Cómo manejar el estrés de fin de año

Foto: AFP.

En tiempos difíciles no es aconsejable hacerse aun más complicada la vida, por lo que los especialistas recomiendan bajar las expectativas en todo sentido y a todo evento. Navidad, Año Nuevo, vacaciones y balances personales deben vivirse con cuidado y amor propio. Ojalá sin endeudarse ni sentirse obligado a algo que no cuadra con su realidad actual. Además, dice la psicóloga María Carolina Carrera, de la Universidad Andrés Bello, “siempre estamos a la espera de que el próximo año sea mejor. Hay que vivir más el aquí y el ahora”.



Como siempre, diciembre nos tiene en una afiebrada y alterada rutina. Es fin de año y, más que un mes más en el calendario, es el cierre de un ciclo que provoca sentimientos encontrados. Por una parte, porque está lleno de hitos importantes a nivel familiar y social, y, por otra, porque implica evaluar un sinfín de propósitos hechos el 31 de diciembre anterior. Así las cosas, es perfectamente entendible que se hable del ‘estrés de fin de año’.

No es poco: los chicos terminan el colegio y algunos ya han rendido su PAES, por lo que están en tensa espera; los eventos estudiantiles se tomaron noviembre y parte de diciembre; se vienen las fiestas de Navidad y Año Nuevo, con todo lo que ello significa; los balances y las reuniones en la oficina desgastan, y la planificación de las vacaciones aumenta la ansiedad. Todo esto, con un estado físico y mental que grita cansancio, y con una calle atiborrada de tránsito, bocinazos y altas temperaturas históricas.

Todo lo anterior conforma lo que los psicólogos llaman ‘estresores’. Hay quienes saben sobrellevarlos y funcionan de manera muy normal. “Pero cuando estos estresores que son estímulos, o situaciones que generan estrés y que desbordan y exceden su capacidad para hacerle frente y/o sobrepasan su capacidad psíquica, la persona puede presentar distintas manifestaciones o síntomas -explica María Carolina Carrera, directora de la Clínica de Atención Psicológica de la sede República de la Universidad Andrés Bello (UNAB)-. Puede deprimirse, presentar labilidad emocional, pensamientos ansiosos, irritabilidad, sensación de agobio, incapacidad para relajarse e, incluso puede presentar hiperactividad. Hablamos de una sensación de tensión permanente”.

La concentración de situaciones y actividades en este período presiona como en ninguna otra época del año. “Hay fechas como la Navidad y el Año Nuevo en las que se espera, además, que las personas estén felices, en las que ‘debería’ haber un tipo de familia y un tipo de felicidad, y se ponen una obligación en ese sentido, sumado a que las personas creen que se debe mantener las celebraciones siempre igual los mismos ritos, sin asumir que las familias cambian que los niños crecen y tienen sus propias celebraciones, los/as hijos/as forman familias y deben conciliar estas fechas respecto de la familia propia y de la de la pareja por ejemplo agrega la psicóloga-. Para alguien con una dificultad de base, algún trastorno previo, estas son fechas muy complejas. Las personas sienten que están mal pero que deben hacer como que están bien y eso provoca más angustia.”.

La psicóloga Solange Anuch, de Clínica Alemana, indica que el estrés es una forma de tensión frente a demandas sostenidas que el organismo no puede gestionar. “Pero lo más importante -detalla- es comprender que esta presión crónica a la que nos exponemos, y quiero decir ‘decidimos exponernos al elegir un estilo de vida u otro cuando eso es posible’, es de alta toxicidad para el sistema nervioso y lleva a enfermar. Construir un sistema de vida sano es una obligación en estos tiempos. Ocuparse de la actividad física, la alimentación, las relaciones sociales, el trabajo de vocación, los períodos de descanso y la vida espiritual es un camino a favor de nuestro desarrollo”.

