Desde Chiloé: El arte de la tinta japonesa

Pintar puede ser un modo de meditación. Dos mujeres, madre e hija, están enseñando desde el sur de Chile esta técnica oriental trasplantándola a nuestra vegetación nativa.




Ayer hubo tormenta en Chiloé, y en la isla de Quinchao, Paola y Carla están hoy sin luz mientras hablamos por teléfono. No es raro, el viento y la naturaleza mandan en estas tierras, no la tecnología. Y como a veces se cae la conexión, las clases de sumié por Zoom –que están dictando– pasarán probablemente a lecciones grabadas para asegurar los contenidos a los alumnos en estos tiempos de cuarentena.

Estas dos chilotas valientes, Carla Contreras, la madre, y Paola López, la hija, comenzaron “Sumié al sur del mundo”, un taller que suma amablemente la técnica de pintura japonesa con tinta a la geografía fecunda que las rodea. “Volvimos, mi mamá hace como 8 años, y yo hace unos 6 años. Compramos un terreno con bosque en Quinchao y tenemos en estos momentos con mi familia un proyecto de conservación para poder preservar este pedacito de bosque que tiene la isla”.

Quinchao, explica Paola, está muy degradada por ser de mar interior y estar poblada, desde siempre, “entonces se hace supervital preservar para las generaciones futuras”, dice. Para esto montaron un taller y residencias de arte que combinan herramientas de la ilustración naturalista con la pintura japonesa, sumi (tinta) y é (arte), dice, “para que la gente venga a armar aquí sus proyectos o a aprender en conexión directa con el bosque”.

¿De dónde nace este interés por la pintura sumié?

Paola: Hace unos 12,15 años hubo un taller en la Biblioteca de Santiago y yo inscribí a mi mamá; me tincó que le iba a gustar. Ella se sintió muy identificada con esta pintura y luego tomó varios talleres: en el Instituto de Cultura Japonés, en Argentina, en el CEIJA, y a través de ellos se conectó con la Asociación Internacional de Sumié en Tokio –que son los más reconocidos en esta área– y empezó a especializarse. En ese proceso yo estuve también siempre superinteresada, pintando y especializándome con ella, que el 2011 viajó a Japón y sacó su licencia para enseñar como sensei.

¿Qué te atrajo para empezar este camino?

Carla: Yo soy una apasionada de la acuarela, tiene una estructura muy ordenada, trabajas desde lo más claro a lo más oscuro; tiene un orden, dibujas, vas pintando, vas in situ a trabajar, etc., pero cuando conocí la aguada japonesa, que tiene que ver con las emociones y sensaciones, ¡me encantó!

¿Cómo es eso de las emociones?

La pintura japonesa se incorpora en la naturaleza. Vas al bosque, te empapas de él, miras los árboles, ves cómo son, aprendes todo sobre ellos en forma científica, y luego, con la sensación que te dio, el pincel y las tintas; con todo esto que aprendiste, con distintos tonos y 2, 3 pinceladas, logras el árbol, y es único, porque tiene que ver con la emoción, y eso no se puede copiar.

La pintura como meditación

Carla cuenta que es una pintura que no se puede comparar con la occidental, pero sí con las de su tipo en China o Corea, y que se diferencia porque la japonesa es esencialmente minimalista.

Me imagino que necesitas una precisión salvaje si son tres pinceladas...

Carla: Más que precisión hay una técnica: los 4 caballeros. Vas trabajando uno a uno, incorporando las pinceladas que necesitas para dibujar lo que sea. Tienes que aprenderla en forma rigurosa y luego te puedes soltar a dibujar lo que quieras.

¿Tiene que ver con el modo de abordar las cosas de su cultura, como la ceremonia del té, etc.; hacer más sagrados los momentos, las acciones?

Es una pintura zen. Los monjes zen lo incorporaron para ellos como un estado de meditación, y además para los japoneses todo lo que ayuda al espíritu es arte, por eso hablan de la jardinería, del arco y la flecha, etc., como arte, tienen otro concepto y por eso lo valoran más también.

