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Jon Lee Anderson, cronista norteamericano: “Trump ha logrado que una de las revoluciones más de izquierda en América Latina trabaje para él”

El reconocido periodista de la revista The New Yorker analiza la intervención de Estados Unidos en Venezuela. Dice que marca un giro en la política exterior de su país y que va a reordenar el mapa de alianzas en la región. "Trump está tratando de establecer un monopolio en el hemisferio occidental", afirma, ante una ONU que ha perdido relevancia práctica.

MEXICO DF A 25/10/2015 ENTREVISTA AL PERIODISTA JON LEE ANDERSON JORGE GONZÁLEZ AVILÉS/MILENIO FOTO

Desde muy joven sintió el deseo de conocer el mundo. Con su familia vivió en Asia, África y América Latina. Jon Lee Anderson quería viajar y ampliar sus horizontes. Pero no sólo por afán de aventura: también quería ser protagonista de la historia de su tiempo. Su padre estuvo en Hawái cuando Japón bombardeó Pearl Harbour y luego combatió en la Segunda Guerra Mundial. Con su madre solía leer biografías de grandes exploradores, de modo que él no concebía la figura del escritor encerrado, alejado del mundo o de los conflictos de su época.

—Esa vida no era para mí. Yo quería ir a las trincheras. Quería nutrirme de la realidad en todas sus dimensiones. Eso se convirtió en una máxima. Y mi vida periodística se desarrolla a partir de esas compulsiones -dice.

Periodista de la revista The New Yorker y uno de los cronistas más reputados de la actualidad, biógrafo del Che Guevara, Jon Lee Anderson pasa más tiempo en el extranjero, a menudo en sitios aislados o peligrosos, que en su casa en Londres. Hace tres semanas, horas después del ataque de Estados Unidos a Venezuela, volvió a hacer maletas. Voló a Bogotá y, tras varios días, se reunió con el presidente colombiano Gustavo Petro, a la espera de cruzar la frontera hacia Caracas.

Jon Lee Anderson conoce bien la Venezuela chavista. Ha visitado el país en varias ocasiones y elaboró perfiles de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro. La primera vez que entrevistó a Chávez conversó tres horas con él, a la sombra de un árbol de mango en el jardín de la residencia presidencial.

—Él estaba fascinado con mi libro sobre el Che. Me hizo muchas preguntas sobre la búsqueda del cuerpo (gracias a la investigación de Anderson se encontraron los restos del guerrillero, cuyo destino era desconocido desde su asesinato, en 1967). Después me invitó a muchas actividades. No fue así con Maduro: la revolución ya había cambiado y la relación era distinta.

Trump, como el Pingüino de Batman, quiere ser el que manda, el que dice lo que la ciudad tiene que cumplir: “Ustedes tienen que cumplir conmigo o si no, les bombardeo de nuevo”.

He decidido declararme marxista 2, el segundo volumen de sus obras escogidas, cuyo título reproduce una anotación de su diario de adolescencia, recoge el perfil de Chávez, junto a otros líderes, así como un amplio fragmento de su biografía del Che. Según cuenta, el perfil de Maduro, que no fue incluido en esta edición, le provocó problemas con el chavismo y con la oposición.

—Muchos venezolanos de la oposición no me podían ver solo por haberme acercado a Maduro para perfilarlo. Y, sin embargo, siempre tuve encuentros con la oposición. Mi última pieza desde Venezuela, en 2019, fue con Juan Guaidó. Me han troleado chavistas y opositores. No han sido capaces de encontrar un espacio común. Ambos buscan hundir o cooptar a quien tenga una opinión independiente.

En este sentido, el experimentado reportero no guarda la mejor opinión de los líderes de la oposición venezolana.

—La oposición buscaba aliados antidemocráticos para lograr cambios que eran incapaces de hacer. Mira a María Corina Machado ahora entregando su premio Nobel a Trump, el líder más antidemocrático concebible.

¿Qué le pareció la intervención norteamericana en Venezuela?

Fue una operación perversamente genial en un sentido estratégico, o más bien táctico. Porque no dejar “botas en el suelo”, no insertar tropas norteamericanas, evita bochinches en la calle entre venezolanos, tropas venezolanas y norteamericanas: una situación tipo Irak o Afganistán. Trump, como el Pingüino de Batman, quiere ser el que manda, el que dice lo que la ciudad tiene que cumplir: “Ustedes tienen que cumplir conmigo o si no, les bombardeo de nuevo”. Y esa es la situación que tenemos. Vamos a ver cómo le sale.

Lo extraño es que capturó al dictador, pero la dictadura sigue allí.

Es bastante imperialista. Ha dejado claro que la democracia no es lo que busca, sino el petróleo. Lo dijo en su conferencia de prensa. Hay una genialidad perversa en esto: en la superficie es un golpe maestro que le ha salido bien, pero hay que ver cómo resulta. Trump, aunque no tenga ideología, en su práctica es un líder de ultraderecha; representa valores de ultraderecha. Y ha logrado que la revolución más de izquierda en América Latina, aparte de Cuba, trabaje para él.

Y ha dicho que las relaciones con Delcy Rodríguez van muy bien...

A la vez que la tira al agua, le tira un salvavidas. Y ella tendrá que usar toda su maña para ver si ese salvavidas es de plomo y la va a hundir o es una balsa que la mantendrá a flote.

¿Ve una salida democrática pronto?

No le pongo hora o fecha. Eventualmente habrá una transición, pero nadie está apurado. Trump enfatiza la necesidad de que las petroleras vayan a invertir: a los tres días ya los tenía reunidos en la Casa Blanca. Pero no hay una estampida para invertir 100 mil millones. Alguno entrará “a lo cowboy”, supongo. Ellos mismos han dicho que la situación tiene que ser estable. Para Trump, “estable” es la situación que hay. Para otros, la estabilidad proviene de una transición. Si hay una transición en un año y medio, María Corina Machado, Leopoldo López y otros, ¿van a tener el beneplácito del régimen para participar? ¿O tratarán de acelerar y hacerlo en seis meses? No sé. Todo está sobre el filo de una navaja.

Jon Lee Anderson agrega:

—No sabemos cómo procederá el régimen con las nuevas alianzas. Por ejemplo Petro y Delcy empiezan a hablar de operaciones conjuntas contra el ELN, la guerrilla colombiana que ocupa territorio a ambos lados, por insistencia de Trump. Hasta el otro día el gobierno venezolano era aliado del ELN. Y hay partes del régimen que están en sintonía con ellos: se habla de Diosdado Cabello, jefe de inteligencia y los paramilitares. ¿Qué va a pasar con él? Hay que mirar con atención.

Cuba ahora quedará más asfixiada en términos energéticos: hay apagones diarios en toda la isla, y va a ser peor.

Donald Trump amenazó Petro tras la captura de Maduro, pero después tuvo una conversación larga con él y lo cubrió de elogios.

Estamos en ese trance ahora. Ya hay una fecha para la conversación en persona de Petro y Trump: el 3 de febrero. Pero ya se nota un cambio, por eso mencioné lo de los “elenos”. El lenguaje de Petro hacia esa guerrilla, con quienes él buscaba la paz a través del diálogo, ahora es de combate. Y a partir de la conversación con Trump, es obvio que va a tener que endurecer la postura. Ya su ministro de Defensa habló de querer combatirlo conjuntamente con Venezuela. O sea, a partir de la captura de Maduro y las conversaciones con Trump, los elenos van a ser la oveja sacrificada. Y otros países cercanos están amenazados también, como Cuba, por ejemplo.

¿Se podría esperar una intervención en Cuba?

Para comenzar, un bloqueo naval. Desde ya no van a llegar barcos con petróleo venezolano a Cuba, que han sido insuficientes pero surten a la isla. Cuba está ya bastante necesitada, hace rato que el subsidio viene de Venezuela; ahora quedará más asfixiada en términos energéticos: hay apagones diarios en toda la isla, y va a ser peor. Todavía hay suministros de México, y es de suponer que eventualmente Trump va a presionar a la presidenta Claudia Sheinbaum, también vinculado a si los americanos pueden ir a pelear con los carteles en México, que es otra cosa que va a venir. Así que creo que van a ir asfixiando la isla. También podría impedir la mayoría de las remesas, si no todas, con las cuales muchos cubanos sobreviven.

¿El propósito es que colapse y caiga el régimen?

Sí: que caiga o que busque diálogo, que deje de ostentar ser revolucionario e independiente, y anuncie un Estado multipartidista.

Para Trump sería un triunfo.

Tiene varios cubanos en su entorno que lo quieren de manera existencial. Tienen tres años para hacerlo: no es poca cosa. Creo que veremos una escalada hacia Cuba. Intervención militar no creo todavía: una cosa es la “fuerza de barraca” de Venezuela y otra el ejército cubano curtido, y bien financiado, por lo que se entiende. Mucho dinero captado por las paraestatales —turismo, construcción, comisiones de remesas— va a las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Ese contingente, aunque ya no acomodado como antes, puede estar mejor suministrado que la población.

De por sí Trump está tratando de establecer un monopolio en el hemisferio occidental: lo deja claro su doctrina de seguridad nacional. Y, por otro lado, está desbaratando todos los aspectos de cooperación multilateral norteamericana con el resto del mundo.

¿Reconoce un cambio significativo en la política exterior norteamericana tras Venezuela y las amenazas en la región?

Sí, porque él demuestra que está dispuesto a hacer las cosas “a las malas”. El éxito en Venezuela escaló su agresión con la Unión Europea y la OTAN, con su insistencia en adquirir Groenlandia. Este es un Trump desatado, si bien sabíamos su acomodo con Putin y su maltrato a Zelensky, que es lo contrario a lo que alguien en el Occidente democrático debería hacer, y sus malas palabras contra la OTAN y la UE; y sus secuaces y aliados como Musk. De por sí Trump está tratando de establecer un monopolio en el hemisferio occidental: lo deja claro su doctrina de seguridad nacional. Y, por otro lado, está desbaratando todos los aspectos de cooperación multilateral norteamericana con el resto del mundo. Dos días después de la invasión a Venezuela, publicaron una lista de organizaciones —muchas de la ONU— en que Estados Unidos cortaría cooperación. Muchas tenían que ver con medioambiente, cambio climático, política de género, ayuda a pobres, alimentos. O sea, este es un país que solo velará por sí mismo. Trump está rompiendo la alianza occidental democrática. Hay que entender la captura de Maduro y la nueva relación con Venezuela como parte de esta postura, los que creen en derechos humanos son “giles”. Trump es así.

¿Qué rol juega hoy la ONU?

Dime tú si le encuentras relevancia práctica hoy. ¿Dónde mantiene la paz? ¿Sudán? ¿Ucrania? ¿Birmania? ¿El Congo? Yo acabo de estar en el Congo: no han podido hacer nada desde hace 30 años… La ONU, creada después del apocalipsis de la Segunda Guerra, era una institución admirable: es de las mejores cosas que ha hecho la humanidad. Pero por la conformación del Consejo de Seguridad, en manos de los vencedores, impidiendo que otros poderes entran a participar en las decisiones con el poder de veto, en términos prácticos logra muy poco.

Finalmente, ¿el propósito de la ONU fracasó?

Sí: la ONU es una organización neutralizada. Todavía es una organización que existe y requiere una reorganización radical para reconstituirse como una fuerza moral y funcional en el mundo. Para lograr eso necesitamos un nuevo Consejo de Seguridad. El presidente Lula lo ha reclamado por años; en ese sentido ha sido visionario. Estamos viendo la implosión de las instituciones que podrían ayudarnos a sobreponernos a los nacionalismos y mezquindades que han impulsado nuevas guerras, carrera armamentista. En los últimos años, gracias a Putin y Trump, las desbaratan. Casi no hay tratados de límite de armas, las guerras se hacen porque se les ocurre, burlando instancias internacionales, incluida la ONU. Y ni hablar de lo que hacen con los esfuerzos de muchos expertos para impedir el desastre climático. Es trágico. Todavía se podría arreglar, pero con estos personajes dominando el escenario no lo vamos a lograr: no vamos a reformar ni dar músculo nuevo a la ONU.

En este sentido al menos, la formación del Consejo de Paz, presidido por Donald Trump, parece darle la razón a Jon Lee Anderson.

Aprendizajes de forastero

De Gabriel García Márquez a Muamar Gadafi, de Augusto Pinochet a Gabriel Boric, el segundo tomo de los reportajes escogidos de Jon Lee Anderson reúne algunos de sus mejores perfiles. En ellos despliega investigación acuciosa, observaciones precisas y perspectiva histórica. Elegantemente escritos, los textos revelan también una capacidad poco frecuente para acercarse a los personajes. Astucia o perspicacia, acaso, él prefiere hablar de intuición y de una diplomacia que aprendió junto a sus padres, un exfuncionario del servicio exterior norteamericano y una escritora.

—Mis padres no solo nos ponían en escuelas internacionales, a veces también en escuelas locales. Durante un tiempo estuve en una escuela china, por ejemplo. O sea: me tiraron al agua. Yo estaba muy consciente desde muy joven de que era un forastero. En cada país, mis padres nos inculcaron admiración por la cultura autóctona.

Recuerda haber acompañado a su padre a cenas de alto nivel en China. “Come todo lo que está en tu plato”, le decía. “Los chinos se fijaban mucho en mí y yo tenía que aprender modales para relacionarme con ellos”, dice. Asimismo, agrega, mantenía los pies en la tierra:

—Éramos norteamericanos privilegiados, pero mis padres siempre invitaban al mundo local a la casa. Eso nos hizo una familia distinta de la media. Además, éramos multiculturales y multirraciales en una época en que eso no se daba. Tengo una hermana china y una hermana costarricense. Y la razón por la cual yo sentía tanto rechazo de Estados Unidos fue que me encontré con el racismo por primera vez a consecuencia de mis hermanas.

Todo eso fue un aprendizaje para el periodismo:

—Aprendes cómo estar en terreno, cómo hablar con gente de otro credo, no llevar tu bagaje cultural propio. A veces me preguntan jóvenes norteamericanos o ingleses cuál es la primera lección que un periodista joven debe aprender cuando sale al mundo. Y yo digo: deja tu bagaje cultural atrás. Hay que mirar el lenguaje corporal de la gente a tu alrededor, fijarte cómo te miran, tratar de entender cómo te están contextualizando, entender cómo tu apariencia y el historial de tu país puede estar afectando a esa gente. Todo eso ayuda a insertarte en el panorama local. Es un esfuerzo mío de entender lo que yo mismo hago.

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