Caída del consumo de alcohol en Chile: ¿una tendencia que llegó para quedarse?
La primera droga de consumo nacional parece estar en retirada, impulsada por un cambio cultural profundo, nuevas leyes y una generación que prioriza la salud por sobre el ritual social de la copa. Expertos de la Universidad Andrés Bello y Senda explican las razones.

Hace algunos días, el mundo del vino en Chile recibió una noticia que podría cambiar radicalmente la cara de la industria: el gobierno firmó la modificación del reglamento de la Ley 18.455, que permitirá incluir en la categoría de “vinos” a productos elaborados de uva con graduación alcohólica desde 8,5°.
Hasta ahora, sólo se reconoce como tales a aquellos con grado alcohólico de 11,5°, pero el cambio en el paradigma busca responder a un fenómeno que hoy se da en todo el mundo: la disminución en el consumo de bebidas alcohólicas.
El alcohol ha sido históricamente el articulador de la vida social chilena: la botella de vino en la compra del mes, el whisky en la mesa del cumpleaños, el 2x1 del happy hour y la infaltable piscola. Pero algo está cambiando. A pesar de ser la primera droga de consumo a nivel nacional, su consumo está cayendo, arrastrado por cambios culturales y generacionales en pleno desarrollo.

Los resultados del 16° Estudio de Drogas en Población General de Senda sorprendieron y también confirmaron una tendencia que comenzó en 2016: la reducción en la prevalencia del consumo de alcohol. Si en 2022 un 39,2% de los encuestados declaraban haberlo consumido en el último mes, en 2024 esa cifra cayó a un 36,4%.
Esta redirección de la curva se explica por múltiples factores, pero los expertos coinciden que hay un cambio en el discurso público que ha impulsado, a su vez, una transformación a nivel generacional.
Nuevas formas de entretenimiento, más conciencia acerca de la importancia de la vida saludable y una legislación más punitiva para las personas que exceden los límites son algunas de las variables que inciden y se interrelacionan entre sí.

El consumo en alcohol en población escolar también viene a la baja desde 2017. Si entonces un 34,2% de los encuestados dijo haber consumido alcohol en el último mes, en 2023 sólo un 22,7% lo hizo. Al mismo tiempo, a partir de 2021 se ha fortalecido levemente la percepción de riesgo de consumir alcohol, que pasó un 55,1% en dicha medición a un 56,3% en 2023.
“Los jóvenes ya no recurren tanto al alcohol para obtener algún beneficio o sentir que es algo recreativo”
Aquí y en el mundo
Este segmento de jóvenes está empujando el fenómeno, pero la nueva forma de relacionarse con el alcohol está cambiando transversalmente. No sólo en Chile, también en el mundo. Según datos de IWSR, la principal consultora internacional del sector, el consumo mundial de bebidas alcohólicas cayó 2% en volumen durante 2025.
“En particular en Chile –y considerando que la data que maneja la OMS suele ser un poquito más rezagada– efectivamente en el análisis largo se ve que esta tendencia del consumo per cápita de alcohol se ha venido reduciendo. Entonces, es bien consistente con un fenómeno global”, afirma Esteban Pizarro, jefe de estudios de Senda.

Natalia Riffo, psicóloga y exdirectora de Senda, añade que el fenómeno se observa en numerosos países de altos ingresos y particularmente entre generaciones jóvenes. “Una revisión internacional encontró que los jóvenes mencionan cambios en la forma de socializar, mayor preocupación por el riesgo y menor disponibilidad económica para el alcohol”, complementa.
Recambio generacional
Cambios en el estilo de vida, en la forma de relacionarse entre pares y el acceso a diversos tipos de entretenimiento –del mundo del streaming, la virtualidad y los videojuegos— son algunas de las motivaciones que enumera Gonzalo Escobar, economista y académico de la Facultad de Economía y Negocios UNAB, detrás de la disminución del consumo de alcohol en la juventud.
“Estas cohortes más jóvenes, de alguna forma, están resignificando estos espacios de ocio y la interacción social vinculada al uso de alcohol. Y pareciera, en esta misma lógica, que tienen un menor arraigo al alcohol de lo que se tenía en esas poblaciones hace 10, 15 años”, señala Esteban Pizarro, jefe de estudios de Senda.

“Existe una generación más consciente de los efectos del alcohol, más preocupada por salud física y mental y que cuestiona prácticas que antes estaban más normalizadas”, agrega Natalia Riffo. Sin embargo, hace una aclaración: “En definitiva, la evidencia no permite cuantificar qué porcentaje de la reducción chilena se debe al cambio cultural y generacional, pero sí permite sostener que no estamos observando únicamente el efecto de políticas específicas”.
“La caída coincide con una transformación más amplia de las normas sociales, prácticas familiares, percepción de riesgo y estilos de vida de las generaciones jóvenes”, apunta.
Estos cambios generacionales están directamente influidos por un robustecimiento de la legislación enfocada en desincentivar el consumo. A partir de 2021, aumentó la regulación de acceso al alcohol. “Cuando una sustancia resulta menos accesible, disminuye la probabilidad de iniciación temprana”, sostiene Natalia Riffo.