Qué bonito. En ese sentido, tengo entendido que usa formas de respiración y un proceso distinto...

Exacto, uno se prepara para pintar. Tienes que estar con ropa cómoda, ideal sin zapatos; nada te tiene que apretar, incomodar. Se trata de conectarse con lo que uno hace y que nada te distraiga. Respirar, estar tranquilo. Hay toda una preparación que tiene que ver con un estado meditativo para que salgan las emociones. Mi maestra, por ejemplo, tiene un orden para la mesa; no puedes cambiar de lugar el agua, el pincel, nada. Tiene que ver con la facilidad para pintar y estar relajado, un poco como en la casa: primero ordenas y limpias si tienes que cocinar o estudiar.

Beber del bosque

Mientras describen sus talleres –que en parte suceden afuera– veo sus fotos llenas de verde, con el mar de fondo, y a mí, desde el encierro en un departamento en Santiago a todo cemento, me suena como un retiro soñado y tan anhelado. Volver a conectarse con la naturaleza y en modo zen. Pintar, oler la tierra mojada, observar desde el silencio interno esa poderosa vegetación nativa del Sur.

“El taller incluye tours botánicos, actividades dentro del bosque, para poder empaparse del ambiente y que la gente tenga esta conexión directa”, explica Paola. Son arrayanes, ulmos, olivillos y la gran diversidad de flora y fauna del bosque templado lluvioso, principalmente valdiviano, que se pueden observar para luego volcar en el papel la huella de ese contacto entre los árboles y tú.

Materiales

Qué comprar y dónde

1. Pincel que termine en punta y de cierto grosor. Existen pinceles japoneses, chinos, coreanos o taiwaneses que se pueden adquirir a través de sitios como Amazon, y en Santiago en Cinabrio o en el CEIJA.

2. Tinta: se puede practicar con tinta china para empezar y luego tinta en barra, el sumi, o tintas líquidas japonesas de buena calidad al avanzar en la técnica.

3. Papel: de fotocopia, de diario o de dibujo de bajo gramaje o papel camisa para practicar. Al avanzar en la técnica: papel de arroz.

4. Timbre: cuando te dedicas a la técnica se hace un timbre con un kanji (simbología japonesa) y se ocupa cinabrio, mineral rojo para timbrar.

Pote para el agua, paño para secar, apoyapinceles.

No se requieren conocimientos previos para poder pintar con esta técnica, solo dedicación y constancia para avanzar e ir soltando el pincel. Como dicen los maestros japoneses: que el pincel y tu mano se hagan uno

Paola López

“El sumié, sumi: tinta, y é: arte; el arte de la tinta fue desarrollado en Japón por los monjes budistas zen, aplicando esos principios a la pintura, como arte meditativo”

Paola López.

La belleza de los 4 caballeros

Es el nombre de la práctica para aprender todos los tipos de pinceladas posibles, representadas por 4 plantas distintas y sus características. “La pintura japonesa no es un dibujo propiamente tal y no trabaja por capas; se pinta y dibuja a la vez, así como se pintan las luces y sombras simultáneamente. Requiere la capacidad de observación, captar lo esencial de aquello que se observa o estudia”, explica Paola López.

Bio

El taller de Carla y Paola está certificado por la Asociación de Sumié en Tokio. Carla Contreras es artista y sensei de Aguadas Japonesas de dicha entidad. Tiene varios diplomados en arte y fue directora del Centro Cultural de las Artes, Providencia. Ha sido parte de las exposiciones colectivas anuales de sumié en el Museo Nacional de Arte de Tokio. Paola López es profesora de filosofía de la Universidad de Chile. Trabaja con acuarela y tinta en ilustraciones naturalistas y aguadas japonesas. Estudió ilustración botánica del bosque templado lluvioso con PhytaLab, Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile; ilustración y escultura cerámica en la PUC, e ilustración de aves en el Peabody Museum, Universidad de Yale. Es profesora de aguadas japonesas en el CEIJA, Centro de Estudios Integrales del Japón, Santiago.

Carla Contreras y Paola López.

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