El temor a la violencia política que despertó el ataque a Fico en la UE

El primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, asiste a una reunión del gobierno, antes de ser baleado a corta distancia en un intento de asesinato, en Handlova, Eslovaquia, el 15 de mayo de 2024. Foto: Reuters

El reciente tiroteo al premier de Eslovaquia ha encendido las alertas respecto del posible aumento de ataques contra las autoridades, a raíz del ascenso de movimientos extremistas. Expertos explican a La Tercera cuáles son las probabilidades de que se replique un atentado como el sufrido esta semana por Robert Fico.


Intento de asesinato premeditado por venganza” es el cargo por el que fue acusado el poeta de 71 años detenido por atacar a disparos al primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, según informó la Policía este jueves tras que el sospechoso le disparara al líder político de tendencias prorrusas frente a la Casa de la Cultura en la ciudad de Handlova. Se trata de un delito que podría acarrear una pena de entre 25 años y cadena perpetua, según informó la cadena France 24.

Fico se encuentra en estado grave, pero se espera que sobreviva, dijo el jueves un funcionario del hospital. El acusado sería un “lobo solitario” no afiliado a grupos políticos, según informó el ministro del Interior, Matus Sutaj Estok. El funcionario también aseguró un día antes que la investigación inicial encontró que el ataque tenía “una clara motivación política”.

El personal médico lleva al primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, al hospital después de ser transportado en helicóptero, en Banska Bystrica, Eslovaquia, el 15 de mayo de 2024. Foto: Reuters

Eslovaquia ha vivido disturbios políticos, con miles de ciudadanos manifestándose repetidamente en la capital, Bratislava, en protesta contra las políticas del premier. Fico, quien retornó al poder por cuarta vez el año pasado, lo hizo tras que su partido obtuviera la victoria en las elecciones parlamentarias con una plataforma prorrusa y antinorteamericana.

“Antes del ataque de esta semana al primer ministro Fico, también vimos, hace unos años, el asesinato por motivos políticos de un periodista investigador, que conmocionó a la sociedad de entonces y condujo al colapso del anterior gobierno de Fico. Sin embargo, no veo ningún vínculo claro entre este tema y la cuestión del ascenso de la extrema derecha europea (...) Lo que sabemos desde hace mucho tiempo es que Fico tuvo algunos tratos turbios con la mafia, lo que debería considerarse como una de las hipótesis detrás de este ataque”, indica a La Tercera Pawel Zerka, investigador de políticas europeas en el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).

Una persona es detenida después de que el Primer Ministro de Eslovaquia, Robert Fico, fuera disparado a quemarropa en un intento de asesinato, tras una reunión del gobierno en Handlova, Eslovaquia, el 15 de mayo de 2024. Foto: Reuters

Con las elecciones al Parlamento Europeo de junio próximo en el horizonte, la comunidad internacional ha condenado el ataque, y varios líderes han expresado su solidaridad con Eslovaquia. El secretario general de la ONU, António Guterres, lo calificó de “ataque impactante”, según dijo Farhan Haq, portavoz del secretario general, en una sesión informativa el miércoles. Y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hizo lo mismo al tildarlo de “vil ataque”, a través de la red social X. “Estos actos de violencia no tienen cabida en nuestra sociedad y socavan la democracia, nuestro bien común más preciado. Mis pensamientos están con el primer ministro Fico y su familia”, añadió.

“El ataque al primer ministro Fico en Eslovaquia es un ataque aislado que no proviene de un grupo terrorista ni violento organizado y por lo tanto es excepcional. Otra cosa es que produzca un efecto de imitación en sectores o en personas que estén radicalizadas o en este caso inestables mentalmente. Hemos visto acoso a otros políticos, es decir, hay un ambiente de cierta tensión y por lo tanto no se pueden descartar ataques similares, aunque no como parte de grupos organizados”, aclara a La Tercera José Ignacio Torrealba, investigador senior de políticas y jefe de la oficina de Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

Una persona es detenida después de un incidente de tiroteo del primer ministro eslovaco Robert Fico, después de una reunión del gobierno eslovaco en Handlova, Eslovaquia, 15 de mayo de 2024. Foto: Reuters

La legislación de la UE no ha sido suficiente para detener el avance de la violencia por parte de movimientos de extrema derecha, a juicio de John Callahan, académico de política internacional y director de Programas en Línea de Relaciones Internacionales y Seguridad Nacional en el New England College. “La UE en su conjunto está aumentando rápidamente su capacidad para responder al terrorismo y en fecha tan reciente como 2020 se han adoptado medidas significativas con un nuevo programa para luchar contra el terrorismo y el extremismo. Pero no estoy seguro de que haya un enfoque interno adecuado. En cuanto a los Estados miembros, cada uno tiene un conjunto de leyes diferente. El terrorismo interno es muy difícil de entender y responder”, explica Callahan a La Tercera.

Discrepa el investigador Zerka, quien afirma que “no veo un papel importante para la UE aquí, aparte del de ser el guardián del Estado de derecho en los Estados miembros de la UE. Sin embargo, si estamos de acuerdo en que el principal problema es el elevado nivel de violencia en el debate político nacional, entonces también debe ser abordado a nivel nacional”.

Un manifestante con una bandera de la Unión Europea sube una valla que protege las puertas del edificio del parlamento durante una manifestación para protestar contra un proyecto de ley sobre "agentes extranjeros" en Tbilisi, Georgia, el 14 de mayo de 2024. Foto: Reuters

Consultado sobre qué medidas se podrían tomar desde la UE para mitigar el ascenso de movimientos extremistas, el politólogo y director del Centro de Estudios de la UE en la Universidad de Gante, Bélgica, Hendrik Vos, indica a La Tercera que “se necesitan políticos con sentido de responsabilidad. En una democracia sana, es normal tener desacuerdos y discusiones. Pero no deben considerar a las personas con opiniones diferentes como ‘enemigos’, porque entonces una sociedad corre el riesgo de radicalizarse, dividirse y desintegrarse en campamentos. Y ese es un caldo de cultivo para la violencia, el fascismo y la brutalidad. Con ello se resuelven pocos problemas y no es una buena base para formular políticas”.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbete aquí.