¿Cómo bajar la cuenta de la luz? Expertos dan algunas recomendaciones
Antes de comenzar a desenchufar aparatos por doquier -para evitar el llamado “consumo fantasma”- los especialistas recomiendan identificar dónde se concentran las demandas de electricidad dentro del hogar, cuán eficiente son los electrodomésticos y evaluar si vale la pena tenerlos encendidos durante tanto tiempo. “Con algunos cambios sin grandes inversiones, podría lograrse un ahorro del 10-15%”, aseguran.
Desde julio comenzaron a regir las nuevas tarifas eléctricas para el segundo semestre de 2026. Un reajuste de un 4,9% promedio por la Comisión Nacional de Energía (CNE), que vuelve a golpear a las familias y se suma al alza de los combustibles y la inflación general.
Si bien los efectos de este incremento son distintos dependiendo de la región y la empresa distribuidora, sus impactos son transversales y llevan a muchas personas a pensar en cómo hacer más eficiente el uso de electricidad.
¿Qué puede hacer una familia para bajar su cuenta de la luz? Para el doctor Alan H. Wilson-Veas, académico e investigador del Centro de Transformación Energética de la Universidad Andrés Bello, el primer equipo que conviene revisar es uno que muchas veces pasa inadvertido precisamente porque forma parte de la rutina: el refrigerador.
“Aunque su potencia no sea tan alta, es un aparato que está conectado permanentemente y, si es antiguo, tiene problemas de sellado o está funcionando con una temperatura innecesariamente baja, puede aumentar considerablemente su consumo”, explica.
A eso se suman electrodomésticos con un alto consumo en invierno: equipos de calefacción, cocina y secado de ropa, que pueden adquirir especial importancia dependiendo de los hábitos de cada familia.
Según Graciela Martínez, consultora senior de sostenibilidad de BDO, el ahorro asociado a un cambio de hábito está condicionado por las prácticas que ya mantengan sus integrantes, los equipos e infraestructura disponibles, la aislación y calidad de la ventilación de la vivienda, además de la ubicación geográfica, entre otros factores.
“El ahorro posible va a depender de su realidad, de la necesidad de energía y de la posibilidad real de implementar nuevos hábitos. En términos muy generales, con algunos cambios sin grandes inversiones, podría lograrse un ahorro del 10-15%”
Potencia no es lo mismo que consumo
Muchas personas suelen fijarse en los watts de un aparato, pero ese dato por sí solo no basta. Mientras la potencia eléctrica se mide en watts (W), el consumo de energía suele expresarse en watts-hora (Wh), unidad que representa la cantidad de watts utilizada por un equipo durante una hora.
Una manera sencilla de entenderlo es el ejemplo que usa Nicolle Acevedo, docente de Duoc UC sede Puente Alto. Pensemos que la potencia de un equipo indica qué tan rápido utiliza energía, mientras que el consumo final depende del tiempo que permanece funcionando.
“Un hervidor eléctrico tiene una potencia relativamente alta, pero normalmente funciona solo algunos minutos... En cambio, un equipo de menor potencia que permanece encendido durante muchas horas puede terminar consumiendo más energía durante el mes”, explica.
Por eso, no basta con mirar cuántos watts tiene un electrodoméstico; también debemos preguntarnos cuántas horas al día lo utilizamos.
Un calefactor de 2.000 W utilizado durante una hora consume aproximadamente 2 kWh. Si lo mantenemos funcionando cinco horas diarias, son cerca de 10 kWh al día. Al llevar ese consumo a un mes, podemos entender rápidamente por qué la calefacción eléctrica puede tener un impacto importante en la cuenta.
¿Cuán eficientes son nuestros equipos?
Otra de las cosas que hay que considerar es la eficiencia que tiene el equipo, que viene indicada en las etiquetas, así como los requerimientos energéticos del lugar.
Hugo Morales, académico del área de energías en INACAP Antofagasta, propone que, si queremos calefaccionar una vivienda relativamente pequeña, un equipo de determinada potencia puede necesitar funcionar durante más tiempo para cubrir el mismo requerimiento energético.
“Muchas veces las personas lo dejan funcionando sin control, de manera ininterrumpida, y eso es lo que finalmente termina disparando la cuenta de electricidad a fin de mes”, detalla.
