El caso de Peter Hullermann: Benedicto XVI admite testimonio incorrecto sobre sacerdote acusado de abusos

El Papa Benedicto XVI dirigiendo el Rosario en la Capilla de las Apariciones en el Santuario de Fátima, Portugal, el 12 de mayo de 2010. Foto: AFP

El Papa emérito reconoció haber estado en una reunión, cuando era arzobispo de Munich, donde se evaluaron las acusaciones contra Hullerman, contrariamente a lo que declaró a los autores de un informe elaborado en Alemania que lo responsabiliza de encubrir a varios sacerdotes.


El Papa emérito Benedicto XVI admitió ayer que, cuando era arzobispo de Munich (entre 1977 y 1982), participó en una reunión clave en 1980 sobre un sacerdote alemán acusado de abusos a menores, contrariamente a lo que declaró a los autores de un informe elaborado en Alemania que lo acusa de encubrir a varios sacerdotes.

En una carta firmada por su secretario privado, monseñor Georg Gänswein, divulgada ayer por la agencia católica alemana KNA y el portal de prensa del Vaticano, Vatican News, Benedicto XVI “quiere aclarar que, contrariamente a lo dicho a los autores del informe, participó en la reunión del 15 de enero 1980″.

Las declaraciones dadas a los autores del informe, publicado el jueves pasado y elaborado por la firma de abogados Westpfahl Spilker Wastl (WSW), fueron “objetivamente incorrectas”, sostiene Gänswein.

Benedicto XVI recalca que no fue por “mala fe” y que se trató de un “error”, del “resultado de una omisión en la edición de sus declaraciones”. El Papa emérito, de 94 años, pide “perdón por ese error”.

Sin embargo, el antecesor del Papa Francisco aseguró que en aquella reunión “no se tomó ninguna decisión” sobre la designación pastoral del sacerdote en cuestión, sino que en realidad solo se afrontó el tema desde la perspectiva de “permitir un alojamiento” para el cura mientras estaba recibiendo tratamiento terapéutico en Munich.

Benedicto XVI bendice a los fieles por última vez desde el balcón de su residencia de verano en Castel Gandolfo, el 28 de febrero de 2013. Foto: Reuters

El informe elaborado el bufete de abogados WSW, que llevó a cabo el peritaje en nombre de la propia arquidiócesis de Munich, mostraba un acta de la reunión en la que se decía que el entonces arzobispo Joseph Ratzinger estuvo presente y rechazó la negación por considerarla “poco creíble”.

Martin Pusch, de la firma legal WSW, afirmó que Ratzinger “estaba informado sobre los hechos”. El abogado alemán, que dirigió la investigación independiente, señaló el jueves pasado que dos de los sacerdotes implicados, a pesar de haber sido sancionados penalmente por abuso en esos años, continuaron siendo pastores, y que no fueron objeto de ningún procedimiento en términos de derecho canónico.

Los autores del informe afirmaron que están “convencidos” de que Ratzinger estaba al corriente del pasado pedófilo del sacerdote Peter Hullermann.

Un tribunal eclesiástico de Munich, en 2016, señaló que Hullermann habría abusado de niños en su diócesis de origen, Renania del Norte-Westfalia. En 1979, mientras ejercía en una iglesia de Essen, el entonces capellán abusó de un niño de 11 años. Asimismo, se registraron tres acusaciones de otros menores de edad.

En ese entonces, Hullerman habría reconocido las acusaciones, y fue reasignado a sus tareas pastorales a pesar de esto, siendo transferido a Munich, donde Ratzinger era arzobispo. Se le asignó también terapia psiquiátrica con el psicólogo Werner Huth, experto en pederastas. Y desde la diócesis de Essen se le habría “informado explícitamente” a Munich respecto a los abusos cometidos por el cura. El cambio se produjo “con la clara indicación de que no volviera a trabajar con niños”, aseguraron fuentes del obispado de Essen al diario El País.

Reinhard Marx, cardenal de la Arquidiócesis de Múnich y Freising, durante una conferencia de prensa, el 20 de enero de 2022. Foto: Reuters

A pesar de la terapia, Hullermann continúo con los abusos, y en 1986 las denuncias se confirmaron y lo condenaron a 18 meses de cárcel y a pagar una multa por abusar sexualmente de menores en 1985. Durante los años, siguió trabajando con niños, por lo cual su caso se considera un ejemplo paradigmático del mal manejo de los abusos por parte de la Iglesia Católica.

Según la versión oficial del episcopado, fue el número dos de Ratzinger por aquel entonces, el exvicario general Gerhard Gruber, quien tomó personalmente la decisión de reincorporar enseguida al sacerdote en una parroquia de Munich. “No queríamos que estuviera todo el día sin nada que hacer”, aseguró Gruber.

En 2010, finalmente, Hullermann fue obligado a jubilarse. En ese entonces, Ratzinger negó conocer el pasado del cura, precisamente durante el período en que era Papa (2005-2013).

Benedicto XVI, saliendo del altar con su secretario, Georg Gänswein, al final de su última audiencia semanal en la plaza de San Pedro, en el Vaticano, el 27 de febrero de 2013. Foto: AFP

En una conferencia de prensa en Munich que dio a conocer los hallazgos de la investigación, Pusch dijo: “Mientras Ratzinger estaba en su cargo, sucedieron casos de abusos. En aquellos casos, estos curas continuaron su trabajo sin sufrir sanción alguna. La Iglesia no hizo nada al respecto”. Asimismo, el abogado agregó que el Papa emérito afirmó no saber sobre los hechos, aunque “creemos que no es así, de acuerdo a lo que sabemos”.

Al menos 497 personas sufrieron abusos en la arquidiócesis de Munich-Freising, en un período de casi 74 años (desde 1945 hasta 2019), según un resumen del informe. La mayoría de las víctimas eran varones y el 60% tenían una edad comprendida entre 8 y 14 años.

Benedicto XVI había rechazado en repetidas ocasiones su supuesto encubrimiento de los abusos. En una carta publicada en 2013 luego de su sorpresiva dimisión, escribió: “En cuanto a sus menciones del abuso moral de menores por parte de sacerdotes, solo puedo, como saben, reconocerlo con profunda consternación. Pero nunca traté de encubrir estas cosas”.

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