Carmen Le Foulon, investigadora CEP: “La gran mayoría de la población mapuche no justifica en ningún caso la violencia”

Carmen Le Foulon, coordinadora del Área de Opinión Pública del CEP.

La coordinadora del Área de Opinión Pública del Centro de Estudios Públicos (CEP) analiza los resultados de la encuesta que realizaron acerca de la realidad y percepción del pueblo mapuche respecto de la situación de la Macrozona Sur, la que reveló -entre otras cosas- que existe un rechazo mayoritario a los actos de violencia.


El miércoles 3 de agosto, el Centro de Estudios Públicos (CEP) entregó su última encuesta respecto del pueblo mapuche, enfocada en aquellas personas que viven en las regiones del Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos.

La coordinadora del Área de Opinión Pública del CEP, Carmen Le Foulon, explica que uno de los principales fines de esta encuesta era que “se hablara desde los territorios, porque justamente cuando uno lo hace desde Santiago como que se pierde un poco”.

El estudio reveló que el 70% de quienes se consideran mapuches está en contra de la idea de que se establezca un “estado mapuche independiente”. Respecto de la identidad, un 59% de quienes se sienten parte de ese pueblo originario no justifica el uso de la fuerza para reclamar tierras.

La mayoría de las personas mapuches se considera chilenos, ¿cómo se puede evaluar aquello?

Es una buena noticia que haya una doble pertenencia, que se reconozcan como chilenos, pero también como mapuches, porque habla de una sensación de inclusión, de participación en Chile, y esa es la gran mayoría. Yo creo que eso es positivo y es una muestra de unas relaciones menos conflictivas.

La encuesta revela que la gran mayoría de los mapuches no habla la lengua originaria, ¿hay una pérdida de cultura?

El lenguaje es una demanda y un anhelo muy profundo en la población mapuche, porque es esencial para la transmisión de la cultura y de las cosmovisiones. Esto hay que entenderlo también desde una perspectiva histórica, tenemos la civilización forzosa, muchos padres no les enseñaron a sus hijos la lengua porque pensaban que podían ser discriminados. Un porcentaje importante aprendió con los abuelos y ahí surge también el componente de la transmisión intergeneracional y el rol de los abuelos que hablan el lenguaje. Si uno lo piensa en término de política pública, probablemente es más sencillo de implementar. Eso también yo creo que es un elemento central en este avance hacia mejorar las relaciones interculturales.

¿Y hay diferencias entre las generaciones respecto de la identidad?

La predominancia de la identificación mapuche es similar, pero en una es sólo mapuche y en la otra es ambos. Primero mapuche, pero también me siento chileno, eso te habla que generaciones más jóvenes, a su vez, también se sienten más partícipes o tienen más esa doble identidad. De los 18 a 29, un 8% se siente sólo mapuche, versus un 23% de los 60 o más.

¿Cuánto puede incidir el tema generacional en la relación con el Estado?

Lo que es interesante acá es que, por ejemplo, cuando les preguntamos sobre la principal forma de reparar o compensar al pueblo mapuche, entre los jóvenes la que alcanza casi un tercio de las menciones es justamente reconociendo constitucionalmente al pueblo mapuche. Si uno la compara por grupos etarios, para los jóvenes es un 31% y baja a un 20% entre 30 y 59 y es cerca de un 10% para los mayores de 60.

¿Y la restitución de tierras?

Al revés, vemos que la restitución de tierras sigue siendo algo importante, un 24% de los jóvenes lo menciona como la forma de compensar al pueblo mapuche, pero un 37% en los mayores de 60. O sea, hay prioridades relativas diferentes y ahí justamente eso pasa por la relación con el Estado y con el reconocimiento que va más allá de lo nominal, sino también de la valoración que está asociada a la cultura.

¿Qué tan complejo se vuelve para el Estado chileno resolver un tema así teniendo estas diferencias generacionales? ¿Cómo se aborda?

Creo que cualquier problema o situación compleja requiere ser abordada en su integralidad y eso también lo vemos con otras preguntas, como las medidas para lograr la paz, donde son muy importante los diálogos, los parlamentos, pero también para la población mapuche como no mapuche es la mayor presencia de FF.AA. y Carabineros. Entonces lo central y quizás la posibilidad de mejorar las relaciones pasa por no pensar en una sola estrategia, sino que esto debe ser algo integral.

Aparte del reconocimiento y tierras, ¿qué más es prioridad para el pueblo mapuche?

Hay un problema grave de provisión de servicios básicos, vemos que cerca de un 40% de la población mapuche en zonas rurales no tiene agua corriente. Ahí hay una interseccionalidad importante, con pobreza, con ruralidad, que es imprescindible también de enfrentar, porque cuando se les pregunta cómo compensar o reparar al pueblo mapuche sale la restitución de tierras, reconocimiento constitucional, y después cuando se les pregunta si el Estado tiene recursos limitados, cómo debiera priorizarlos, la gran mayoría prioriza con capacitación, educación y políticas sociales.

¿Por qué cree que ocurre eso?

Porque hay una demanda de estatalidad, de que el Estado provea los servicios básicos, y esto también se ve para la población mapuche como para la población no mapuche.

Respecto del uso de la fuerza, hay una diferencia respecto del 2006, el 2016 baja, pero ahora vuelve a subir.

La gran mayoría de la población mapuche y no mapuche no justifica en ningún caso la violencia y acá quizás precisar que es la fuerza para reclamar tierras, y es una pregunta bastante acotada. Ahí hay una amplia comprensión de qué es lo que implica la fuerza y cuánta violencia.

¿Y eso también cambia según las generaciones?

Hay diferencias, pero son bastante menores y en general es un rechazo transversal al uso de la violencia para atacar a trabajadores, usar armas, eso es transversal al grupo etario. Pero es similar a lo que encontramos en la encuesta nacional, por ejemplo, en diciembre de 2019, cuando analizamos las protestas por el estallido, la justificación de las barricadas como forma de protesta era más alta entre los jóvenes y acá vemos lo mismo.

¿Cómo se vincula el Estado con esos grupos más jóvenes?

En general, vemos que tienen una actitud de protesta activa, pero a su vez vemos que es un grupo generacional que espera una compensación justamente a través del Estado, que es el reconocimiento constitucional. De nuevo es complejo y, por lo mismo, se tendría que abordar de una manera integral. Pero hay mucha demanda y esto es transversal del dialogo. Y si uno se fija por edad, quienes mencionan la forma de alcanzar la paz hay una mayor proporción de jóvenes que menciona los diálogos.

Habla de reconocimiento constitucional, la Convención propuso eso, pero también escaños reservados y varias materias indígenas. ¿Ayudaría eso a resolver este conflicto?

Es importante distinguir qué entendemos por conflicto, yo creo que acá es importante mencionar que no hay una percepción de conflicto muy fuerte entre el mapuche y no mapuche, hay una percepción de conflicto entre el Estado, también con las forestales, con Carabineros y con otros grupos.

En cuanto a la percepción del resto de Chile respecto del pueblo mapuche, ¿cuánto varía? En la encuesta, por ejemplo, dicen que tienen una buena relación con la policía, sin embargo, desde otras perspectivas se cree que esa es una relación complicada.

Creo que los de Santiago estamos bastante perdidos en las demandas de los territorios que están fuera de la capital y eso se observa cuando uno ve los principales problemas de la zona, no se abordan, y yo me imagino que es parte del problema de por qué no se resuelven, porque muchas de las decisiones se toman en Santiago y hay problemas fundamentales que no se abordan.

¿Cuál sería el tema más inmediato a abordar?

Diría que es no aplicar la misma solución a todos, reconociendo que acá hay diferencias, demandas de territorio, demanda global, para la población mapuche y no mapuche, de reconocimiento de la lengua, la historia, la cultura y también hay demandas muy importantes de acceso y pobreza.

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