Cuando uno ve la facturación eléctrica, hay que fijarse en qué cargos se está construyendo esa misma facturación. Los tres principales son cargo fijo, otro por transporte de electricidad y otro por la energía consumida.
El cargo fijo, independientemente de si se consume electricidad o no, se va a cobrar igual. Pero el transporte y la energía dependen de los kilowatt-hora consumidos durante el mes. Por ejemplo, para el caso de Antofagasta, el valor global puede estar en torno a los $270 por kilowatt-hora.
Si consideramos un calefactor o una estufa eléctrica de 2 kilowatts que trabaje dos horas al día, eso va a significar que la facturación mensual va a aportar directamente $32.400 solo por esa estufa trabajando 120 minutos diarios. Ahora, si tenemos una casa de dos pisos, con una estufa arriba y otra abajo, ese valor obviamente se duplica. Eso es lo que termina pegando fuerte en las facturaciones a fin de mes.
Una de las primeras medidas para reducir el consumo no requiere cambiar ningún electrodoméstico. Se trata de revisar cuánto tiempo permanecen encendidos y bajo qué condiciones funcionan.
En calefacción, por ejemplo, Hugo Morales recomienda evitar el funcionamiento continuo cuando el ambiente ya alcanzó una temperatura confortable.
“Cuando uno ya sienta templada la habitación, detener justamente la calefacción y esperar a que la temperatura vuelva a bajar”, plantea. Otra alternativa son los temporizadores, que permiten programar el encendido y apagado de los equipos sin tener que estar pendientes de ellos.
También es importante evitar que el calor se escape. Puertas y ventanas abiertas mientras funciona un equipo de climatización obligan a consumir más energía para alcanzar y mantener la temperatura deseada.
Para el académico UNAB Alan Wilson-Veas, mejorar la aislación térmica está entre las primeras cosas que asegurar en una vivienda. Graciela Martínez coincide y plantea que, cuando existe la posibilidad de invertir, el aislamiento puede ser una solución más permanente que simplemente reemplazar un electrodoméstico por otro más eficiente.
“Mi recomendación, siempre que sea posible, es apostar por la independencia energética, y ahí la aislación térmica es la base”, sostiene la consultora de BDO.
En términos cotidianos, esto también implica moderar las expectativas sobre la temperatura dentro del hogar. No se trata de pasar frío en invierno ni calor en verano, sino de evitar un uso excesivo de los equipos para conseguir temperaturas que no son necesarias.
No todo está en desenchufar los aparatos
Una de las recomendaciones más extendidas para reducir la cuenta de electricidad es desconectar los aparatos que quedan en modo de espera. El llamado consumo fantasma existe, pero no todos los equipos tienen el mismo impacto.
“Si una familia quiere disminuir significativamente su cuenta, debería comenzar por los grandes consumos antes que concentrarse exclusivamente en desconectar pequeños cargadores”, enfatiza el doctor y académico UNAB Alan Wilson-Veas.
Eso no significa que todos los aparatos en stand-by sean irrelevantes. Wilson-Veas llama especialmente la atención sobre decodificadores de televisión, routers, módems y computadores que permanecen encendidos permanentemente. Mismo caso con los dispositivos de internet de las cosas (IoT), que gastan energía, pero su consumo individual suele ser muy bajo.
Cinco cosas que revisar antes de que llegue la próxima cuenta
Para el doctor Wilson-Veas de la UNAB, si pudiera entrar durante una hora a una casa chilena para detectar oportunidades de ahorro, revisaría lo siguiente:
- Chequear el correcto funcionamiento y uso del refrigerador.
- Revisar oportunidades de mejorar la aislación térmica en el hogar.
- Revisar cargas vampiro de alto consumo y uso no-intensivo (decodificadores, módems, etc.) para desconectarlas.
- Revisar el buen funcionamiento y uso racional de hervidores, cocinas y hornos eléctricos.
- Revisar el buen funcionamiento y uso racional de lavadoras y secadoras.
La meta, finalmente, no es dejar de utilizar la electricidad, sino aprender a distinguir entre la energía que una familia necesita y la que está pagando sin necesidad.
Lo último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE