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Franquismo en España: Tras la huella de los últimos ejecutados de la dictadura

La escritora Aroa Moreno Durán relata a La Tercera la serie de coincidencias en torno a su última novela “Mañana matarán a Daniel”, que revisa un capítulo reciente de la historia de España.

Familiares y amigos del activista político José Humberto Baena reunidos ante la tumba del que fue el último fusilado durante la dictadura franquista. Foto: Archivo

En la madrugada del 27 de septiembre de 1975, poco antes de la muerte del dictador español Francisco Franco, tres jóvenes fueron ejecutados en la sierra de Madrid. Daniel, Hidalgo y Pite, los tres miembros del Frente Patriota Revolucionario Antifascista (FRAP), habían sido detenidos y torturados por la policía, acusados de matar ese verano a un policía y a un guardia civil. La condena se impuso sin juicio legal y de forma precipitada, después de una farsa militar en la que no hubo pruebas ni posibilidad de defensa. Junto a otras dos ejecuciones, aquellos jóvenes fueron los últimos fusilados por el régimen. El 20 de noviembre de ese año Franco moría y se iniciaba la transición.

Portada del libro "Mañana matarán a Daniel", de Aroa Moreno Durán.

Cincuenta años después de esos hechos, la escritora y periodista española Aroa Moreno Durán (Madrid, 1981) revisitó el caso de los últimos ejecutados del franquismo en su novela titulada Mañana matarán a Daniel (Random House), la misma que este mes llegó a las librerías chilenas. Se trata de un texto donde conviven ficción, crónica personal y periodismo de investigación con un fin: la reconstrucción de la historia silenciada de los últimos fusilados del franquismo previo al final de la dictadura.

Aroa Moreno Durán se encontró por casualidad, muy cerca de su casa, las huellas de aquellos asesinatos. En el monte donde tantas veces había acampado existe todavía el talud donde se llevaron a cabo las ejecuciones. “Esto sucede en Hoyo de Manzanares, que es un pueblo de la Sierra de Guadarrama, de Madrid. Yo estaba paseando con mi hijo en 2020, después de que levantaran el confinamiento de la pandemia. Y entonces oímos unas ráfagas de disparos. Yo nunca las había oído ahí, a pesar de que he ido mil veces a ese campo. Me asusté y cogí al niño y me volví a casa enseguida”, relata Aroa a La Tercera. Se trataba del campo de tiro de El Palancar, cerca de la Academia de Ingenieros del Ejército.

Aroa Moreno Durán, escritora y periodista española.

“Y pues quiso la casualidad que esa misma tarde me escribió el director del periódico donde estaba colaborando para que escribiera una carta abierta a alguien que hubiera militado en un grupo armado en los años 70 contra el franquismo, en alguna organización antifranquista. Entonces, en ese momento, miré en internet y enseguida vi que tres de los cinco últimos fusilados de la dictadura pertenecían al FRAP y habían sido fusilados en el campo de tiro donde yo había estado esa tarde. Entonces, yo sentí como que la historia se puso delante de mí, como que no pude esquivarla”, añade.

En el transcurso de su investigación, Aroa se contactó con las familias de los ejecutados. “Me di cuenta de que esa herida no estaba para nada cerrada, que el pensamiento y el recuerdo sobre la muerte, el asesinato de sus hermanos, era algo con lo que convivían día tras día y por lo que llevaban peleando 50 años”, relata.

Homenaje a José Humberto Baena en Vigo.

“Aquí no ha habido ningún tipo de justicia transicional. La transición no hizo ningún tipo de juicio sobre el pasado, sobre la dictadura”, critica. Y añade: “A mí me cuesta creer que en España todavía tengamos gente enterrada en fosas comunes, que se sabe dónde están y no se exhuman. Entonces, esa transición supuestamente idílica, creo que ha llegado el momento de cuestionarla”.

Retratos de los miembros del FRAP Ramón García Sanz, José Luis Sánchez-Bravo Solla y José Humberto Baena Alonso, quienes fueron fusilados el 27 de septiembre de 1975. Foto: Archivo

“Creo que este aniversario de la muerte del dictador podría haber servido de forma mucho más profunda para reconciliar a España con su pasado. Y eso incluye haber hecho un trabajo intenso de educación en los colegios, en los institutos y en todas partes. En España, la gente de mi edad no hemos estudiado la dictadura”, asegura.

Y concluye con una advertencia: “Hasta que la memoria histórica o democrática, como la llaman ahora, no deje ser una batalla cultural política y se convierta en un asunto que nos concierne a todos, pues esto se va a seguir tambaleando todo el rato”.

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