medida en las ferias libres.

Afortunadamente hay gente que se ha tomado en serio la pandemia. Que no ha buscado protagonismo personal ni ha querido sacar rentas políticas con cada alza en los contagios. Que no ha aterrado a la población con predicciones fatalistas que no se cumplen sin que nadie responda por ello. Me refiero a los actores públicos y privados que trabajaron en el ejemplar proceso de vacunación que ha permitido que Chile lidere la cobertura de población inoculada a nivel mundial. En este duro período comienza hoy, seis millones de chilenos podrán dormir un poco más tranquilos gracias a este esfuerzo nacional, que contrasta con el egoísmo y la poca seriedad de los talibanes del encierro y sus cuarentenas que, además de ser brutales, son tan irreales como el famoso delivery ferial.

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