LOS ESTRESORES

La locura comienza con el cierre de año de salas cuna, jardines infantiles, colegios y universidades. Los tres primeros son los más demandantes. “Hoy las graduaciones no son sólo de cuarto medio, está la graduación del jardín, la de octavo, van poniendo cada vez más -comenta la psicóloga de UNAB-, y actividades que parecieran que no son tanto, para las familias sí pueden ser muy complejas, porque requieren recursos, el vestido de la niña, el traje del chico… Son situaciones que se dan en medio de la vida laboral, porque las personas siguen trabajando, además”.

Luego vienen Navidad y Año Nuevo, y aunque se prevé un 2023 muy difícil en lo económico, el apego por las compras sigue intacto. Quizás conlleva más austeridad esta vez, pero no por eso menos presión. “Hay un estrés por las compras, somos un país que tiende a endeudarse muchísimo”, dice María Carolina Carrera.

Quienes han rendido su Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) también conforman un grupo especialmente cargado de tensiones. Los resultados se publican en enero, por lo que, para los menos relajados, no hay posibilidad de vivir un fin de año tranquilos. Peor es cuando la familia entera se involucra en esta suerte de estrés colectivo.

Con las vacaciones pasa algo similar que con las fiestas. Se planean, se analiza la billetera, se sueña con el paraíso mismo y un estado de completa relajación. Las aspiraciones se topan con la realidad y eso produce mucha frustración. Por la situación económica, dice la académica de la UNAB, probablemente este pueda ser el fin de año más difícil de los últimos tiempos, incluso más que el de 2021. En ese entonces había aún varias restricciones, de movimiento y de aforos, por lo que no existió la posibilidad de sobrepasarse en actividades.

LIDIAR CON LA PRESIÓN

No es tarea fácil. Según la psicóloga Solange Anuch, hay que revisar la propia manera de vivir, conocerse y descubrir en su historia qué lo ha hecho crecer, para sanar en momentos difíciles y también ayudar a otros. “La sensación de presión y agobio que padecen algunas personas no tiene que ver precisamente con el fin de año, sino con la manera de vivir o el estilo de vida por el que se ha optado. Detrás del estrés humano casi siempre hay una vida automatizada poco reflexiva, muy competitiva, rutinaria, pobre de aprendizajes y buenas relaciones humanas -describe-. Para prevenir el estrés es necesario reflexionar sobre el tipo de vida que queremos llevar, saber qué nos hace vibrar y crecer”.

Estamos en una situación de fragilidad, acota la psicóloga María Carolina Carrera, y así, como país, llevamos ya tres años. “Las personas están muy irritables, ha aumentado el bullying en los niños/se observa una gran dificultad en las personas para conectarse y reconocer sus emociones. Los niveles de violencia en la calle son altísimos. Es como si hubiéramos perdido el filtro de la convivencia social”, expresa, es como una vuelta a la barbarie, hay una pérdida de civilidad y de lazo social.

Por lo mismo, procurar la calma interior y no permitir que el caos exterior nos domine es una necesidad.

¿Cómo lo hacemos? Estos especialistas lo explican:

· En Navidad y Año Nuevo.

-La sicóloga de la UNAB indica: “Primero, hay que entender que estas fechas no deberían ser de consumo. Toda familia resuelve cómo quiere celebrar Navidad, pero lo ideal es que esto no se vuelva un problema. Los adultos sabemos que da lo mismo lo que se le regale a un niño, para él todo es felicidad, porque está la fantasía del Viejo Pascuero y disfruta más de esta fantasía que del regalo mismo. Ojalá las familias no se endeuden en este período, porque si no, no será estrés de fin de año, sino para todo el siguiente”.

- “Hay que vivir estas fechas como se pueda, sin tener este estrés de hacer por ejemplo lo mismo y mejor que en años anteriores como si cualquier cambio fuese a estropear las celebraciones. Son fechas importantes para algunas personas, pero debemos pensar que hay gente que pasa sola estos eventos, recordar que no somos los únicos, que hay otros que sufren en estas fechas. Que no están estresados, sino sufriendo”, agrega la especialista.