La Ley de Alcoholes se modificó para verificar que no se venda alcohol a menores de 18 años, por lo que se debe exigir la cédula de identidad u otro documento de identificación a todas las personas que deseen adquirir bebidas alcohólicas. Pero no ha sido la única medida.
“El 2012 apareció la Ley de Tolerancia Cero, que aumentó las penalizaciones y disminuyó los niveles de alcohol con los que tú podrías estar circulando. Luego, esta se reforzó el año 2014 con la Ley Emilia, en que establece penas mucho más severas a un conductor que maneje en estado de ebriedad, eso también ha causado un impacto en la población en el sentido de desestimar el consumo de alcohol”
“Senda atribuye parte de la disminución a un trabajo preventivo basado en evidencia y permanente hace décadas. Intervenciones que no se limitan a entregar información sobre drogas, sino que buscan desarrollar habilidades para tomar decisiones, enfrentar presión de pares y aumentar factores protectores, entre otras”, asegura Natalia Riffo.

Una vida más saludable
Entre las nuevas aspiraciones que han surgido en la sociedad, el tener un estilo de vida saludable se valora como nunca. Además, distintos gobiernos han impulsado campañas para promover un estilo de vida saludable deporte y alimentación adecuada.
“También se visualiza que el alcohol te produce problemas no sólo si conduces o no, sino que deteriora órganos como el hígado, te ayuda a envejecer más rápido”, agrega el toxicólogo y académico UNAB Fernando Torres.
Gonzalo Escobar apunta a quienes marcan la pauta: “La Generación Z y los millennials comenzaron a preferir una vida más sana y más vida al aire libre”.
El confinamiento por covid-19 es uno de los factores que también puede haber impactado en la prevalencia del consumo de alcohol en la población chilena. “La pandemia te mantuvo encerrado, cambió tus hábitos y eso se mantuvo. Ciudades a nivel mundial que se caracterizaban por tener una vida nocturna intensa como Nueva York y Londres están cambiando también”, asegura Gonzalo Escobar, economista y académico de la FEN UNAB.

“El covid alteró estos espacios de socialización que tienen que ver con la interacción social y todo lo que tenga que ver con el ocio nocturno y pareciera que mucho de esos cambios se han mantenido en el tiempo”, agrega Esteban Pizarro.
El alza en el costo de la vida también incide: “Hoy tienes que privilegiar comer o comprar otras cosas que necesitas para vivir porque es caro el alcohol aquí en Chile”, opina Fernando Torres.
“Antes, dentro de las compras del mes o lo que mis padres compraban siempre estaban las botellitas, las cajitas de vino, la botella de pisco o whisky. Hoy eso uno lo ha suprimido de la canasta de compras mensuales”, dice.
La amenaza de las pastillas
No hay indicadores ni mediciones que permitan establecer qué ha sustituido al alcohol en nuestra sociedad, pero sí teorías basadas en observaciones.
“La hipótesis es de una disminución y transformación general de los patrones de consumo más que la de una sustitución del alcohol por marihuana u otras drogas, por ejemplo, pero el aumento de tranquilizantes sin receta es una señal que merece especial vigilancia”
Los expertos coinciden, en tanto, que hay que encender las alarmas respecto del consumo de tranquilizantes sin prescripción médica como un uso preocupante.
“El uso de drogas ilícitas como marihuana, cocaína, pasta base y drogas sintéticas se mantienen en órdenes de magnitud inferiores a lo que es alcohol y no han incrementado grandemente en el mismo período. Hay que relevar todo lo que tiene que ver con el uso de tranquilizantes sin prescripción médica. Hay una persistencia ahí de los consumos que nos preocupa”, explica Esteban Pizarro.
Ese llamado de atención ya lo había hecho Fernando Torres en una columna de opinión y lo sigue sosteniendo: “La situación adquiere una dimensión aún más preocupante cuando estos fármacos son utilizados como una alternativa al consumo de alcohol o con fines recreativos”.
El fenómeno requiere especial atención cuando estos psicofármacos circulan fuera de los canales formales de comercialización. “Hoy te puedes meter en Google y te aparecen un montón de ventas de medicamentos ilegales, de drogas, hay de todo en las redes sociales”, apunta Fernando Torres.

Según el mismo 16° Estudio de Drogas en Población General, el 42,1% de quienes habían consumido tranquilizantes sin receta médica dijo que los había obtenido comprándolos en una feria libre o mercado.
El toxicólogo advierte sobre las consecuencias: “Su consumo sin supervisión profesional puede generar importantes riesgos para la salud, entre ellos dependencia, tolerancia, alteraciones cognitivas y efectos sobre el sistema nervioso central”.
Al mismo tiempo, “aumenta el riesgo de adquirir productos falsificados, adulterados o de procedencia desconocida y facilita el acceso a personas que no cuentan con una evaluación médica ni seguimiento profesional”, agrega.
A juicio del director de la Escuela de Química y Farmacia UNAB, “más que criminalizar a quienes recurren a estos medicamentos es necesario comprender las razones que están detrás de su consumo y generar alternativas seguras y efectivas para quienes buscan aliviar ansiedad, insomnio, estrés u otro problema de salud”.

Una tendencia que se mantiene
“Yo no esperaría grandes cambios al menos en el corto-mediano plazo relativo a la situación que venimos observando”, señala Esteban Pizarro, jefe de estudios de Senda. “En población joven hemos visto un escenario favorable en términos de magnitud de consumo de sustancias en general”.
Natalia Riffo comparte esta opinión: “En el corto y mediano plazo es razonable pensar que el consumo podría seguir disminuyendo o estabilizarse en niveles bajos, particularmente por un cambio generacional que parece bastante profundo”, apunta.
“La evidencia no permite cuantificar qué porcentaje de la reducción chilena se debe al cambio cultural y generacional, pero sí permite sostener que no estamos observando únicamente el efecto de políticas específicas. La caída coincide con una transformación más amplia de las normas sociales, prácticas familiares, percepción de riesgo y estilos de vida de las generaciones jóvenes”, concluye.
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