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La incómoda broma de Trump a primera ministra de Japón sobre Pearl Harbor

El presidente de EE.UU. sorprendió a SanaeTakaichi al utilizar el episodio más traumático de la relación entre ambos países para justificar su ataque a Irán.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúne con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, el 19 de marzo de 2026.

Hace poco más de 83 años, el presidente estadounidense Franklin Roosevelt calificó el ataque de la Armada Imperial Japonesa a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 como “una fecha que vivirá en la infamia” al tiempo que instaba al Congreso a declarar la guerra.

Este jueves, el presidente Donald Trump lo convirtió en un chiste.

Según consigna The Independent, Trump estaba finalizando una sesión de preguntas y respuestas con los periodistas durante una reunión bilateral con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, cuando un periodista japonés le preguntó por qué no había informado a aliados clave de Estados Unidos, como Japón, antes del inicio de la campaña aérea conjunta entre Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero.

El inquilino de la Casa Blanca respondió inicialmente que Estados Unidos “actuó con mucha contundencia” y “no se lo contó a nadie porque queríamos que fuera una sorpresa”.

Pero su respuesta dio un giro incómodo momentos después cuando dijo: “¿Quién sabe más de sorpresas que Japón?”.

Tras unas risas contenidas de los funcionarios estadounidenses que lo acompañaban en la reunión en el Despacho Oval, Trump se dirigió a la primera ministra japonesa, que nació dos décadas después del ataque, para hacerle otra pregunta.

“¿Por qué no me contaste lo de Pearl Harbor, ¿vale?”

La habitación quedó en silencio, asegura el diario británico.

Poco después, el mandatario republicano retomó el tema sobre el que le habían preguntado y les dijo a los periodistas: “Me está preguntando sobre la sorpresa, y la hubo”. “Y gracias a esa sorpresa, eliminamos... probablemente eliminamos el 50 por ciento... y mucho más de lo que habíamos previsto. Así que si voy y se lo cuento a todo el mundo, ya no será ninguna sorpresa”, dijo Trump.

La reacción de Takaichi fue inmediata, pero se mantuvo en silencio. La dirigente japonesa abrió mucho los ojos y se movió en su silla mientras escuchaba, a través de un intérprete, la alusión de Trump a uno de los episodios más traumáticos de la historia entre ambos países.

La reunión, que tenía como objetivo principal reforzar la cooperación bilateral entre Washington y Tokio, abordó cuestiones clave como la seguridad en la región del Indo-Pacífico, el comercio y la estabilidad internacional. Sin embargo, las declaraciones del mandatario estadounidense centraron la atención y marcaron el tono del encuentro.

Por su parte, la primera ministra japonesa optó por mantener una postura prudente, evitando entrar en valoraciones directas sobre la comparación histórica, mientras reiteraba la importancia del diálogo, la cooperación internacional y el respeto al orden global, consignó The Associated Press.

Una referencia delicada

El sorpresivo ataque aéreo de Japón contra la Flota del Pacífico de Estados Unidos en la base naval de Pearl Harbor, en Hawái el 7 de diciembre de 1941, dejó más de 2.400 militares estadounidenses muertos y cerca de 1.200 heridos a causa de las bombas y proyectiles que hundieron cuatro acorazados estadounidenses y dañaron gravemente a otros cuatro. Fue el ataque más mortífero en suelo estadounidense hasta los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

El ataque a Pearl Harbor le dio a Roosevelt la influencia necesaria para presionar a favor de la entrada formal de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, con la Cámara de Representantes y el Senado aprobando las declaraciones de guerra contra Japón por márgenes de 388-1 y 82-0, respectivamente.

El sorpresivo ataque aéreo de Japón contra la base naval de Pearl Harbor, en Hawái el 7 de diciembre de 1941, dejó más de 2.400 militares estadounidenses muertos.

Menos de cuatro años después, Japón aceptaría la exigencia estadounidense de “rendición incondicional” tras el lanzamiento por parte de Estados Unidos de las dos primeras -y hasta ahora únicas dos- armas nucleares utilizadas en combate, en ataques separados contra Hiroshima y Nagasaki.

Según The Independent, el gobierno japonés nunca se ha disculpado formalmente por el infame ataque sorpresa, aunque uno de los predecesores de Takaichi, el difunto Shinzo Abe, pronunció un discurso expresando “sinceras y eternas condolencias” al personal estadounidense y japonés que murió en los combates de ese día durante una visita en 2016 al monumento conmemorativo de Pearl Harbor, situado sobre los restos del USS Arizona.

Abe, asesinado en julio de 2022, dijo en aquel momento que Estados Unidos y Japón “nunca deben repetir los horrores de la guerra”.

Otras “bromas”

El comentario de este jueves recuerda a otros episodios similares de Trump con líderes europeos.

El pasado enero el presidente estadounidense dijo en el Foro Económico de Davos que sin la ayuda de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial la gente de esa comuna germanófona de Suiza (país que además fue neutral en el conflicto) y el resto de Europa estarían “hablando alemán”.

Durante una comparecencia conjunta con el canciller alemán, Friedrich Merz, el año pasado, Trump también dijo que los desembarcos aliados del Día D en Normandía no supusieron “un día agradable” para los germanos.

Merz se apresuró a aclarar que los alemanes celebran el éxito de esa operación, que resultó clave para la derrota del nazismo y para poner fin al conflicto en Europa.

Otro presidente republicano, Ronald Reagan, también protagonizó un chascarro que casi derivó en una acción militar. El 11 de agosto de 1984 el mandatario tenía un importante anuncio que hacer: la firma de una ley que permitía a los estudiantes de asociaciones religiosas, reunirse en los institutos de secundaria durante los recreos o después de las clases.

El presidente estadounidense Ronald Reagan durante una visita a la Unión Soviética en 1988.

Antes de grabarlo, con los micrófonos encendidos y las grabadoras en marcha, los técnicos pidieron a Reagan una prueba de sonido. Y el presidente dijo: “Compatriotas, me complace anunciarles que hoy firmé la ley que proscribirá a Rusia para siempre. Comenzaremos el bombardeo en cinco minutos”.

Su broma provocó las risas de asesores, periodistas y técnicos presentes en la sala. Todo debería haber quedado ahí, como una anécdota. De hecho el republicano solía hacer bromas en pruebas de sonido, tomas falsas y pausas.

Sin embargo, su comentario fue filtrado a los medios, de forma que una inofensiva broma se tornó en un enorme problema diplomático.

Diversas fuentes informaron que cuando la noticia llegó al Kremlin, las fuerzas militares soviéticas del Ejército Rojo desplegadas en la base de Vladivostok fueron puestas en estado de máxima alerta. Pero si bien el Pentágono estuvo al tanto de la medida tomada por los soviéticos, los norteamericanos no elevaron su nivel de alerta (el famoso DEFCON).

Los funcionarios estadounidenses se apresuraron a asegurar al Kremlin que el comentario informal de Reagan no reflejaba las políticas de la Casa Blanca ni las intenciones militares de Estados Unidos. La alerta rusa fue desactivada media hora más tarde.

En la URSS, la aparente fría calma con la que se tomó la broma contrastó con la información revelada por un cable decodificado por los servicios secretos de Estados Unidos: los soviéticos se habían planteado la posibilidad de atacar a fuerzas norteamericanas estacionadas en Europa.

La agencia oficial Tass publicó una declaración oficial que lamentaba las palabras de Reagan, “de una hostilidad sin precedentes hacia la URSS y peligrosa para la causa de la paz. Esta conducta –agregaba el texto oficial– es incompatible con la gran responsabilidad que pesa sobre los dirigentes de los Estados, en especial los de las potencias nucleares, por los destinos de sus propios pueblos y de la humanidad”.

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