- Pablo Westphal, psicólogo de Clínica Santa María, señala: “Regalar nace desde el afecto, por eso es importante entender que dar un regalo a quien quiero es un gesto, no es una obligación, no es una necesidad ni una imposición. Por lo mismo, al ser un gesto, tiene que ser acorde con la realidad de cada uno, no tiene sentido endeudarnos por dar a entender que mientras más grandes regalos, más te quiero. Cuidado con caer en esa cosificación del afecto, porque vamos haciendo que los niños y jóvenes no tengan límites y no sepan tolerar la frustración, porque cada vez van a querer más y más. La Navidad es una fiesta esperada por todos, por niños y adultos, y que comienza desde lo religioso, pero que trasciende más allá porque va hacia la familia. Engloba algo muy simple, muy bonito y necesario, que sólo es el afecto, el compartir, vincularnos y querernos. Es una fiesta muy linda que hay que cuidar y valorar”.

- Si se trata de cumplir con los compromisos navideños, por ejemplo, Fernando Marchant, psicólogo de Vidaintegra, propone un ejercicio práctico para bajar los niveles de ansiedad y propiciar el descanso adecuado: “Comprar todos los regalos importantes en una sola cuadra o a lo más en una manzana a la redonda, usando tiempos cortos y económicos para el cuidado del bolsillo”.

· Balances y felicidad.

- Marchant explica que el estrés de fin de año se genera por un cúmulo de tensiones, exigencias y demandas, que presionan tanto por el fiel cumplimiento de ellas como por los resultados, de éxito o fracaso. Esto se puede manifestar en malestares emocionales, como irritabilidad, ansiedad y angustia, y también en síntomas físicos, como tensión muscular, aceleración, insomnio y fatiga. Para sortear alguna de estas incomodidades, recomienda “adentrarse en uno mismo, atender las señales físicas y emocionales, respetar los tiempos de reposo y autocuidados, y no aferrarse a llenar las expectativas de los demás”.

- María Carolina Carrera coincide: “Se deben bajar las expectativas de que hay que estar feliz, sino de vivir estos momentos dependiendo de la sensación. El fin de año es un tiempo en el cual las personas tendemos a realizar balances, y es normal, pero no hagamos una evaluación autocastigadora. Siempre estamos, además, a la espera de que el próximo año sea mejor. Hay que bajar las expectativas, vivir más el aquí y el ahora”.

· Espera de resultados de la PAES.

- La psicóloga de la UNAB dice: “Este es un momento muy complejo también para quienes están a la espera de la PAES. Familias, padres, madres son muy relevantes y no deben presionar ni castigar, ni siquiera poner una mala cara si no llegan al puntaje esperado, porque eso es tremendamente complejo para los adolescentes. Ya es muy frustrante para ellos mismos para que, además, tengan que sumar las expectativas de los padres. Eso puede resultar en una debacle. Tenemos problemas graves de salud mental hoy, pospandemia y por el tipo de sociedad en que vivimos, de modo que son tiempos en los que se debe actuar adecuadamente, con mucho cuidado”.

· Vacaciones.

Provocan ansiedad por varias razones, señala María Carolina Carrera. Primero, porque se espera descansar mucho y, segundo, porque también implican para muchos un gran sacrificio económico. “La gente llega de vacaciones y siente que no está descansada, y eso tiene sentido, porque los estudios han probado que para que las vacaciones sean descansadas tienen que ser de tres semanas, pero no todos pueden hacerlo. ¿Entonces qué?: Bajar las expectativas y entender que aunque se quede en su casa, romper la rutina es una manera de descansar. También es aconsejable no endeudarse por las vacaciones soñadas que todo el mundo quisiera, porque todo eso tiene costos complicados en este momento”.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.

Aunque se trata de una investigación básica realizada en ratones, el científico que dirige el estudio, Baptiste Piqueret, asegura que los resultados "son prometedores".